Ricardo Maduro | presidencia

Presidencia

Una vez en la presidencia, "Maduro se puso a trabajar inmediatamente en la ejecución de su principal divisa electoral, y a los pocos días ya hubo resultados espectaculares, contradiciendo a los que habían sospechado demagogia en sus promesas de campaña."[4]

"El 8 de febrero la policía incautó un formidable arsenal, incluidos lanzacohetes, que escondía una banda de secuestradores y atracadores que operaba en coordinación con los cárteles de la droga de México y Colombia, y que tienen su base de operaciones en Lempira, cerca de la frontera salvadoreña. El capturado jefe de la organización, el salvadoreño José Benedicto Villanueva Ortiz, se le imputó un plan para asesinar a Maduro el 25 de enero, aprovechando su venida a San Pedro Sula para presenciar la toma de posesión del nuevo alcalde."[4]

Con relación al supuesto atentado a su vida, el presidente Ricardo Maduro declaró que la prueba presentadas no es contundente, pero afirmó que "Ricardo Maduro esta más comprometido que nunca en la guerra contra la delincuencia". "Las muestras de cariño recibidas del pueblo en estas dos primeras semanas y el hecho que se confirme que hay un grupo que está empeñado en paralizar esa lucha, me compromete más".[14]

El mandatario apunta que desde el principio su seguridad personal está fortalecida, porque desde el momento en que se toca los grandes intereses de los deshonestos y delincuentes se expone a peligros. "No sólo yo me siento desprotegido, sino que también el pueblo, yo estoy dando con gusto y honor la cara por el pueblo y lo seguiré haciendo", agregó Maduro. [14]

Este éxito inicial alentó al Ministerio de Seguridad Pública, encabezado por Óscar Álvarez Guerrero, para aplicarse en la persecución de las maras pandillas violentas típicas de países centroamericanos y con fundación en los barrios estadounidenses, producto de las deportaciones masivas de inmigrantes ilegales capturados en la frontera entre México y Estados Unidos; pandillerismo que fue en aumento debido a la anulación del "servicio militar obligatorio" implantado por el ex presidente liberal doctor Carlos Roberto Reina.[15]

"Tomando como referencia los tatuajes empleados por los pandilleros para distinguir su condición, la Policía lanzó una vasta redada que sin embargo produjo dos efectos perniciosos. Por un lado, las detenciones masivas de mareros multiplicaron la población carcelaria y aumentaron el riesgo de estallido de sangrientos motines y enfrentamientos entre reclusos de bandas rivales, como el que en abril de 2003 devastó la Granja Penal El Porvenir, próxima a La Ceiba, donde 70 reos perecieron víctimas de los disparos o de las llamas en unas circunstancias que no quedaron del todo esclarecidas."[3]

Por otro lado, las propias maras desafiaron al Gobierno de Maduro con actos de salvajismo gratuito, como el asesinato indiscriminado de pasajeros de autobuses de transporte urbano, tomados al asalto por comandos de pistoleros que disparaban contra los ocupantes a quemarropa. La peor de estas atrocidades, que dejó 28 cadáveres, tuvo lugar en San Pedro Sula el 23 de diciembre de 2004."[3]

El presidente Maduro, condenó estas acciones como "hecho de barbarie y cobardía" que constituía un "ataque contra todos los hondureños" y para prometer el castigo de los responsables. La Policía Nacional acusó del crimen múltiple a la Mara Salvatrucha y, en efecto, las confesiones de personas detenidas y llevadas ante la justicia confirmaron ese punto ulteriormente.[3]

La masacre de San Pedro Sula propició un acalorado debate político sobre la oportunidad y necesidad de endurecer aún más el Código Penal, para castigar a los jefes de las maras con penas de hasta 30 años de cárcel e incluso restablecer la pena de muerte –derogada en 1946- para los condenados por delitos de extrema gravedad.[3]


Predecesor:
Carlos Flores Facussé
Presidente de Honduras
2002 - 2006
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Sucesor:
Manuel Zelaya
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