Moguer | historia

Historia

Castillo de Moguer, edificado sobre una torre de defensa romana.

Orígenes

Los orígenes del poblamiento humano en Moguer se pierden en la lejanía de los tiempos y están rodeados de legendarias leyendas, como ocurre en toda la zona de la desembocadura del Tinto. El actual término municipal de Moguer fue foco de atracción de población del interior y pueblos del Mediterráneo oriental desde la antigüedad, como demuestran los restos arqueológicos de origen neolítico, fenicio y romano encontrados en diversos yacimientos arqueológicos.[13]

Edad Media

Con la llegada de los musulmanes, la alquería de Mogauar o Mogur perteneció al reino taifa de Niebla. De este periodo perduran el castillo almohade, el aljibe que se encuentra bajo su patio de armas, la fuente y el puente de Pinete, la fuente de Montemayor, y restos arqueológicos[13]​ de asentamientos árabes en la zonas rurales de Rendón, las Cacerías o Manzote.

Fue conquistada por la Orden de Santiago hacia 1239-1240, junto con otros enclaves del Algarve histórico, y anexionada a Castilla.

Sepulcro del IX Señor de Moguer.

Señorío de Moguer

En 1333, la aldea de Moguer se convirtió en el primer señorío de la zona, al ser donado por Alfonso XI a Alonso Jofre Tenorio,[15]​ el Convento de clarisas de Santa Clara y el de Franciscanos del Corpus Christi. A su muerte el señorío pasó a María Tenorio, su hija, casada con Martín Femández Portocarrero, y luego al hijo de ambos Alonso Femández Portocarrero, a cuyo linaje quedaría vinculado definitivamente. Los Portocarrero engrandecieron la villa con la construcción del Convento de San Francisco, en el siglo XV, y la transformación del antiguo convento del Corpus en Hospital para pobres.

El linaje Portocarrero poseyó el rango de “ricos-hombres” y “grande” del círculo de la alta nobleza andaluza, estando ligados a la Corte por el desempeño de sus funciones. En 1375 el Señorío de Moguer se convirtió en mayorazgo. Como cualquier señorío jurisdiccional, los señores de Moguer ejercían el control del gobierno municipal, y la jurisdicción en el ámbito judicial, administrativo, hacendístico, y militar. En muy poco tiempo, la convirtieron en una destacada villa marinera de Andalucía, gracias, sobre todo, a la política de atracción demográfica que pusieron en práctica.

Por diversos servicios prestados por los sucesivos Señores de Moguer a la corona, distinguieron a la villa de Moguer: En 1369, Enrique II de Castilla con el título de "Muy Leal"; en 1642, Felipe IV le otorgó el rango de "Ciudad" y concedió a su concejo el Escudo de los Portocarrero; y en 1779, Carlos III la distinguió con los títulos de "Muy Noble y Muy Leal". Por ello, el municipio quedaría nominado como la Muy Noble y 2 veces Muy Leal Ciudad de Moguer.

Moguer y el Descubrimiento de América

Astilleros de La Niña en el Puerto de Moguer.

La economía moguereña se basaba en la agricultura y las actividades pesqueras y mercantiles. En 1489 los Reyes Católicos concedieron un seguro[16]​ a las embarcaciones que arribaran al puerto moguereño desde Canarias, norte de África y países europeos de la cornisa atlántica. Desde el siglo XV, el puerto contaba con un muelle de atraque para carga y descarga de mercancías, calzada, astilleros y una alota que era, junto con las de Huelva y Palos, de una destacada actividad dentro del litoral onubense.

A finales del siglo XV la villa alcanza una población de 5.000 habitantes, distribuidos por un núcleo urbano conformado por varios ejes, dominados por la iglesia mayor, el castillo, el convento de San Francisco y el monasterio de Santa Clara. Eran momentos de una gran actividad económica y portuaria, lo que propició que los productos del campo y la sal de las salinas moguereñas, tuvieran salida a través de una flota de barcos nada despreciable.[17]​ En el Puerto de Moguer se fletaban barcos para ir a las pesquerías en el Estrecho y el norte de África y, especialmente, para ir a la Mina de Oro. Esta ruta era bien conocida por los marinos de Palos y Moguer, que la recorrían en su actividad comercial, pesquera y en ocasiones de corso contra embarcaciones extranjeras. Los marinos de los puertos del estuario del Tinto, entre ellos los del puerto moguereño, eran avezados, curtidos en travesías por el Atlántico y el Mediterráneo. Estos llegaron a constituir linajes de marinos, respetados en toda la comarca, que contaban entre sus miembros con armadores y buenos navegantes que trasmitían el oficio de padres a hijos.

