Hermanos Pincheira | orígenes

Orígenes

Primeras guerrillas en Chile

Las primeras montoneras surgieron con la derrota del brigadier Antonio Pareja (1757-1813), en el invierno de 1813. El ejército realista se refugió en Chillán y fue asediado por el general José Miguel Carrera (1785-1821), el clima fue devastador para los soldados patriotas. En esos meses, las tropas de la Junta de Santiago se hicieron con la mayor parte del territorio al sur del Maule a excepción de Chillán y Talcahuano, cometiendo numerosos abusos contra la población sureña -quemar cosechas, saquear pueblos y fusilar prisioneros-,[11]

Surgen partidas encabezadas por los terratenientes locales, como el comandante de las milicias chillanejas, coronel Clemente Lantaño (1774-1846), y su hermano Ramón. Inicialmente partidarios de Bernardo O'Higgins (1778-1842) y la junta penquista, cuando Carrera se hizo con el poder se pasaron a la causa monárquica.[13]

En ambos ejemplos, los hacendados formaron milicias con los inquilinos de sus fundos Cucha-Cucha (Urréjola)[16]

Al inquilino le obligan lazos de lealtad con sus patrones, negarse significa ser expulsado de las tierras y enfrentar con su familiar el vagabundaje, el hambre y quizás la muerte.[19]

Acosando a las fuerzas juntistas que asediaban al ejército regular en Chillán, Lantaño y Urréjola juntaron sus partidas, 1200 hombres con cuatro cañones. El 17 de octubre emboscaron a la columna del coronel O'Higgins en El Roble. La acción acabó en una victoria pírrica de los patriotas.[21]​ partisanos que iniciaron el ataque en la madrugada a las órdenes de Luis de Urréjola y Juan Antonio Olate.

En 1814, cuando Mariano Osorio (1777-1819) avanzó al norte esas guerrillas se sumaron al ejército realista. Sus rangos fueron reconocidos por el militar español[23]

Durante la llamada Guerra de Zapa (1815-1817) partidas de guerrilleros patriotas emprendieron robos y saqueos contra las propiedades de los que consideraban realistas. Algunos como José Miguel Neira (1775-1817), quisieron continuar sus actividades tras Chacabuco, pero las nuevas autoridades independientes lo consideraron inconveniente, finalmente se darán casos como la ejecución del mismo Neira.[1]

Bandolerismo social

Por otra parte, aprovechando el caos y debilidad institucional surgieron numerosas partidas de bandoleros, muchos de ellos nunca tomaron bando o lo cambiaron constantemente, dedicándose al pillaje.[2]

El fenómeno del bandolerismo era muy frecuente en el Chile rural desde finales del siglo XVIII, cuando se inició un exceso de población flotante (peones) que vagaba permanentemente sin hogar ni trabajo.[28]

Sur de Chile después de Chacabuco

Mapa de la cuenca del Biobío.

Después de la batalla de Chacabuco, el 12 de febrero de 1817, mientras las autoridades independentistas intentaban consolidarse en el centro del país para avanzar hacia el sur, gran parte del territorio nominalmente realista carecía de autoridades, produciéndose un enorme estallido anárquico de violencia social en toda la provincia de Concepción y que no se detuvo hasta la ocupación patriota definitiva en 1819. En esos años cada persona y comunidad debía autodefenderse de asaltantes que en nombre de algún bando buscaban robar sus bienes.[29]

Además, muchos partidarios del rey tomaron las armas por iniciativa propia para defender su causa, uniéndose a los soldados fugitivos en el territorio.[35]

Los comandantes de las guerrillas autónomas eran hacendados y jueces territoriales, o bien pequeños propietarios, inquilinos, arrieros, capataces, como también bandoleros de renombre. Los integrantes eran campesinos, soldados, desertores, vagabundos, delincuentes y prisioneros fugados de cárceles y presidios.[37]

Se inicia la Guerra a Muerte, considerada como la única gran insurrección que ha habido en Chile. Sus protagonistas eran los peones sin tierra, hombres que vagaban sin hogar y trabajaban el día por cualquier patrón.[38]

