Himno Nacional Mexicano | importancia cultural

Importancia cultural

Aficionados mexicanos interpretan el Himno Nacional antes de un partido de fútbol.

Tras la escritura del himno, México seguía enfrentándose a los efectos de una derrota en una guerra con Estados Unidos. El país se sentía desmoralizado y también dividido, debido a la pérdida de aproximadamente la mitad de su territorio, el cual le pertenecía ya a Estados Unidos. De acuerdo con el historiador Javier Garciadiego, quien habló en una ceremonia conmemorativa del 150.º aniversario de la aprobación del himno en 2004, el himno hace caso omiso a las divisiones y conflictos y anima la unidad nacional. En esa misma fecha, la Ciudad de México y otras partes del país detuvieron lo que hacían e interpretaron un canto del himno a nivel nacional. Individuos de otras naciones participaron también, mayoritariamente en las oficinas diplomáticas o en lugares donde se encontraban una alta concentración de expatriados de México. El himno también ha sido descrito como uno de los símbolos de la «identidad mexicana».[12]

Antes de 1820

Entre los pueblos prehispánicos no se tiene noticia de que existiera al menos algo parecido a un himno que se identificara unívocamente a algunos de los altépetl, pero al llegar las tradiciones europeas tras la llamada Conquista Española, florecieron los llamados himnos religiosos en cuyas letras y música alababan la vida de algún Santo o la deidad de la Iglesia Católica, así como los himnos cívicos que trataban de alabar la llegada de virreyes, de obispos, clérigos, la entronización de reyes españoles y más comúnmente la vida de algún personaje o grupo novohispano, de entre los autores más destacados de ese tipo de himnos tenemos a Manuel de Sumaya, José de Torres y José Aldana, cuya obra religiosa fue profusamente elogiadas en su tiempo y aún hoy, destacan de toda su obra los himnos dedicados a la Virgen de Guadalupe. La primera vez que existió en México algo muy parecido a un Himno Nacional fue la llamada Marcha Real o Marcha Granadera que desde 1761 se empezó a usar en España y sus colonias durante las ceremonias cívicas, autoría de Manuel de Espinosa de los Monteros, fue una obra de cierto agrado que influyo en los años posteriores en el nuevo nacionalismo mexicano que se formó durante la Guerra de Independencia.

En el siglo XIX

Al consumarse la independencia de México en 1821, el nuevo nacionalismo mexicano solo impulsó la creación de un escudo y bandera nacional como símbolo del nuevo estado. Al parecer la idea de un Himno Nacional no era una necesidad por eso durante la entronización de Agustín de Iturbide se cantó el himno religioso Veni Creator en forma especial. Posteriormente el protocolo de toma del cargo para el primer presidente y vicepresidente de México no incluyó ningún himno o canción usada como un himno.[15]

A pesar de eso, durante ese primer medio siglo, nunca faltaron propuestas informales de himnos que trataron de tomar el lugar. Por ejemplo, durante la etapa final de la Guerra de Independencia se realizó un sitio a la ciudad de Querétaro por parte de tropas Trigarantes, entre esas tropas se encontraba un músico llamado José Torrescano quien compuso un himno muy anti español, cuya frase más cuestionada era:

Somos independientes,/viva la Libertad,/viva América libre/y viva la igualdad.

Por eso no fue muy promovido el himno, ya que la idea del Ejército Trigarante era lograr la unidad de todos los grupos sociales de la Nueva España.

Ya en lo que se considera el México independiente, en 1822, otro músico de nombre José María Garmendía realizó otro himno que no gustó por estar muy centrado en la figura de Agustín de Iturbide. Por ejemplo, sus primeras palabras eran:

A las armas, valientes indianos;/a las armas corred con valor;/el partido seguid de Iturbide;/seamos libres y no haya opresión.

Por eso al cambiar de régimen monárquico a republicano este fue totalmente olvidado.

