Guerra del Asiento | consecuencias

Consecuencias

La guerra del Asiento, supuso la mayor derrota sufrida por la Royal Navy en su historia. Se podría decir que la guerra entró en punto muerto a partir de 1742 (si se exceptúan las acciones menores de Anson y Knowles) pero el estallido de la guerra de Sucesión Austriaca en Europa, en la que España y Gran Bretaña tenían intereses enfrentados, provocó que no se firmara paz alguna hasta el Tratado de Aquisgrán de 1748. Éste puso fin a todas las hostilidades, retornando prácticamente todas las tierras conquistadas a quienes las gobernaban antes de la guerra con el fin de garantizar el retorno al statu quo anterior.

En el caso de la América española, la acción del tratado fue prácticamente inexistente, ya que al final de la contienda ningún territorio (con la excepción de Louisbourg, que retornó a manos francesas) permanecía bajo otra ocupación que no fuera la original. España renovó tanto el derecho de asiento como el navío de permiso con los británicos, cuyo servicio se había interrumpido durante la guerra. Sin embargo, esta restitución duraría apenas dos años, ya que por el Tratado de Madrid (1750), Gran Bretaña renunció a ambos a cambio de una indemnización de cien mil libras. Estas concesiones, que en 1713 parecían tan ventajosas (y constituyeron unas de las cláusulas del Tratado de Utrecht), se habían tornado prescindibles en 1748. Además, entonces ya parecía claro que la paz con España no duraría demasiado (se rompió de nuevo en 1761, al sumarse los españoles a la guerra de los Siete Años en apoyo de los franceses), así que su pérdida no resultaba para nada catastrófica.

La derrota británica en América y en especial en Cartagena de Indias aseguró la preponderancia española en el Atlántico hasta finales del siglo XVIII, a pesar de las continuas rivalidades con Gran Bretaña y Francia. Si Vernon hubiese tenido un éxito rotundo en su campaña, los británicos podrían haber exigido la paz antes del estallido de la contienda austríaca y probablemente habrían reclamado la entrega de Florida, Cuba e incluso porciones de la costa de Nueva Granada. Esto habría convertido el Caribe español en un mar británico (como se pretendía) y a la larga, podría haber precipitado el expansionismo británico sobre México, al igual que la ocupación de Terranova durante la guerra de Sucesión Española acabó conduciendo a la desaparición del Imperio colonial francés en Norteamérica medio siglo después. No cabe duda que, en este caso, la configuración del mapa político americano posterior hubiese sido muy diferente.

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