Seabiscuit | el libro

El libro

En 1996, mientras trabajaba en otro tema, Laura Hillenbrand encontró información sobre el dueño y entrenador de un caballo de carreras de la época de la Depresión llamado Seabiscuit. Laura, que monta desde los cinco años, ha llevado su amor por los caballos y su historia al extremo de dedicarse a escribir en revistas como Equus; también ha escrito crónicas sobre las carreras. A menudo se encontraba con alusiones a Seabiscuit y su extraña carrera pero no sabía nada de la gente que le rodeó: su dueño, su entrenador y el jockey. El descubrimiento que hizo aquel día de 1996 le llevó a convertirse en un fenómeno editorial sin precedentes. Cuatro años después, Hillenbrand otorgó el libro para su publicación. Sus expectativas eran modestas. No estaba preparada para la llamada que recibió cinco días después de su editor, informándole de que el libro había entrado directamente en el número 8 de la lista de best-sellers. Dos semanas después, “Seabiscuit, Más allá de la Leyenda”, ocupaba el primer lugar. La respuesta de la crítica fue igualmente abrumadora: más de veinte publicaciones lo eligieron entre los libros del año, entre ellas The New York Times, The Washington Post, Time, People y USA Today. La edición de tapa dura estuvo en la lista de best-sellers del New York Times durante 30 semanas, y la edición paperback sigue en la lista desde el 14 de abril de 2002. El director Gary Ross es también un fan de las carreras de caballos. Le preguntó a sus padres si podía celebrar su bar mitzvah en un hipódromo. Ross y su mujer, Allison Thomas, leyeron un día un artículo sobre tres hombres y un caballo de carreras en una publicación poco conocida llamada American Herita nada más y nada menos escrita por Laura Hillenbrand. Cuando comenzó la carrera para hacerse con los derechos del libro, Ross decidió llamar a Laura. Estuvieron dos horas al teléfono: “Hablamos de carreras de caballos. Yo le hablé en concreto de Secretariat´s Belmont, que para mí sigue ostentando la hazaña atlética más impresionante de la historia”. Hillenbrand apreció el entusiasmo de Ross por los caballos y comprendió que el cineasta sentía interés en la historia por las mismas razones que ella, y no sólo por el atractivo de resucitar la figura de un caballo sin futuro alguno que se convirtió en el vencedor más popular de sus tiempos.

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