Gonzalo de Alvarado | la campaña contra los pipiles de cuzcatlán

La campaña contra los Pipiles de Cuzcatlán

Cuzcatlán (o "Cuscatán" en lengua náhuatl) era la provincia más importante a la llegada de los españoles; albergaba 90 pueblos dentro de sus 7000 kilómetros cuadrados, de los que 33 eran “chontales”, nombre con el que los pipiles llamabas a chortís y pocomames (etnias de cultura maya). Los 47 restantes componían la provincia de Cuzcatlán y todos, con excepción de uno (los lencas), eran de habla nahuatl ó alajuilak (una lengua que combinaba elementos del chortí y el nahuatl). Los Pipiles eran una nación con gran influencia Tolteca y Azteca y no tenían un sistema político unificado, sino más bien un sistema de tributo a la ciudad de Cuzcatlán. Cuzcatlán proviene de la palabra indígena Cuscau (alhaja, joya) y puede traducirse como “Ciudad de las joyas” o “Lugar de riquezas”, dominando al resto de cacicazgos que los pipiles se habían apropiado desde el año 1200 aproximadamente (los pipiles habían llegado a la zona 300 años antes), formando una especie de federación aunque con el debido vasallaje al señor de Cuzcatlán. A la conquista de Cuzcatlán, Gonzalo de Alvarado acompañó a su hermano Pedro de Alvarado, que partió con un éjercito compuesto de 250 españoles y 6000 “indios amigos” como tropas auxiliares, a quienes se le sumaron varios cientos de guerreros cakchiqueles. De acuerdo con la cronología del historiador Jorge Lardé y Larín, entraron en lo que es hoy territorio de El Salvador el 6 de junio de 1524, cruzando el río Paz en la costa de Ahuachapán. Tras pasar por un par de poblaciones, que hayaron desiertas, continuaron hacia el sur y se adentraron en el territorio del señorío de Izalco. Los expedicionarios tuvieron su primer encuentro en las inmediaciones de Acaxual (actual Acajutla) el 8 de junio, donde se libró una de las más feroces batallas de la conquista. El ejército pipil presentó batalla en campo abierto y fue aniquilado casi por completo. Sin embargo, no fue fácil la victoria para los españoles y sus aliados, pues perecieron también muchos auxiliares, algunos soldados españoles, e incluso su hermano y capitán de las tropas Pedro de Alvarado recibió un flechazo en la pierna izquierda, lanzada presuntamente por el príncipe Atonal (Sol de agua), aunque actualmente la existencia de este personaje está discutida (sin embargo aparece en las crónicas españolas de la época), que lo mantuvo durante ocho meses entre la vida y la muerte y lo dejó cojo de por vida. El propio Don Pedro de Alvarado describe en los siguientes términos la batalla:

"...nos persiguieron todos gritando, hasta llegar a las colas de nuestros caballos y sus flechas que lanzaban caían adelante de nuestros delanteros y cada momento avanzábamos todos ganando el llano, ya todo era llano para ellos y para nosotros. Y cuando habíamos retraído un cuarto de legua y ellos siguiéndonos, y estábamos adonde a cada uno le habrían de valer solo las manos y no el huir de vuelta sobre ellos con toda la gente y rompimos por ellos, y fue tan grande el destrozo que en ellos hicimos que en poco tiempo no había ninguno vivo, porque venían tan armados que el que se caía al suelo no se podía levantar por sus corseletas de algodón de tres dedos hasta los pies y sus flechas y lanzas muy largas. En cuanto se caían nuestra gente de a pie los mataban a todos. En este encuentro me hirieron muchos españoles y yo con ellos. Me dieron un flechazo que me pasó la pierna y entró la flecha en la silla de montar, quedando yo clavado al caballo, y de la cual herida quedé lisiado, que me quedó una pierna más corta que la otra bien cuatro dedos"

Las crónicas españolas explican que Atonal y algunos guerreros consiguen huir y sobreviven a la carnicería.