Fue en estas fechas cuando Moguer, convertida ya en una importante villa marinera, participó[17]

En Moguer, Cristóbal Colón visitó en repetidas ocasiones el Monasterio de Santa Clara, cuya abadesa, Inés Enríquez, tía del rey Fernando el Católico, apoyó el proyecto de Colón ante la Corte. También encontró apoyo en el clérigo Martín Sánchez y el hacendado Juan Rodríguez Cabezudo a quien confió la custodia de su hijo Diego, cuando partió en el viaje descubridor.[18]

En cumplimiento de una de las provisiones que llevaba Colón, concedidas por los Reyes Católicos,[20]​ embargó en esta localidad dos barcos en presencia del escribano moguereño Alonso Pardo.

Los Hermanos Niño, (Francisco Niño, Pedro Alonso, Juan y Cristóbal), tuvieron una destacada participación en los preparativos y desarrollo del viaje decubridor. Una vez superadas las primeras reticencias al proyecto de Cristóbal Colón, se convirtieron en férreos defensores del viaje, y pusieron todo su empeño en llevar a cabo la empresa Colombina. Convencieron a la marinería moguereña, y resto de marinos que habitualmente navegaban con ellos, para que se alistaran en el viaje descubridor. También aportaron, a su costa, la carabela La Niña, siendo los responsables de los preparativos de su carabela, que se realizaron en julio de 1492, en el Puerto de Moguer, tal y como quedó recogido en las pleitos colombinos en el año 1552.[17]

Pedro Alonso fue piloto mayor de la Santa María, Francisco Niño participó como marinero en La Niña, Juan Niño como maestre también en La Niña y es probable que también el menor de los Niño, Cristobal.[17]

Carabela "La Niña", propiedad de los Hermanos Niño.

El día 14 de febrero de 1493, en el tornaviaje, se cruzaron con una fuerte tempestad que estuvo a punto de hacer naufragar las embarcaciones. En esta situación, Cristóbal Colón, decidió echar en suerte, la promesa de peregrinar en romería al Monasterio de Santa Clara, como acción de gracias por superar tan aquella situación (Voto colombino). El 15 de marzo, "La Niña" regresó al Puerto de Moguer,[17]

En el desarrollo del primer viaje se fue forjado una fuerte relación con Colón, fruto de la cual se convirtieron en estrechos colaboradores de los nuevos proyectos del Almirante. Participaron en los preparativos y desarrollo[17]

Por todo ello, Moguer forma parte del Bien de Interés Cultural (B.I.C.) conocido como los Lugares Colombinos. [23]

Historia moderna

Durante el siglo XVI, la villa atravesó una época de prosperidad comercial con América, siendo numerosos los moguereños[24]​ que participaron en el descubrimiento, colonización y evangelización de las nuevas tierras, en los denominados Viajes menores o andaluces; personajes como Pedro Alonso Niño, descubridor de las costas de Paria (Venezuela); Andrés Niño, descubridor de las costas de Centroamérica; Bartolomé Ruiz, descubridor y navegante del Pacífico que integró como piloto, la famosa expedición de Pizarro de los Trece de la Fama; fray Antonio de Olivares, fundador de la ciudad de San Antonio de Texas; Alonso Vélez de Mendoza, repoblador de la isla de Santo Domingo; el franciscano Quintero, que acompañó la expedición de Hernán Cortes a México; Fray Andrés de Moguer, primer cronista de México; Diego García de Moguer que tomó parte en el primer viaje alrededor del mundo junto a Magallanes, Juan Ladrillero considerado el otro descubridor del Estrecho de Magallanes; Francisco de Céspedes y Velasco, Capitán General y Gobernador del Virreinato del Río de la Plata entre 1623 y 1631, realizando una labor decisiva en la organización de la próspera colonia; Francisco Velázquez, que contribuyó desicivamente en la organización de los nuevos territorios, llegando a ocupar cargos tan relevantes como los de Teniente Gobernador de la Provincia de Cartagena o Secretario de la Real Audiencia de Santa Fe, en el Reino de Nueva Granada; son algunos de los personajes más relevantes.

