Santa Tecla (El Salvador) | historia

Historia

Referencias tempranas

En su viaje a través de la provincia salvadoreña en el año 1770, Pedro Cortés y Larraz se refería a la hacienda de Santa Tecla como «una de las principales de la parroquia de San Jacinto», curato que tenía caminos «muy escabrosos», los cuales, según sus palabras: «solamente no son malos los que hay para el pueblo de Cuzcatlán y hacienda de Santa Tecla, pero para lo restante de la administración son de mucha aspereza y montaña». Para el año 1786, dicha heredad ingresó al área del Partido de San Salvador.

En el año 1807, el intendente Antonio Gutiérrez y Ulloa también dejó sus impresiones del sitio:

«Hacienda en el camino de atajo para Sonsonate, al S. O. de San Salvador a tres leguas, de 35 caballerías de tierra de extensión, propia de D. Juan Palmas; goza del mejor temperamento y fresco apacible; en esta hacienda se coge el maíz mejor de toda la Provincia; se conserva bien, su especial cuidado todo el año además de la fertilidad del terreno, que es general, da 3 cosechas y en la principal 300 fanegas por una. Es muy a propósito para repastaje de Ganado».[11]

Fundación

Ya en la época republicana de El Salvador, ocurrió un devastador terremoto que asoló la ciudad capital de San Salvador. El día 16 de abril del año 1854 a las 23 horas y cinco minutos, sobrevino un violento macrosismo que fue el culmen de varios movimientos que habían empezado el día trece del mismo mes. Ante la ruina de la localidad, se decidió trasladar la capital a la vecina Cojutepeque, situación que ya había sucedido en 1839 con otro movimiento telúrico. Sin embargo, mientras las autoridades se encontraban en esta población, los vecinos de San Salvador solicitaron al presidente José María San Martín la búsqueda de un nuevo emplazamiento para la capital.

El día 27 de abril, el gobierno salvadoreño comisionó a los señores Licenciados Francisco Dueñas y Eugenio Aguilar, Don Julio Rossignon, General Trinidad Muñoz y Don Baltazar Bogen, para que buscaran el «local más a propósito para el objeto indicado, procurando elegirlo con la mayor imparcialidad, en una localidad firme y capaz para una gran población, de buena temperatura, con buenas y abundantes aguas, y terrenos fértiles en sus inmediaciones», según rezaba el mandato.

Los enviados escogieron un lugar en las cercanías de Huizúcar, pero el presidente San Martín verificó dicho emplazamiento y no fue de su agrado. En su viaje de regreso, el mandatario observó el «llano de Santa Tecla», por lo que otra comisión fue nombrada, esta vez compuesta por Don Juan Baltazar Bogen, Licenciado Francisco Dueñas, Don Felipe Chávez, Don Manuel S. Muñoz y los señores Padilla y Durán para verificar el terreno. Ellos concluyeron al observar el paraje:

«La comisión ha fijado su vista en la llanura de Santa Tecla por ser un punto que agrada a la generalidad de los habitantes de San Salvador, tanto por su inmediación y su camino carretero, como por la salubridad, frescura de su temperamento, inmediación al puerto de La Libertad y otras favorables circunstancias».

El presidente partió de Cojutepeque para verificar nuevamente el sitio el día 28 de junio y retornó el 5 de julio. El día siguiente, recibió una solicitud de distinguidos residentes de la destruida San Salvador, para que autorizase erigir en el llano de Santa Tecla la nueva ciudad. En la Gaceta del Gobierno del Salvador del 11 de agosto de 1854, aparece la respuesta proveída el ocho de agosto:

1° Se autoriza la fundación de la nueva ciudad de San Salvador en el llano de Santa Tecla y en el lugar designado al efecto por la comisión a quien se encargó por el Gobierno el reconocimiento del caso.
2° El mismo Gobierno dará a los que gusten domiciliarse en ella terrenos para edificar y hará a la nueva población la designación de los ejidos a que tenga derecho con arreglo a la Ley de Indias; concediéndola además las franquicias que se soliciten y cuyo otorgamiento quepa en sus facultades constitucionales.
3° Se dará cuenta con este acuerdo a la Legislatura en su próxima reunión, comunicándose entre tanto al Gobernador del Departamento de San Salvador, para los efectos que son consiguientes.[12]

