Juan Huarte de San Juan | obra

Obra

Examen de ingenios para las sciencias, 1603.

Escribió un famoso Examen de ingenios para las sciencias (Baeza, Juan Bautista de Montoya, 1575), cuya impresión tuvo que pagarle el Conde Garcés a causa de los cortos medios económicos de su autor. Su éxito fue tal que se reimprimió en España cuatro veces más antes de acabar el siglo XVI: Pamplona, 1578; Valencia, 1580; Huesca, 1581 y la expurgada de Baeza en 1594. Durante el siglo XVII fue publicado en Alcalá (1640), Madrid, 1668, Bilbao, Logroño, Medina del Campo y Granada. Y mucho mayor fue su éxito todavía a escala europea: lo tradujo al latín, lengua científica de la época, Aeschacius Maijor (Colonia, 1610, 1621, 1622), Teodoro Arctogonius (Estrasburgo, 1612) y Samuel Krebl (Jena, 1663). Al francés lo tradujo Gabriel Chappuys (Lyon, 1580 y París, 1588), Vion d'Alibray (París, 1605, 1645, 1658, 1661, 1668, 1675) y Sabiniano d'Alquié (Ámsterdam, 1672). Al italiano Camilo Camilli (Venecia, 1582; 1586 y 1590) y Salustio Gratis (Venecia, 1603 y Roma 1619). Al inglés Richard Carew (Londres, 1594, 1596, 1604 y 1616) y Bellamy (Londres, 1698). Al alemán Gotthold Ephraim Lessing (Zerbst, 1782 y Wittemberg, 1785). Existen otras muchas ediciones en otros idiomas, hasta sobrepasar las cincuenta.

Se trata de una obra precursora de tres ciencias: la psicología diferencial, la orientación profesional y la eugenesia. También hace interesantes aportaciones a la Neurología, Pedagogía, Antropología, Patología y Sociología. En ella se propuso mejorar la sociedad, seleccionando la instrucción adecuada a cada persona según las aptitudes físicas e intelectuales derivadas de la constitución física y neurológica específicas de cada una.

Considerando cuán corto y limitado es el ingenio del hombre para una cosa y no más, tuve siempre entendido que ninguno podía saber dos artes con perfección sin que en la una faltase y, porque no errase en elegir la que es natural estaba mejor, había de haber diputados en la República, hombres de gran prudencia y saber, que en la tierna edad descubriesen a cada uno su ingenio, haciéndole estudiar por fuerza la ciencia que le convenía y no dejarlo a su elección, de lo cual resultaría en vuestros estados y señoríos haber los mayores artífices del mundo, no más de por juntar el arte con la naturaleza.

Para ello, estudió los diferentes temperamentos humanos desde la teoría de los cuatro humores, y propuso qué oficios o estudios cuadraban más a cada uno. Y hace además una clasificación de los saberes de gran trascendencia ulterior. Utiliza un gran número de fuentes, fuera de la observación clínica y la experiencia médica del autor: Hipócrates y Galeno entre los médicos; Platón, Aristóteles, Cicerón, Pedro Lombardo, Escoto, Tomás de Aquino, Durando entre los filósofos; y clásicos como Horacio, Demóstenes, Flavio Josefo, Juvenal, Justino y Celso; aparte de, como era natural, la Biblia. La obra fue unánimemente alabada, y solo mereció algunas críticas por parte de un estudiante de Teología, Diego Álvarez, y un médico de Évreux, Jordau Guibelet.

Pero la obra tuvo problemas bastante mayores con la Inquisición; fue perseguida a causa de sus teorías sobre la concepción y fue prohibida en Portugal (1581) y en España (1583); figura en el Index del año siguiente, si bien circulaban bajo cuerda ediciones clandestinas no autorizadas y en español que venían de Leyden (1591), Amberes (Plantín, 1593 y 1607) y de Ámsterdam (Juan de Ravestein, 1652). Se permitió, sin embargo, que circulase por el mundo hispánico una edición expurgada de los pasajes polémicos (Baeza, 1594).

La obra influyó en el diseño de los caracteres de algunos personajes de ficción, como los principales de Miguel de Cervantes[5]​ en su Don Quijote de la Mancha, al que puso el significativo epíteto de 'ingenioso', y en El licenciado Vidriera. También es más que posible su influjo en el dramaturgo isabelino inglés Ben Jonson.

Se le considera el pseudopatrón (ya que no está canonizado por la Iglesia católica) de las Facultades de Psicología de las universidades españolas.

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