Dibujo de Moguer de 1795.

El siglo XVII fue una época de penurias para la Monarquía Católica, y no pudo escapar de esta situación la villa moguereña, disminuyendo notablemente su población. No obstante, sería en 1642 cuando la trayectoria ascendente seguida por Moguer fue consagrada por la concesión del título de "Ciudad" otorgado por Felipe IV de España.

El siglo XVIII se caracterizó por la estabilidad económica, política y técnica. La tierra, controlada en buena parte por la oligarquía local, siguió siendo un bien muy demandado por los moguereños, los cuales fueron adquiriéndola en pequeñas extensiones. En cuanto al comercio, éste siguió sustentándose en el vino. La demanda gaditana y la ampliación del mercado a América, Rusia y otros países de Europa, así como el abastecimiento a la Armada Real, influyeron en el aumento del cultivo del viñedo.

En 1755 tuvo lugar el terrible terremoto de Lisboa, que causó enormes daños en la ciudad,[16]​ de la cual tan sólo quedaron en pie los edificios más sólidos, como parte del castillo, el convento de Sta. Clara o la Capilla del Hospital. Por este motivo, se debieron reconstruir los edificios dañados, a veces restaurándolos, como el Convento de San Francisco, y otras veces levantando un edificio de nueva planta, como el edificio del Concejo, obra maestra del Barroco civil, o la parroquia de Ntra. Sra. de la Granada, de la cual se respetó su torre original del siglo XIV. El templo levantado, debido al incremento espectacular de población en el siglo XVIII, se agrandó hasta adquirir proporciones catedralicias, con cinco naves, siendo la central más alta y ancha que las cuatro laterales. Los servicios a la Corona en tiempos de guerra contra Inglaterra hicieron posible que en 1779, Carlos III de España concediese a la Ciudad de Moguer los títulos de "Muy Noble y Muy Leal".

Historia contemporánea

El siglo XIX, fue para Moguer reflejo en parte de la situación vivida en el país. A comienzos de siglo era el núcleo más poblado (7.200 habitantes) seguida de Huelva. La invasión francesa provocó en la ciudad una situación de provisionalidad y desconcierto general. En 1833 Huelva se convertía en provincia tras una larga y dura lucha verbal por parte de los defensores de Moguer como capital de la nueva demarcación político-administrativa. Quedaría, sin embargo, como cabecera del nuevo partido judicial, contando además con Juzgados Comarcal y de Instancia e Instrucción, distritos notarial y registral, y en el orden eclesiástico como Arciprestazgo de Moguer.

Casa natal de Juan Ramón Jiménez.

Las desamortizaciones también alteraron en buena parte las estructuras económicas de las instituciones locales, sobre todo de la Iglesia. La I República en 1873 dejó igualmente su impronta con la construcción de la carretera y el puente sobre el río Tinto, infraestructuras básicas para el desarrollo del municipio. En 1899 Moguer contaba con 8.523 habitantes de los que el 99 % eran braceros. El vino seguía siendo el producto básico y el río el cauce natural a través del cual se exportaba, sin embargo el tráfico del puerto local descendió por el aterramiento del río.

En 1881, el día 23 de diciembre, nació en la casa número 1 de la calle de la Ribera, en Moguer, el poeta universal Juan Ramón Jiménez,[25]Premio Nobel de Literatura en 1956. Gracias a él, Moguer se hace mundialmente conocido a través de su obra "Platero y yo".

En el siglo XX, la prosperidad económica de siglos anteriores, gracias al cultivo de la vid, se ve frustrada por la plaga de la filoxera, en los inicios de la centuria. La pérdida de población se hace desde entonces imparable hasta el desarrollo industrial de Huelva en los años sesenta y, fundamentalmente, hasta la implantación de los cultivos de fresa en los años 70, siendo hoy en día Moguer el principal productor fresero de España,[3]​ lo que ha propiciado en los últimos treinta años un gran desarrollo demográfico, económico y social.

El inicio del siglo XXI dio continuidad a la pujanza económica generada por la agricultura con los cultivos del fresón y la frambuesa, el sector de la construcción y el sector servicios. Esta bonanza económica ha propiciado un aumento espectacular de la población en los últimos años. Con el inicio de la crisis económica en 2008, el sector de la construcción y servicios han sucumbido; tan solo el sector agrícola sigue generando riqueza, consolidándose como motor económico del municipio.

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