Levantamiento Espartaquista | reacción gubernamental

Reacción gubernamental

Funeral de Rosa Luxemburg

Los sublevados reclamaron entonces la dimisión inmediata del gobierno y ante ello el Canciller Friedrich Ebert solicitó de inmediato la ayuda del Ejército regular, aprovechando que la División Popular de la Marina partidaria de los sublevados se retiró a sus cuarteles antes de que llegara la guarnición de Potsdam, la cual seguía fiel al Ejército Regular. Por su parte, Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg se pusieron al frente de la revuelta, tratando de ganar el apoyo de los soldados de los soviets, a fin que auxiliasen con sus armas a los obreros sublevados.[3]

El contraataque del Ejército dio comienzo el 9 de enero de 1919, al mando del general Walther von Lüttwitz, contando con apoyo de tropas leales el gobierno y con los Freikorps anticomunistas. Las luchas con los obreros sublevados iniciaron la llamada "Semana Sangrienta", causando combates urbanos en la capital alemana durante varios días y transformando las vías públicas y plazas en campos de batalla. Los obreros espartaquistas, atrincherados en sus fábricas, no contaron con el apoyo masivo de soldados y de otros obreros, por lo cual difícilmente pudieron resistir el embate de las tropas regulares y de los Freikorps. Carentes de una adhesión masiva entre obreros y soldados, los espartaquistas fueron lentamente desalojados de sus posiciones, siendo muertos o capturados en combate por las fuerzas gubernamentales mejor armadas y organizadas.

Para el atardecer del 15 de enero había quedado aplastado el levantamiento comunista en Berlín y las tropas del gobierno habían recuperado todos los puntos de la ciudad tomados por los espartaquistas. Los dos principales líderes de la Liga Espartaquista, Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht, fueron capturados por tropas regulares en la mañana de ese mismo día y asesinados de inmediato durante su traslado a la cárcel, siendo incierto el destino de sus cuerpos. Estos asesinatos desencadenaron por todo Alemania numerosos disturbios y motines que se saldaron con 5000 muertos, miles de represaliados y el asesinato de numerosos líderes de la izquierda.

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