Walter Scott | valoración

Valoración

Scott era un noble empobrecido que mitificó sus orígenes sociales como una especie de don Quijote. Su novela histórica nace además como expresión artística del nacionalismo propio de los románticos y de su nostalgia ante los cambios brutales en las costumbres y los valores que impone la transformación burguesa del mundo. El pasado se configura así para él como una especie de refugio o evasión, también de lugar para desarrollar la imaginación.

Fue alabado de inmediato por los más grandes, como Goethe y Manzoni. Influyó en muchos de los escritores del siglo XIX y no sólo por los novelistas históricos (así lo reconocía Balzac). Más tarde, alguien tan elogiado hoy como Robert Louis Stevenson fue un gran admirador y seguidor de ese otro novelista escocés.[5]

Scott fue el responsable de dos de las principales tendencias que se han prolongado hasta hoy. Primero, básicamente él inventó la novela histórica moderna; y un enorme número de imitadores (e imitadores de imitadores) aparecieron en el siglo XIX. En segundo lugar, sus novelas escocesas continuaron la labor del ciclo de Ossian, de James Macpherson, para rehabilitar ante la opinión pública la cultura de las Tierras Altas Escocesas, después de permanecer en las sombras durante años, debido a la desconfianza sureña hacia los bandidos de las colinas y las rebeliones jacobitas. Como entusiasta presidente de la Celtic Society of Edinburgh contribuyó a la reinvención de la cultura escocesa. Debe señalarse, sin embargo, que Scott era un escocés de las Tierras Bajas, y que sus recreaciones de las Tierras Altas eran un poco extravagantes. Su organización de la visita del rey Jorge IV a Escocia en 1822 fue un acontecimiento crucial, llevando a los sastres escoceses a inventar muchos tartanes de los diversos clanes.

Pero, tras ser uno de los novelistas más populares del siglo XIX, Scott tuvo un fuerte declive en su popularidad después de la Primera Guerra Mundial. Edward Morgan Forster marcó el camino crítico en su clásico Aspects of the Novel (1927), donde fue atacado como un escritor trivial, que escribía novelas pesadas y carentes de pasión (aunque reconocía que "sabía contar una historia; poseía esa facultad primitiva de mantener al lector en suspense y jugar con su curiosidad").[6]

Scott también sufrió al crecer el aprecio por escritores del Realismo, como sucedió con Jane Austen. En el siglo XIX se la consideraba una entretenida «novelista para mujeres»; pero en el siglo XX se revalorizó su obra, comenzando a ser considerada como quizá la mejor escritora inglesa de las primeras décadas del siglo XIX. Al alzarse la estrella de Jane Austen, declinó la de Scott, aunque, paradójicamente, había sido uno de los pocos escritores masculinos de su tiempo que reconocieron su genio. Pero Virginia Woolf, defensora de Jane Austen, decía que "los verdaderos románticos pueden trasportarnos de la tierra a los cielos, y Scott, gran maestro de la novela romántica, utiliza plenamente esa libertad", pese a sus convenciones o su pereza.[7]

Ciertos defectos de Scott (historicismo, prolijidad) no encajaban con la sensibilidad modernista, que no supo apreciar su ironía y sus jugosas descripciones. No obstante, Georg Lukács, en su excelente La novela histórica (1955), escribió páginas muy matizadas sobre el talento épico de Walter Scott y su superación del romanticismo al elevar las tradiciones con ciertos héroes demoníacos.[8]

Ahora bien, tras haber sido ignorado durante décadas por los especialistas (pero leído en centenares de ediciones hasta hoy), empezó un rebrote de interés por su trabajo en las décadas de 1970 y 1980. Curiosamente, el gusto postmoderno (que favorece las narrativas discontinuas, y la introducción de la primera persona en obras de ficción) eran más favorables para la obra de Scott que los gustos modernistas. A pesar de sus artificios, Scott es considerado ahora como un innovador importante, y una figura clave en el desarrollo de la literatura escocesa y mundial, dada la fuerza de su escritura. El rebrote de la novela histórica, hoy, ha hecho regresar a los grandes maestros.

Es una medida de la influencia de Scott que la estación central de Edimburgo, abierta en 1854 para el ferrocarril británico del Norte, se llame «estación Waverley». Scott fue también responsable, a través de una serie de cartas seudónimas publicadas en el Edinburgh Weekly News en 1826, de que los bancos escoceses conservaran su derecho a emitir billetes de banco propios, lo que se conmemora hoy en día al aparecer el escritor en todos los billetes emitidos por el Banco de Escocia.

Muchas de sus obras fueron ilustradas por su amigo William Allan.

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