Oduduwa | leyendas

Leyendas

Ọlọ́run creó primero a Ọbàtálá, pero cuando Òrìşàńlá (el Gran Òrìşà Blanco) se dirigía al umbral del mundo espiritual, se encontró con Èşù (Eshú, también conocido como Ẹlẹ́gbára o Ẹlẹ́gbáa), que le exigió que hiciera sacrificio.

Altivo, Ọbàtálá se rehusó y Èşù decidió imponerle un castigo: le puso en el camino una comida muy picante y plantó una palmera vinícola.

Después de mucho caminar, Baba decidió descansar. Como tenía hambre, decidió probar la comida que Èşù había plantado. Una vez satisfecho, tuvo sed y con su ọ̀pá-oşoro (opká-oshoró, cetro, cayado), perforó la palmera y bebió del vino que manaba de ella. Embriagado, se quedó dormido, con el Àpò Ayé (Saco de la Creación a su lado).

Ọlọ́fin-Otete (otro nombre de Odùdúwà), al percatarse de la situación, fue al pie de Su padre Ọlọ́run y le informó. Olódùmarè, decidió, entonces, encomendarle la tarea de crear el planeta como hoy lo conocemos.

Oòduà hizo los sacrificios pertinentes, orientado por su compañero Ọ̀rúnmìlà y suspendido de una cadena (ẹ̀wọ̀n) de 16 eslabones derramó sobre la superficie del agua (lo único existe en el caos y oscuridad inicial) un poco de polvo.

Luego dejó deslizarse a la gallina (adìẹ) cinqueña (de pata de cinco dedos), para que esta esparciera la tierra. El camaleón fue el que tanteó la superficie recién formada y confirmó que Odùdúwà podía bajar.

Así pues, Oòduà fue el primer òrìşà que pisó sobre la tierra (ẹsẹ̀ntáyé, de donde nace la ceremonia homónima, típica de la práctica ancestral, en que se le hace la adivinación del destino a los recién nacidos). Odùdúwà venía, como todos las deidades, con 200 acompañantes.

Al despertar Ọbàtálá, mostró contrariedad por lo sucedido. Ọlọ́run, le perdonó el desliz y le encargó moldear al ser humano de la arcilla (por lo cual recibe el título de Alámọ̀rere). Una vez en la tierra, trabó una violenta guerra con Oòduà y sus seguidores, sólo apaciguada gracias a la intervención de Èşù Obà sin láyé, Ọ̀rúnmìlà, Yemòó (esposa de Baba) y la astucia y sacrificio de Moremi, hoy en día heroína de Ifẹ̀.

Oòduà fundó la capital espiritual de los yorùbá (Ilé Ifẹ̀) y se volvió su progenitor. Hoy en día todos los yorùbá se consideran ọmọ Odùdúwà es decir hijos de Odùdúwà. Oòduà encabeza la dinastía de los 21 ọba, reyes locales, que ratifican sus coronas al pie del Óòni de Ifẹ̀, por tradición descendiente directo del òrìşà y su encarnación viviente. Por ser el primogénito de Odùa-Ilẹ̀-Ayé (La Madre Tierra), se le llama Àrẹ̀mú. También Agbeji.

La leyenda antes narrada, suele tener una versión histórica, que cuenta que Oòduà vino del este (según unos la Meca, en Arabia, según otros de Benín o de lugares próximos), para destronar el rey local Ọbàtálá, imponiendo a los ìgbò, la población local, un nuevo orden político, reconfigurando la identidad cultural y espiritual que encontró, con elementos propios. Esta versión es más aceptada entre los antropólogos, los habitantes Ọ̀yọ́ y aquellos que quieren, por influencia occidental, privar de naturaleza divina al Padre de los yorùbá.

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