Oliver Twist (personaje) | oliver y la influencia de las circunstancias

Oliver y la influencia de las circunstancias

En las obras de Dickens es muy común su discurso sobre la situación social de Inglaterra en el siglo XIX. Oliver es ejemplo de un personaje que representa un grupo social más general: los pobres. En la época, se suponía que los pobres eran corruptos y pervertidos, y como resultado, no podían salir del bajo estrato social que ocupaban. No obstante, la gente no es perversa de forma innata, ni los pobres tienen por qué ser incapaces de salir de la pobreza. A menudo existen factores externos que contribuyen a la rigidez de la estructura social, sobre todo en ese lugar y siglo, dada la naturaleza del Ley de Enmienda a la Ley de Pobres de 1834, que en parte dio a los más necesitados peores condiciones de vida ─workhouses─, presumiblemente para incitarles a escalar a clases sociales más altas, donde las condiciones no eran tan duras.[4]​ El simbólico retrato que hace Oliver de la pobreza demuestra que las circunstancias tienen un impacto mucho mayor en la situación de una persona que la maldad o la corrupción innata.

Oliver nace en un asilo para indigentes (workhouse), e inmediatamente queda huérfano. Pertenece a la forma de vida más humilde de Inglaterra: vive en una casa sucia, come escasas raciones de gachas y trabaja largas jornadas. Su destino, a lo largo de la novela, queda decidido en su mayor parte por fuerzas externas: le escogieron el lugar de nacimiento, sus cuidadores lo alimentan mal y lo tratan con dureza y frialdad, y lo obligan a trabajar desde la infancia. Sowerberry, el enterrador, lo toma como aprendiz. Oliver llora de camino a su nuevo trabajo, probablemente al darse cuenta de su falta de control sobre su propia vida. Todas estas acciones se le imponen, y él se limita a sufrir sus efectos. Si se observan la conducta y los gestos de Oliver, puede verse que el niño es el epítome de la inocencia y la pureza. Mientras los demás personajes pobres hablan un inglés vulgar y áspero, el discurso de Oliver es el de una persona educada, como se pone de manifiesto en su primer contacto con el Pillastre:

Pillastre: ¡Hola, compañero! ¿Qué te pasa?

Oliver: Tengo mucha hambre y estoy rendido. He hecho un viaje muy largo: siete días hace que ando.

Pillastre: ¿Andando siete días? Comprendo, compañero, comprendo. Cosas de algún plumífero, ¿verdad? ¡Vaya! ¿Acaso ignoras lo que es un plumífero, mi cándido compañero?

Además, en apariencia, los límites morales de Oliver le mantienen permanentemente a salvo de la inmoralidad. Solo cuando conoce al Pillastre y a Fagin parece tomar las riendas de su vida, pero incluso entonces se ve sometido a una negativa influencia por parte de la banda de ladronzuelos.

El hecho de que Oliver se una a la banda respalda el argumento de que los pobres no son siempre malos, sino que se ven forzados a buscar formas cuestionables de ganarse la vida. Oliver no es un ladrón, pero se ve incriminado en varias ocasiones, lo que sugiere que al ser pobre, su desviación es innata. Estas incriminaciones proceden de su entorno. Fagin y sus secuaces lo quieren mantener como ladrón en Londres, por lo que Nancy y Sikes lo devuelven con Fagin después de que el chico lleve una temporada viviendo con Brownlow, lo que induce a este último a creer que Oliver nunca ha dejado de ser un ladrón. Bumble arroja más información negativa sobre el niño, y Monks intenta forzarle a la delincuencia para despejar su propio camino hacia la herencia del padre de ambos. No obstante, el lector sabe que toda esta información incriminatoria es falsa. Es probable que los lectores de la época también fueran capaces de captar las diferencias fundamentales entre Oliver y sus compañeros: Oliver no es como los demás, y por tanto representa el argumento de que los pobres son personas normales que en ocasiones se ven obligados a aceptar medios inmorales de supervivencia.

La historia de Oliver satisface las expectativas de las clases medias y altas, en el sentido de que las «personas inherentemente malas», como los pobres, no tienen la fuerza moral para vencer por sí mismos a la miseria (con el personaje de Ebenezer Scrooge de Cuento de Navidad se ha hecho una conexión malthusiana similar).[5]​ Oliver se observa bajo este prisma, y constantemente se le acusa de ser un malvado, cuando lo cierto es que no ha hecho nada malo. De hecho, Oliver es la antítesis de este supuesto, ya que resulta ser la encarnación de una resoluta moralidad. Esta sólida fibra moral lo mantiene puro, incluso después de haberse expuesto a la delincuencia. Todas estas influencias que actúan contra Oliver, aunque él se mantiene honrado e inocente, sugieren el impacto en su vida de fuerzas externas, y no de algún tipo de rasgo predeterminado. Si Oliver hubiera nacido en una situación distinta, como por ejemplo en una familia acomodada, también podría haber sido corrupto o desviado de forma innata, pero las circunstancias le hubieran proporcionado una trayectoria muy distinta a la del asilo para indigentes.

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