Tras la batalla, los conquistadores se repliegan y permanecieron cinco días en Acaxual, recuperándose del combate. Finalmente el 13 de junio de 1524 avanzaron sobre Tacuzcalco, donde los pipiles presentaron un poderoso ejército de aproximadamente 5000 guerreros que esperaba a los invasores en formación y armados en su mayoría con largas "...lanzas de 30 palmos todas enarboladas...", de nuevo al mando del príncipe Atonal. Aunque Pedro de Alvarado pudo penosamente desplazarse a caballo para dar órdenes en la batalla, finalmente confía la dirección del combate a Gonzalo. Las tropas españolas se organizan con Gómez de Alvarado por el flanco izquierdo, con 30 caballos; por el flanco derecho, el mismo Gonzalo de Alvarado, con 20 hombres a caballo; y por el centro, Jorge de Alvarado, con el grueso de la tropa. De nuevo barren del campo de batalla a los gerreros pipiles -“Aquí se hizo muy grande matanza y castigo”- narró el conquistador. Tras la batalla, el mismo Gonzalo de Alvarado persigue y mata al rebelde Atonal de 2 disparos cuando intenta huir del lugar.

Dos días más tarde se marcharon a Mihuatlán; luego a Atehuan o Ateos (actualmente cantón del municipio Sacacoyo), donde recibieron mensajeros de los señores de Cuzcatlán, y finalmente entraron en esta ciudad el 17 de junio de 1524. Allí los conquistadores fueron recibidos pacíficamente por el rey Atágat, conocido como Atlacatl “El Viejo” (aunque actualmente la existencia de este personaje está discutida, sin embargo aparece en las crónicas españolas de la época). Esto no evitó actos de pillaje, lo que precipitó la huida de casi todos sus habitantes hacia los montes aledaños, según palabras de Pedro de Alvarado, “halló todo el pueblo alzado, y mientras nos aposentábamos no quedó hombre de ellos en el pueblo, que todos se fueron a las sierras”. Los españoles creyeron que se trataba de un acto de rebeldía y esa misma noche, Pedro de Alvarado giró la orden de matar a la nobleza de Cuzcatlán, ahorcando al rey y a su corte. Este acto despertó las iras del pueblo cuscatleco. El cacique Atacatl “El Joven” (su existencia también está discutida en la actualidad y es posible que se trate de un cargo más que de un personaje) y sus soldados estaban dispuestos a vengarse o a morir. Ante la incapacidad de llamar a sumisión a los rebeldes, Pedro de Alvarado convocó al hijo del rey asesinado. La respuesta del noble cuscatleco es histórica: “Si queréis las armas, venid a traerlas a las montañas”. Iracundo, Pedro de Alvarado mandó atacar a los pipiles infructuosamente en las serranías: perdió once caballos, algunos soldados españoles, gran número de nativos de las tropas auxiliares y su calidad de capitán invicto. Don Pedro confiesa así su derrota en la capital de los pipiles: “Sobre estos indios de Cuzcatlán, que estuve diecisiete días, que nunca por entradas que mandé hacer, ni por mensajes que les hice, como he dicho, los pude atrar por la mucha espesura de los montes y grandes sierras y quebradas y otras muchas tierras que tenían”.

Pedro de Alvarado, cuyo firme propósito era pasar en Cuzcatlán la estación de lluvias, dada la situación y la falta de provisiones, decide salir de las inmediaciones de la ciudad fortaleza de los pipiles el 4 de julio de 1524, para volver a la ciudad de Santiago de los Caballeros, en el territorio de sus aliados Cakchiqueles: “Acórdeme —agrega— a volver a esta ciudad de Guatemala y de pacificar de vuelta la tierra que detrás dejaba (los pipiles de Cuzcatlán), y por cuanto hice y en ellos trabajé nunca los pude atraer al servicio de su majestad; porque toda esta costa del sur por donde fui es muy montañosa, y las sierras cerca, donde tienen acogida”. Su hermano Gonzalo va en todo momento junto a él.

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