Levantamiento Espartaquista | sublevación obrera

Sublevación obrera

El levantamiento empezó al proclamarse en diciembre de 1918 el Primer Congreso Soviético de Alemania en Berlín. Sus delegados, miembros de los "Consejos de Trabajadores y Soldados", y bajo fuerte influencia del Partido Comunista de Alemania, solicitaron poco antes de Navidad la destitución del Mariscal Paul von Hindenburg como Comandante en Jefe del Ejército, la disolución del Ejército Regular y su sustitución por una "guardia civil" cuyos oficiales serían elegidos por sus hombres, esperando los líderes del KPD que gracias a su mejor organización podrían copar tales designaciones de oficiales.

El gobierno socialdemócrata de Friedrich Ebert rehusó acceder a estos pedidos, siendo apoyado en ello por la oficialidad del Ejército, representado por el mariscal Hindenburg, y manteniendo una tensa calma en los últimos días de 1918. No obstante, el 5 de enero los izquierdistas más radicales, ahora apoyados por la Liga Espartaquista, enviaron a la llamada "División Popular de Marina" (unidad de marineros izquierdistas estacionada en Berlín) a tomar la sede del periódico Vörwarts, vocero del SPD y amenazaron las sedes administrativas del gobierno situadas en la Wilhelmstrasse[1]​ y el Edificio de la Cancillería, siguiendo el esquema de revuelta en la capital a semejanza de la Revolución Rusa.

Marineros amotinados durante los combates del día de Navidad dentro y en los alrededores del Palacio Real de Berlín
Revolucionarios tiroteados durante la sublevación

No obstante, el primer movimiento revolucionario fue empezado por las masas del Primer Congreso Soviético, basado en obreros y soldados admiradores de los bolcheviques que proclamaron la huelga general en Berlín y proyectaron el derrocamiento del gobierno Ebert, aunque sin contar con la aprobación del Partido Comunista de Alemania, que no juzgaba oportuno el momento para un levantamiento de obreros y soldados.[2]

En efecto, la líder comunista Rosa Luxemburgo postulaba que la situación alemana de 1919 no era igual a la de Rusia en 1917, y que con soldados desmovilizados no había forma de establecer una masa de combatientes suficiente para derrocar al gobierno mediante un golpe de estado en la capital del país. Por otro lado, el régimen bolchevique ruso se enfrentaba aún a la reacción militar zarista auspiciada por los gobiernos francés y británico, manifestada en una guerra civil por lo cual no estaba en condiciones de brindar ayuda efectiva a los comunistas alemanes. Además, la "División Popular de Marina" estaba lista a lanzar una revuelta sí así lo ordenaba su propio "sóviet" de marineros, pero la mayoría de sus hombres sólo ansiaba volver a sus hogares (muy pocos eran nativos de Berlín) y dudaba de entrar al combate sólo por órdenes de la Liga Espartaquista.

Para colmo, el gobierno de Ebert trataba de calmar la incertidumbre de los obreros sobre el pago de jornales y la mejora de sus condiciones de vida ofreciendo a inicios de enero de 1919 que el gobierno de Estados Unidos, dirigido por Woodrow Wilson, entregaría ayuda financiera de emergencia para evitar el descontento social (y la consiguiente revuelta izquierdista) en Alemania, lo cual debilitó el entusiasmo de una parte de las masas obreras para participar en una revuelta, más aún al tener como aliados a soldados desmovilizados y con pocas armas en contra de las tropas regulares del gobierno. Pese a estos factores adversos, el jefe de la Liga Espartaquista, Karl Liebknecht, determinó que la Liga apoyase la revuelta de los huelguistas y después se pusiera al frente de ella aprovechando su mejor organización, calculando que éste sería el momento más adecuado para imitar en Alemania el ejemplo ruso de la Revolución de Octubre y derrocar al régimen de Ebert, temiendo Liebknecht que una conducta dubitativa de los "espartaquistas" y del KPD anulase su influencia sobre las masas justo en el momento más propicio para ganar la adhesión de estas. Rosa Luxemburgo discrepaba públicamente de los postulados de Liebknecht pero manifestó que apoyaría con todas sus fuerzas a la revuelta en cuanto ésta empezara.

El socialista Gustav Noske fue designado Ministro de Defensa Nacional el 6 de enero y declaró: "Alguien tiene que ser el perro de caza", dando órdenes para lanzar una reacción armada contra los huelguistas y sus aliados, aunque aún Ebert trató de ganar tiempo requiriendo negociaciones con los sublevados espartaquistas. No obstante, al saber los delegados de Primer Congreso Soviético que Ebert y el SPD reclamaban participar en ese mismo Congreso, se rompieron todas las negociaciones el 8 de enero.

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