Luego, durante las república tanto federalista como centralista, cuando se querían hacer honores al presidente o vicepresidente se interpretaba alguna pieza de su agrado. Por ejemplo Antonio López de Santa Anna gustaba de la obertura Semiramis de Gioachino Rossini, mientras José Joaquín de Herrera prefería Poeta y campesino de Franz von Suppé.[16]

El 13 de julio de 1844 otro músico de nombre Eusebio Delgado musicalizó un poema anónimo que honraba a Antonio López de Santa Anna quien estaba en su 8º periodo de gobierno durante la república centralista, este no gustó al público y terminó olvidado.[16]

En 1849 luego de la desastrosa Guerra Mexicana-Estadounidense de 1846 a 1848 y durante la presidencia federal de José Joaquín de Herrera se formó una llamada Junta Patriótica de la Ciudad de México que, a través de la Academia de San Juan de Letrán, organizó un concurso para buscar una letra que junto a la música del pianista austriaco Henri Herz, pudiera formar un himno nacional. Ese primer concurso fue la propuesta más seria hasta el momento, incluía entre sus jueces a personajes muy destacados de la época, como Andrés Quintana Roo, Manuel Lacunza, José Joaquín Pesado, Manuel Carpio y Alejandro Arango y Escandón. El concurso fue ganado por el estadounidense Andrés David Bradburn, lo cual junto con el contenido de la obra hizo que fuera un verdadero fracaso que terminó por olvidarse.[16]

Poco después, en 1850, la misma Academia de San Juan de Letrán realizó su propio concurso para musicalizar un poema del cubano Juan Miguel Lozada, la música seleccionada fue obra de Nicolás-Charles Bochsa, pero al ser un poema muy centrado en la figura del presidente José Joaquín de Herrera no trascendió.[16]

Al parecer durante ese año se dio una especie de competencia informal ya que el músico italiano Antonio Barilli propuso no solo un himno, propuso dos, los cuales de ninguna manera fueron del agrado del pueblo mexicano. Poco después, en 1851, otro músico de origen checo Max Maretzek presentó su propuesta y no fructificó, y así se fueron acumulando en tan solo tres años varios intentos. En abril de 1853, el italiano Inocencio Pellegrini, presentó su “Canto Nacional” sin mucho éxito, si es que tuvo alguno. En diciembre de 1853, otro músico de apellido Infante creó una composición patriótica dedicada a Antonio López de Santa Anna la cual solo se tocó una noche.[16]

Otras personalidades que presentaron propuestas formales e informales fueron, Fernando Calderón y Beltrán, José María Garmendia, Francisco Manuel Sánchez de Tagle, Mariano Elízaga y José María Heredia[16]

Competencia oficial

Primera edición del Himno Nacional Mexicano.

No se sabe si debido a esa efervescencia o solo por el gusto del entonces presidente y dictador Antonio López de Santa Anna el 12 de noviembre de 1853 por medio del Diario Oficial del gobierno de la República Mexicana se dio a conocer un doble concurso, cuyo fin y orden seria seleccionar un poema patriótico y su musicalización posterior para formar un Himno a la Patria. [16]

En 1854 se celebraría el 25 Aniversario de "La Victoria de Tampico de 1829" cuando Antonio López de Santa Anna venció al Ejército Español en su intento de reconquista. Buscó Santa Anna festejar por todo lo alto su gran victoria militar donde alcanzó el rango de General de División. El concurso se convocó con la anticipación debida para que el 11 de septiembre del siguiente año se tuviera el Himno Nacional arreglado.