La municipalidad de la «antigua San Salvador» expresó su júbilo por la contestación. Para el 23 de octubre se comenzó la delineación de la nueva ciudad, y el 7 de noviembre el gobierno expuso todo lo referente a la concesión de los solares «a quienes lo pidieren». El 13 de noviembre los futuros vecinos de la localidad comunicaron que realizarían un festejo en «la próxima función de pascua», es decir del 24 al 26 de diciembre, para que fuera «conocido de todos el lugar designado para fundar la nueva ciudad». También el arzobispo de San Salvador, Tomás Miguel Pineda y Saldaña, expresó al ministro de relaciones la necesidad de «preceder un acto religioso» para la erección de la urbe, y delegó al secretario de cámara y gobierno episcopal, doctor y presbítero José Ignacio Zaldaña, el siguiente encargo:

«...en uno de los días anteriores al 25 del presente (diciembre), y que le parezca más oportuno, bendiga, según el rito de la Iglesia, el local designado para la nueva Catedral, y coloque en él la Santa Cruz, signo sagrado que nos recuerda la obra de nuestra Redención; extendiendo la bendición a toda el área, demarcada a la vez para la nueva ciudad, que desde luego, y por lo que a Nos toca, queremos se denomine: Nueva Ciudad del Divino Salvador».[11]

Efectivamente, los días 24, 25 y 26 de diciembre se organizó todo lo necesario para la festividad religiosa en el llano de Santa Tecla. De acuerdo a una reseña de la historia de la localidad: «Los ranchos provisionales que albergaron a los fundadores en el referido llano “formaban un cuadrilongo bastante extenso, teniendo en el centro el salón preparado para el baile, que además de haber servido para este objeto, sirvió también constantemente de punto de reunión a los futuros habitantes de la ciudad proyectada”».[11]

El día 24 por la mañana, se colocó la cruz en el lugar proyectado para construir la iglesia con la asistencia del Presidente San Martín. Tras la respectiva bendición, por la tarde se realizó una corrida de toros y fuegos artificiales; el día 25 se celebró misa, siempre con la asistencia de San Martín; asimismo el canónigo Ignacio Saldaña hizo jurar a los presentes «celebrar cada año en la nueva ciudad el prodigioso nacimiento del Divino Salvador en el portal de Belén». Las fiestas de inauguración, fuegos artificiales y baile duraron hasta las tres de la mañana del día 26. En esta jornada se continuaron los festejos y concluyó con la representación de una comedia por una compañía de aficionados. La concurrencia fue estimada en unas 4000 personas.

Nombramiento como capital de la República

La Asamblea Legislativa salvadoreña, tomando en cuenta el decreto gubernativo del 8 de agosto de 1854, decretó, el 7 de febrero de 1855 y de manera resumida lo siguiente:

1° Que el título y nombre oficial de la nueva población fundada en la llanura de Santa Tecla es: Nueva Ciudad de San Salvador;
2° Que esta población es la Capital del Estado de El Salvador;
3° Que el Supremo Gobierno, lo mismo que el Gobierno Eclesiástico, procedan a construir en ella, lo más pronto posible, todos los edificios y dependencias necesarios para el funcionamiento normal de las autoridades civiles, militares y eclesiásticas; y
4° Que tan luego como haya en la nueva ciudad edificios suficientes, el Poder Ejecutivo y demás dependencias del gobierno se trasladen a ella.[11]

Ese año, ya se encontraban levantadas algunas viviendas tanto de «vecinos pobres» como lujosas residencias en su centro. Un testimonio asevera:

«Los que en Diciembre último (1854) vieron en la fiesta de Pascua una llanura desierta se quedaran ahora sorprendidos al contemplar tantos trabajos emprendidos en menos de tres meses...Se puede asegurar sin temor a la más pequeña equivocación, que dentro de un año la nueva población presentará ya el aspecto de una Capital que será el orgullo de los Salvadoreños».[11]

La primera municipalidad tomó posesión en enero de 1856, y era presidida por Santiago Vilanova. Sin embargo, ese mismo año, Gerardo Barrios, en su calidad de Senador encargado de la presidencia, resolvió el traslado del gobierno desde Cojutepeque al antiguo San Salvador para atender «con más eficacia» a la edificación de la Nueva San Salvador. Para el 27 de enero de 1859, en la breve presidencia de Joaquín Eufrasio Guzmán, el congreso legislativo decretó que la antigua ciudad de San Salvador volviera a ser la capital del Estado, por lo que únicamente el poder judicial quedaría en la localidad temporalmente.[13]

