Historia de las ideas | historia de las ideas en el siglo xx

Historia de las ideas en el siglo XX

A veces se han tomado en cuenta dos dimensiones explicativas para abordar las diversas corrientes de pensamientos a principios del siglo XX. Durante esos años, los pensadores y los movimientos intelectuales eran con frecuencia objeto de estudio de las denominadas “historias del pensamiento” y las “historias de la filosofía”.[6]

En el primer caso, se planteaba un enfoque que establecía una estrecha relación entre los pensadores “clásicos” y sus producciones textuales más representativas. Esta operación proporcionaba al investigador la posibilidad de analizar un corpus bibliográfico identificando y examinando los contenidos o temáticas centrales latentes en los pensadores a través de sus escritos más destacados. En general, se establecía una línea que se dedicaba a realizar una exégesis de las obras principales. Estos textos en alguna medida constituían una herencia en el pensamiento moderno porque, entre otras cuestiones, estos sistemas de ideas se traslucían en los diseños políticos e institucionales actuales. Tal maniobra analítica dejaba de lado el contexto social de producción de los textos. Estos sólo se analizaban en cuanto que constituían un “canon” que bajo el rótulo de “textos clásicos” interesaban a la luz que posibilitaban la comprensión y el establecimiento de una continuidad temporal con el presente.[7]

Las historias de la filosofía, en cambio, accedían al estudio de las ideas a través de los sistemas, escuelas o movimientos; así, por ejemplo, estudiaba el idealismo alemán, al racionalismo francés, al empirismo inglés, y no a Hegel, Descartes o Locke. La desventaja de tal enfoque radicaba en concebir a estos movimientos filosóficos como irreductibles, cerrados en sí mismos, sin conexiones posibles, colocaban en segundo plano los rasgos del contexto social y la articulación entre una determinada corriente intelectual y la cultura que lo daba a nacer.

Contra estas dos visiones tradicionales se dieron dos reacciones que pusieron en evidencia la ausencia del componente histórico y social en el análisis de los pensamientos. La primera se originó en el continente americano, y tomó como nombre History of ideas, fue impulsada principalmente por Arthur Lovejoy. La segunda, apareció en Europa continental, Francia, y se denominó Historie des mentalités, originada en los estudios de la Escuela de los Annales, a partir de las líneas de investigación que impulsaron los trabajos pioneros de Lucien Febvre y Marc Bloch[8]

Según Lovejoy “El estudio de la historia de las ideas no necesita justificarse a sí mismo sobre la base de sus potenciales servicios —grandes, por cierto— a los estudios históricos bajo otros nombres. Tiene su propia razón de ser. No es meramente auxiliar de otros estudios, sino que otros estudios son, más bien, auxiliares suyos. Conocer, tan ampliamente como sea posible, los pensamientos que los hombres han tenido sobre temas que les concernían; determinar cómo estos pensamientos han surgido, se han combinado, interactuado o neutralizado a otros, y cómo se han relacionado diversamente con la imaginación, las emociones y el comportamiento de quienes los han tenido: en el conjunto de esa rama del conocimiento que llamamos historia, esto no es sino una parte esencial, es más, su parte central y más vital”[9]

En la segunda mitad del siglo XX, los historiadores se acercaron crecientemente las ciencias sociales como la Sociología, la Psicología, la Antropología y la Economía y a nuevos métodos y sistemas explicativos. Se ha matematizado en los estudios económicos y demográficos. La ya perdida influencia de las teorías marxistas sobre el desarrollo económico y social fue muy relevante al igual que la aplicación de la teoría del Psicoanálisis a la historia. Por otra parte se reconsideran las relaciones entre la literatura y la historia. Como una derivación del viejo Marxismo, el Materialismo cultural incidió en el campo de la Antropología. También la Historia del Pensamiento Social o Historia social contribuyó, principalmente desde algunos ámbitos académicos, al corpus de doctrinas producido y recopilado a lo largo de la historia de la humanidad, básicamente como un saber científico acumulado.

Entre los más genuinos representantes de la "Historia de las ideas políticas" se encuentran Isaiah Berlin, Mark Bevir, Pierre-André Taguieff, Marc Crapez, Andreas Dorschel... Por otro lado, parte de las obras de Stephen Toulmin, Allan Janik y June Goodfield pueden entenderse como propias de historiadores de las ideas.

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