Los Pincheira pueden ser englobados en la resistencia que «los pueblos» hispánicos inician en mayo de 1808 contra la expansión del ideario de la Revolución Francesa y la penetración económica británica llevados de consumo por las burguesías europeas, incluyendo sectores minoritarios en España y América, y tanto por las bayonetas napoleónicas como por el comercio inglés, con su respaldo naviero militar (...).[39]

Por dicho dicho carácter de defensa de la tradición, los usos y costumbres legales, la fe católica y la monarquía,[42]

Al comienzo de la guerra Santiago carecía de ejército regular, dependía casi exclusivamente de milicias,[47]

El 7 de noviembre de 1811, la Junta de Gobierno ordenó un padrón de población, aunque sólo el obispado de Concepción (dividido en 33 curatos) entre 1812 y 1813:

Población de la diócesis de Concepción
(publicado en Concepción el 20 de diciembre de 1813)[48]
Curato Población
Partido de Concepción 17.460
Concepción 10.512[n 2]
San Pedro 495
Talcahuano 2.219
Colcura 697
Arauco 3.537
P. Isla de la Laja 23.581
Los Ángeles 15.346
Nacimiento 4.707
Santa Fé 897
San Carlos 984
Santa Bárbara 1.647
P. Chillán 20.941
Chillán 14.576[n 3]
Pemuco 6.365
P. Cauquenes 31.815
Cauquenes 21.099
Huerta de Maule 10.716
P. Itata 21.150
Cohelemu 6.897
Ninhue (la mitad) 5.014
Quirihue 7.034
Ranquil 2.205
P. Puchacay 16.283
Florida 10.374
Hualqui 2.763
Mochita 343
Penco 2.803
P. Linares 27.119
Linares 15.066
Parral 12.053
P. Rere 19.772
Rere 7.262
Santa Juana 2.380
San Cristóbal 220
Talcamávida 2.724
Tucapel 2.153
Yumbel 5.033
P. Valdivia 13.650
Valdivia 10.334[n 4]
Osorno 3.316

Relaciones con las tribus de la Araucanía

La población araucana se dividía en cuatro grandes butalmapu: el Lafkenmapu de los costinos (entre Nahuelbuta y la costa); el Lelfünmapu de los abajinos o llanistas (en el valle central); el Inapiremapu o Wentemapu de los arribanos (primeros valles de la precordillera) y el Piremapu o Pewenmapu de los pehuenches (interior de la precordillera).[53]

Los patriotas intentaron ganarse el apoyo de las tribus araucanas desde el principio: el 24 de septiembre de 1811 se celebró un parlamento en Concepción, pero solo asistieron los caciques abajinos y algunos costinos que reconocieron a las autoridades juntistas y prometieron apoyo.[51]

Arribanos y pehuenches eran estimados en diez mil y veinte mil personas respectivamente, según un estudio de 1805.[59]

Guerra social

Aunque muchos aristócratas se sentían deseosos de una revolución, el populacho se sentían más identificado con la causa realista por la identificación de esta con la religión y la tradición.[68]

Paulatinamente, la guerra civil entre monarquistas y republicanos adquiría el perfil de una guerra social entre plebeyos y patricios. (...)
De una parte, la gente de fortuna respaldaba la causa republicana, mientras un segmento del populacho se sumaba a la guerra, facilitando la causa monárquica. Lo que militarmente podía ser un acierto, tan solo profundizaba un error político, pues se hizo más evidente la identificación del nuevo régimen con el patriciado. Empero, con el apoyo de los terratenientes, el gobierno obtuvo algunas victorias militares.[69]

Una vez que los terratenientes vieron que sus intereses y propiedades no serían amenazados por el nuevo orden republicano abandonaron mayoritariamente la causa legitimista.[73]

Otro grupo importante que se sumó a las filas de las guerrillas fueron los desertores tanto del ejército chileno como las «milicias villanas», cuyas tropas estaban formadas por campesinos reclutados a la fuerza, cuyos sueldos rara vez llegaban a tiempo, con raciones mínimas o inexistentes y en riesgo de morir por una causa que no era la suya.[81]

Para 1825 casi todos las guarniciones sureñas habían sufrido la deserción de los soldados reclutados entre el peonaje, llevando a instituir recompensas a quien entregara a los desertores, siendo estos últimos usualmente ejecutados. Solo las levas constantes de «vagabundos y malhechores» pudieron compensar estas bajas.[83]

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