Para la letra se solicitaba enviar la propuesta en sobre cerrado con un seudónimo al Ministerio de Fomento, Colonización, Industria y Comercio en menos de veinte días, tras lo cual se tardarían diez días para definir al ganador, luego de darse a conocer al ganador, la musicalización tendría otro mes para recibir propuestas, tras lo cual se tardaría un mes más para dar a conocer al ganador de la música. En la misma convocatoria se definía que los derechos de explotación de las propuestas pasarían a manos del gobierno central y solo se entregaría una contraprestación a los ganadores. Esta convocatoria fue firmada por el entonces oficial mayor del ministerio Miguel Lerdo de Tejada, el jurado para la letra estuvo formado por José Bernardo Couto, Manuel Carpio y José Joaquín Pesado, mientras el jurado para la música se integró por José Antonio Gómez, Agustín Balderas y Tomás León.[16]

El resultado para la letra se publicó el 4 de febrero de 1854 en el diario oficial junto a la letra, siendo ganador el potosino Francisco González Bocanegra, quien luego se supiera realizó la letra encerrado en una habitación por la que era entonces su prometida, Guadalupe González del Pino, ya que él no quería participar en el concurso.[16]

Si bien el himno de González Bocanegra es un himno de corte bélico, no lo es de ataque, agresión ó expansionismo sino todo lo contrario, es un himno de defensa de la patria y del territorio nacional. Seguramente inspirado en el evento militar que se recordaba y festejaba ese año de 1854 al cumplirse 25 años de la Invasión Española de Reconquista, el poeta narra en sus estrofas la situación y disposición de los mexicanos y la nación ante una invasión extranjera, no así para una guerra intestina y fratricida. Santa Anna, el gran "Vencedor de Tampico" sería recordado en ese himno santanista que incluso le fue obsequiado por González Bocanegra en la dedicatoria la misma noche de su estreno en el Gran Teatro de Santa Anna. El himno reseña una gran victoria militar contra un "extraño enemigo" es decir una nación extranjera. La única gran victoria con esas características que se celebraba en México en esa época era la obtenida en Tampico en 1829. [ cita requerida]

Como decía la convocatoria, tras darse a conocer al ganador de la letra se abrió el concurso de la música, se realizó como se decía en un mes, siendo ganadora la obra del músico italiano Giovanni Bottesini, pero simplemente no gusto, además fue acusado de musicalizar y dar a conocer por fuera del concurso su propuesta, lo cual era contrario a los términos del concurso. Debido a eso, el concurso se prolongó hasta los ciento ochenta días, mientras el 18 de mayo de 1854 estreno formalmente su propuesta en el Teatro Santa Anna con las voces de la soprano Enriqueta Sontag y el tenor Gaspar Pozzolini, pero aun así no fue del agrado del público en general.[16]

Tras esa prolongación a ciento ochenta días, fue la propuesta del músico español Jaime Nunó Roca la que ganó. Por entonces Nunó era director de las bandas militares del ejército nacional, ese puesto lo había logrado por invitación de Antonio López de Santa Anna quien lo había conocido en uno de sus varios exilios en Cuba. Su obra con el seudónimo Dios y Libertad, fue declarada ganadora el 12 de agosto de 1854 por medio del Diario Oficial del gobierno de la República Mexicana.[16]

Poco más de un mes después, la noche del 15 de septiembre de 1854, fue interpretado públicamente por primera vez el himno, en el entonces famoso Teatro Santa Anna, que por entonces cerraba al poniente la calle que hoy se llama 5 de Mayo en el hoy llamado Centro Histórico de la ciudad de México que en aquella época era lo único que se llamaba ciudad de México. Luego de algunas palabras del poeta Francisco González Bocanegra se interpretó el himno, dirigido por Giovanni Bottesini y las voces de Claudina Florentini, Lorenzo Salvi y coros del teatro a cargo de René Masón y Pedro Carvajal, esa primera vez no fue el estreno oficial ya que solo hasta el día siguiente fue cuando Antonio López de Santa Anna en su carácter de presidente asistió a su interpretación, por parte de Balbina Steffenone y Lorenzo Salvi. Al contrario de todos los intentos anteriores su éxito fue casi inmediato y su partitura se vendió en las calles.[16]