Ese mismo año, se consignó una descripción de la incipiente localidad en un informe municipal:

«Su salubridad es tal que en los cinco años que cuenta desde su fundación, no han muerto más que 79 individuos y han nacido 556...En la actualidad se están formando muchas fincas de café en grande y pequeño, pues por la experiencia y conocimientos prácticos de personas capaces, se han calificado estos terrenos como de los más aparentes para el cultivo de este fruto».[11]

En ese entonces, su población era estimada en 2003 habitantes, de los cuales «1063 correspondían al radio urbano y 940 al rural». Además entre sus moradores se contaban «4 abogados, 1 médico, 1 farmacéutico, 12 eclesiásticos, 1 agrimensor, 1 escultor y 3 músicos», y los valles adscritos a su jurisdicción eran «los de Sacamil, Amates, Callejón (del Guarumal, hoy pueblo de Colón), Las Granadillas, Villanueva, Piletas, Ayagualo y La Laguna».

Un hecho destacado en esa época, fue la decisión del presidente Gerardo Barrios de retirar a la municipalidad tecleña la facultad de repartir los terrenos de sus ejidos para el cultivo del café, ya que precisamente allí moraban algunos personajes a quienes el mandatario consideraba como sus enemigos. Además vendió en pública subasta muchos inmuebles de algunos «traidores» del Gobierno, entre ellas las fincas El Espino y Santa Elena, y las casas de habitación de Francisco Dueñas y la hacienda San José de José Zaldívar. Sin embargo, Barrios debió afrontar una sublevación que proclamó a Dueñas como presidente de la República, y la constitución en Santa Tecla del nuevo gobierno para el día 8 de septiembre. Allí también se estableció el presidente guatemalteco Rafael Carrera que apoyaba a los amotinados. Barrios terminó abandonado el país después que San Salvador sufriera un asedio.[14]

Para el 28 de enero de 1865 se creó el departamento de La Libertad, del cual se escogió a Nueva San Salvador como su cabecera. Para 1890 contaba con 13715 habitantes, y de acuerdo al geógrafo Guillermo Dawson:

«Sus calles son anchas y tiradas a cordel. Está dividida en 6 barrios, llamados El Laberinto, Belén, San Antonio, El Calvario, Barrio Nuevo y Candelaria. El clima de Santa Tecla es agradable y sano, aunque sujeto a variaciones bruscas. Su temperatura media es de 21 C., y se encuentra a 789 metros sobre el nivel del mar. Sus principales edificios públicos son el Hospital, la Casa Consistorial, la Gobernación, la iglesia de Concepción y la del Carmen, que se construye actualmente. Tiene hermosas casas particulares, la plaza de armas más grande de la República, casi rodeada de portales, un bello y extenso parque y bonitos paseos públicos en los alrededores, que son deliciosos...»[11]

Sucesos posteriores

Gracias al cultivo del café, en la ciudad, así como ocurría en Santa Ana, comenzaba a crearse una nueva clase de potentados en el país. Entre los apellidos más relacionados a esa industria se encontraban los Dueñas, Regalado, Salaverría, o Guirola. También la riqueza generada por dicha producción influenciaba la arquitectura de las casas particulares, y cambió el trazado tradicional de la época colonial española que consistía en una plaza central rodeada por catedral y alcaldía.[15]

A finales del siglo XIX Santa Tecla se encontraba comunicada con San Salvador por un ferrocarril a vapor que fue inaugurado en 1894. Posteriormente, el año 1920 comenzó a funcionar el tranvía eléctrico, el primero de su clase en Centroamérica. Hacia los años 1930, cuando iniciaba la pavimentación entre ambas ciudades, la compañía ferroviaria fue liquidada.[17]

A inicios del siglo XXI, la ciudad sufrió el embate del terremoto del 13 de enero de 2001, que provocó un deslizamiento de tierra que sepultó a la colonia Las Colinas, que se convirtió en símbolo de la tragedia a nivel nacional e internacional.[20]

Panorama de Santa Tecla desde Parque Ecológico San José.
Panorama de Santa Tecla desde Parque Ecológico San José.
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