Silva (estrofa) | historia

Historia

En la literatura latina creó esta estrofa el poeta Publio Papinio Estacio con sus Silvas. En la literatura española las introdujo en el primer decenio del siglo XVII Francisco de Quevedo (31 en total), pero estos poemas fueron divulgadas mucho tiempo después que los de Francisco de Rioja y Luis de Góngora, por lo que fueron estos quienes se llevaron la gloria de popularizarla en la métrica española. Rioja las utilizó más cortas para describir la belleza efímera de las flores y Góngora, por el contrario, las empleó en sus extensas y fastuosas Soledades (1613).

A partir de entonces el culteranismo la asumió como su estrofa más característica y la usaron por ejemplo Pedro Soto de Rojas (Paraíso cerrado para muchos, jardines abiertos para pocos con los fragmentos de Adonis, 1652) o sor Juana Inés de la Cruz (Primero sueño, 1692), entre muchos otros.

Con el siglo XIX y las revoluciones métricas del Romanticismo y del Modernismo la silva se enriquece con formas nuevas. Gustavo Adolfo Bécquer crea la silva arromanzada (heptasílabos y endecasílabos con rima asonante en los versos pares) y los modernistas siguen su ejemplo creando a su vez la silva modernista (que combina versos de 7, 9, 11 y 14 sílabas), poniéndole a veces rima asonante en los versos pares como si fuera arromanzada.

Ya en el siglo XX, el poeta de la Generación del 27 Pedro Salinas cultiva una silva en verso blanco o sin rima de versos de 7 y once sílabas.

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