Su rechazo y aceptación

Pero no duro mucho su fortuna, el 9 de agosto de 1855 Antonio López de Santa Anna deja la presidencia por última vez y abandona México, Jaime Nunó le sigue a la Habana y luego se pierde en los EE.UU.; A la vez Francisco González Bocanegra se esconde en casa de un tío para evitar represalias y no vuelve ponerse a descubierto del público, muere de tifo el 11 de abril de 1861 a sus 37 años. La causa de ese repentino cambio es por la llamada Revolución de Ayutla que desde el 1 de marzo de 1854 venia impulsando un cambio de gobierno, federalista y liberal.[16]

Por la Revolución de Ayutla los grupos liberales y federalistas se hacen del poder e inicia la llamada Época de la Reforma, que traería personajes como Benito Juárez, Melchor Ocampo, Ignacio Ramírez, Miguel Lerdo de Tejada, Guillermo Prieto, Juan N. Álvarez e Ignacio Comonfort, como eran contrarios a Santa Anna hicieron lo posible para que se olvidara el himno santanista, si bien no lo prohibieron de ninguna manera alentaron su interpretación pero poco a poco el himno fue ganando adeptos.[16]​ Por ejemplo, al final de la Guerra de Reforma cuando las tropas federales retomaban la ciudad de México el Gral. Liberal Florencio María del Castillo relata que:

La comitiva se detuvo frente al primer arco para escuchar el himno, cuya letra sentimos no haber conseguido. Terminado el himno, fue entonada la Marsellesa, esa marcha que conmueve los corazones de todos los pueblos y la multitud repitió el estribillo.[16]

De lo anterior se puede ampliar que hasta la llamada Segunda Intervención Francesa el himno más popular en México entre los liberales y muchos otros grupos era La Marsellesa, y que aun durante la guerra en el Segundo Imperio Mexicano era el himno preferido por Benito Juárez para ser tocado en su presencia como Presidente de México. Otro himno muy popular, aunque no fue escrito como tal, fue obra de Guillermo Prieto quien la había escrito como poema satírico en 1853, apareció en su libro de 1854 “Viajes de Orden Suprema”, ese poema musicalizado había sido presentado al concurso santanista por Guillermo Prieto a través de un tercero y titulada “La Marcha de los Cangrejos”, obviamente no ganó, pero para 1864 al inicio del Segundo Imperio Mexicano ya era una de las canciones más populares en México, al punto de que el propio Emperador Maximiliano solicitó que se tocara en su presencia durante una visita a la ciudad de Guanajuato en 1864, como una manera de congraciarse con los liberales, pero el efecto fue un severo susto e indignación de los grupos conservadores y monárquicos que lo apoyaron para llegar al trono. De ese himno informal Melchor Ocampo cuenta que

Los cangrejos, convertidos en himno popular, formulaban el regocijo y el orden y la concordia embellecían un día que lo sobreponen en grandeza a la recepción del Ejército Trigarante.(Sic)[16]

Otra obra que llegó a ser muy popular y usada como himno fue “Adiós Mamá Carlota” que solo por su letra no terminó por oficializarse. En todo caso al final de la guerra y con la República Restaurada, el himno santanista volvió a tener presencia, si no es que la tuvo durante toda la guerra, aunque con varias modificaciones, por ejemplo en 1864 el presidente Benito Juárez discutió con varios sobre ciertas modificaciones a la letra, le sugerían suprimir la referencia al “Guerrero inmortal de Zempoala”, a lo que contesto:[16]

Al Himno Nacional no se le quita ni una sola nota, ni una sola palabra.

