Tratado de Madrid (1750) | contenido

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Dado que en 1750 España tenía establecimientos en territorio portugués y viceversa, el tratado estipulaba, en base al uti possidetis ita possideatis el establecimiento de límites claros para los dominios de España y Portugal, forzando la cesión de cada una de las partes de los territorios, colonias, misiones o establecimientos situados en la parte contraria. De acuerdo con el tratado Portugal entregaba a España la Colonia del Sacramento (art. XIII) y recibía a cambio los territorios del Sur, el nacimiento del río Ibicuí, las misiones, el margen derecho del río Guaporé y cedía el territorio occidental del río Japurá al Amazonas y la navegación del río Içá (art. XIV). Además se establecía que, en caso de guerra entre Portugal y España en Europa, sus vasallos de América del Sur permanecerían en paz (art. XXI).

Este Tratado fue también firmado, el 5 de octubre de 1750, por el embajador del Reino de Gran Bretaña y el secretario de Estado José de Carvajal y Lancaster. En el mismo, se cancelaba el Asiento de negros y el navío de permiso establecidos en el Tratado de Utrecht, al terminar la Guerra de Sucesión Española. Como compensación la Corona española se comprometía a pagar a la South Sea Company la cantidad de 100.000 libras en varios plazos. El resultado de todo ello es que se terminaba el derecho del comercio británico en la América Española, aunque la trata de esclavos por comerciantes británicos continuó de forma ilegal desde la isla de Jamaica y desde Belice que los ingleses se negaron a abandonar.[1]

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