William Cohen | guerra de kosovo (1999)

Guerra de Kosovo (1999)

Pero la principal crisis internacional a la que tuvo que hacer frente William Cohen en su etapa de cuatro años al frente del Pentágono fue la Guerra de Kosovo. Bill Clinton no había tenido ni tiempo ni ganas de participar en una guerra en la frontera entre Serbia y Albania en la que las fuerzas serbias masacraban a la población civil albano-kosovar. Pero el giro definitivo de la política americana en el conflicto de Kosovo se consumaba el 19 de enero de 1999.

El presidente dejó solos a sus expertos en la Sala de Situaciones de la Casa Blanca. Sobre la mesa, las fotos de los campesinos kosovares acribillados. "No podemos cruzarnos de brazos ante esta masacre; ha llegado el momento de actuar", dijo la secretaria de Estado Madeleine Albright. William Cohen asumió un papel pasivo de callar y otorgar. El consejero de Seguridad Nacional Sandy Berger representaba el papel vacilante. Su indecisión irritaba a Madeleine Albright que insistía, "debemos prepararnos para lanzar los ataques aéreos". El Pentágono y la CIA apoyaron la determinación del Departamento de Estado y se decidió que había que intervenir.

El primer ministro británico dio el visto bueno, y en apenas 10 días se construyó el fortín ofensivo de la OTAN. En la minicumbre de la OTAN en Vilamoura, Portugal, William Cohen reta a sus colegas europeos a asumir su parte de responsabilidad en las masacres de civiles en Kosovo: «Si la OTAN no puede conjurar una amenaza como la de Milosevic en estas circunstancias, ¿qué sentido tiene, pues, la Alianza?». Pero los aliados europeos pidieron una "última oportunidad para la paz", y en la conferencia de Rambouillet se consumó la inevitable guerra: tal como planeó la Administración Clinton, los serbios llegaron sin la mínima voluntad de negociar, el Ejército de Liberación de Kosovo tampoco hizo concesiones, y los americanos pudieron preparar la intervención.

El 24 de marzo comenzó la intervención aérea dirigida por la OTAN. Al cabo de cuatro semanas de bombardeos sin resultado aparente, quedó en evidencia el error de cálculo del presidente Clinton. Él y sus asesores habían tardado demasiado en poner atención a la crisis de Kosovo. No habían sido capaces de inetrvenir personalmente como habían hecho en otros conflictos como el israelí-palestino. Ni tuvieron la capacidad de influir en las actuaciones de Milosevic a través de Borís Yeltsin.

Más tarde se supo que el 7 de agosto de 1998 había llegado a Washington un detalladísmo plan, elaborado por Alexander Vershbow, ex representante de Estados Unidos en la OTAN, con el título "Kosovo: momento para una estrategia final".

Vershbow proponía una ofensiva diplomática a dos bandas entre Moscú y Washington con el objetivo de forzar a Milosevic a aceptar un acuerdo pactado de antemano por las dos superpotencias. El plan pasaría necesariamente por el Consejo de Seguridad de la ONU y obligaría a desplegar -pacíficamente- unos 30.000 soldados de la OTAN para velar por su cumplimiento. Pero la estrategia de Vershbow cae en saco roto. Clinton atravesaba los momentos más difíciles de su presidencia en pleno escándalo Lewinsky, lo que le impidió prestar atención y posicionarse a tiempo en el conflicto de Kosovo.

A pesar de las críticas y la falta de organización y previsión en las actuaciones de la comunidad internacional, la tardía intervención de la OTAN forzó finalmente la firma del acuerdo Kumanovo, que aseguró la retirada de militares y la ocupación de la provincia de Kosovo por una fuerza conducida por la OTAN (KFOR) incluyendo también tropas rusas.

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