Otro cambio que sí perduró fue en la séptima estrofa, cambiando, “Si a la lid contra Estado enemigo” por “Si a la lid contra hueste enemiga”, además de muchas otras que no perduraron.[16]

Tras esa época llegó la presidencia de Sebastián Lerdo de Tejada hermano de quien siendo oficial mayor firmó la convocatoria al concurso de 1853, al parecer desde ese momento se impulsó el uso del himno santanista aunque con modificaciones. Tras la caída de su gobierno por el Plan de Tuxtepec, el nuevo presidente Porfirio Díaz empezó a usar el himno santanista de común para las ceremonias oficiales.[16]

Siglo XX

En 1901 es redescubierto, por decirlo de alguna manera, el compositor Jaime Nunó. Un grupo de mexicanos que estaban de viaje por Estados Unidos lo encuentra en la ciudad de Buffalo, Nueva York, lo dan a conocer al presidente y este lo invita a visitar México, acepta y durante su visita por primera vez dirige orquesta y coros para interpretar el Himno Mexicano, pero su visita no resulta cálida y regresa a Nueva York. Para entonces era ciudadano estadounidense. En 1904 vuelve a ser invitado con motivo de los cincuenta años del Himno, con mucho más éxito que la visita anterior, esa fue la última vez que, vivo, tocó suelo mexicano, ya que muere el 18 de julio de 1908 en Bay City, Nueva Jersey. Durante su primera visita el 11 de febrero de 1901 tras una sesión solemne se anunció que el Congreso de la Unión concedía a Jaime Nunó y González Bocanegra la cantidad de dos mil pesos de entonces como contraprestación y premio por el concurso de 1853. Por parte de González Bocanegra, el dinero fue recibido por Mercedes Serralde de González Bocanegra como heredera del poeta, además a Nunó se le dieron los 388 pesos que puso de su bolsillo para hacer la primera tirada de la partitura en 1854, lo cual él ratificó en una entrevista al diario El Imparcial del 9 de julio de 1901.[16]

Durante las celebraciones del Centenario de la Independencia se vuelve normal el uso del himno santanista y se le empieza a llamar corrientemente como “Himno Nacional Méxicano”. Durante la Revolución Mexicana ya tiene el sello de aprobación popular y oficial, pero sin una reglamentación clara, se interpreta con las estrofas a gusto del intérprete, aunque algunas ya se destacan entre las diez, cuatro de ellas en concreto. Para la llamada Guerra Cristera incluso se usa por parte del gobierno anticlerical la segunda estrofa que dice:[16]

“…/de la paz el arcángel divino/'que en el cielo tu eterno destino/por el dedo de Dios se escribió/...

La primera vez que se grabó el Himno en un medio sonoro fue el 28 de julio de 1922 por la cantante duranguense Fanny Anitúa. Su versión, al decir de muchos, fue deficiente y modificada, lo que causó gran polémica al grado de requerir una revisión oficial, por parte del Consejo Cultural del Distrito Federal. La revisión fue llevada a cabo por José López Portillo y Rojas, Manuel Barajas y Julián Carrillo. Durante esta revisión se conoció la pérdida de los textos originales, entonces el grupo recurrió a la familia de González Bocanegra, quienes entregaron originales del estribillo y las estrofas, también se consiguió una primera edición del Himno bajo el sello de la Casa Murguía en 1854. Por otra parte, una de las familias pudientes de la época, identificada como Pérez Salas, obsequió una instrumentación del Himno que el mismo Jaime Nunó envió a la plana mayor del Ejército Nacional y a la Dirección General de Artillería, uno de los que pagó con 388 pesos.[16]

Esa revisión demostró los varios cambios que había sufrido el Himno, así como la dificultad de interpretarlo completo, por eso se empezó a limitar el número de estrofas, pero sin seguir una formalidad. Por eso el 4 de mayo de 1943, el entonces Presidente de México, Manuel Ávila Camacho, durante la participación de México en la Segunda Guerra Mundial, promulgó un Decreto que oficializaba el Himno y lo limitaba a las estrofas I, V, VI y X, más el estribillo. Por ese decreto se prohibió alterar, corregir o modificar la letra o la música. Ese decreto se formalizó aún más y conjugó con los otros símbolos patrios el 23 de diciembre de 1967 por la Ley sobre las características y el uso del Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales, ley que fue suprimida en 1984 por la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales, la cual es el ordenamiento que la rige hasta hoy[ actualizar].[16]

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