Gonzalo de Alvarado | la expedición al territorio de los mames

La expedición al territorio de los Mames

Durante la época prehispánica, el señorío de los mam era de los más vastos territorialmente, pues comprendía los actuales departamentos guatemaltecos de Huehuetenango, Totonicapán, Quetzaltenango, San Marcos y la provincia de Soconusco (ahora territorio mexicano); pero debido a las cruentas luchas entre las diferentes tribus, este territorio fue desmembrado, especialmente por la invasión de los quichés al mando del rey Quicab, conocido como Quicab el grande, y sus aliados los cakchiqueles, obligando a los mames a abandonar parte de sus extensos dominios, replegándose a la zona montañosa.[3]

A mediados del año 1525, uno de los caciques quichés, Tepepul, informó malintencionadamente a los españoles que el intento inicial de encerrarlos y quemarlos en Gumarcaaj había sido por consejo de Caibil Balam, señor de los mames, quien hasta ese momento les había estado ayudando con gente y apoyo logístico. Con dicho informe el dirigente quiché pretendía ganar la amistad y benevolencia de los conquistadores.

En el mes de julio del año 1525, Gonzalo de Alvarado parte hacia el noroeste del territorio junto a un pequeño grupo de 80 soldados españoles (40 de ellos a caballo) y 2000 guerreros, la mayoría tlaxcaltecas y algunos mexicas (Aztecas), aliados de los españoles, a los que añadió 300 naturales para que realizaran el trabajo de hacheros, macheteros y azadoneros, y además un gran número de cargadores tamemes. Partieron en busca de la capital del señorío de los Mames que en época prehispana se conocía por Shinabajul o Xinabajul, (significa "entre barrancos" en lengua mam). Xinabajul fue conquistada por el rey quiché Quicab el grande en el siglo XV de nuestra era, y cambió el nombre de la capital por Zakuleauab o Zaculeu (que significa "Tierra Blanca"). En cambio, los indígenas tlaxcaltecas que les acompañaban utilizaban el término ahuehuetles para referirse a la capital de los mames (en idioma nahuatl algunos interpretan como "lugar de los viejos" ó "lugar de los sabios", aunque posiblemente la llamaron así por la abundancia del árbol llamado sabino, que crece en grandes cantidades en los márgenes del río Selegua y que en la zona del actual México de donde provenían se conoce como ahuehuetle, por lo que los intérpretes de estas etnias lo llamaron ahuehuetles, o sea Ahuehuetlenango, que posteriormente se cambió por Ueuetenango, Vevetenango, Güegüetenango, hasta llegar a lo que hoy se conoce como Huehuetenango).

El viaje fue largo y accidentado. Al llegar a una llanura divisaron el pueblo de Mezatenango, defendido por un numeroso contingente de guerreros que se habían hecho fuertes en una fortaleza fabricada de gruesos troncos. Los indígenas recibieron con gran griterío, flechas, lanzas y piedras a los extranjeros. Los soldados se lanzaron al asalto de la trinchera sin conseguir tomarla. Entonces Alonso de Luarca embistió al mando de la caballería y consiguió hacer una brecha en la empalizada, por donde se introdujo con los suyos. Los indígenas son entonces reducidos y su pueblo tomado.

Más adelante les salieron al encuentro cinco mil guerreros de Malacatán, un cacicazgo sujeto al señorío Mam de Zaculeu. Nada más comenzar la batalla, Luarca avanzó con la caballería y rompió la primera línea formada por arqueros. Los soldados españoles de infantería y las tropas auxiliares que venían detrás se encargaron de rematar la acción de la caballería. El segundo frente de los malacatanes lo formaba un contingente de guerreros portadores de largas lanzas, con las cuales mataron algunos caballos e hirieron a varios soldados. Animados por su cacique Ca-Ilocab, los mames peleaban bravamente y ya casi tenían ganada una elevación del terreno con clara intención de dejarse luego caer por la espalda del ejército español, cuando Alonso de Luarca se percató del hecho y tras advertir a grandes voces del peligro a Gonzalo de Alvarado, se lanzó a proteger aquel frente. Enseguida se trabó una sangrienta pelea que terminó cuando Gonzalo de Alvarado pudo matar de un lanzado a Ca-Ilocab. La muerte de su jefe propició una desbandada general de los guerreros malacatanes. Luarca y demás soldados les persiguen hasta Malacatán (ahora conocido como Malacatancito), población en que solamente encontraron a viejos y enfermos, ya que los demás habían huido a los montes. Al día siguiente varios caciques de la comarca vinieron a visitar a los españoles, ofreciéndoles su sumisión. Mientras tanto, Gonzalo de Alvarado dejó al cuidado de Malacatán a Bernardino de Oviedo al frente de un contingente de 10 soldados y 200 guerreros mexicanos.

Finalmente se dirige Gonzalo de Alvarado hacia la capital del territorio de los mames. Al llegar a las proximidades de la actual Huehuetenango, los expedicionarios recelaron de la gran quietud que reinaba en el lugar. Por orden de Alvarado, Alonso de Luarca se adelanta a inspeccionar la ciudad, que encuentra desierta, sin provisiones y con muchas de sus casas destruidas por los propios pobladores. Caibil Balam, cacique del lugar, se había retirado con la mayoría de sus fuerzas a la casi inexpugnable fortaleza de Zaculeu, próxima al lugar.

Fuera del recinto amurallado estaba apostado un ejército de unos 6000 guerreros, originarios de Cuilco, Ixtahuacán y Zaculeu, dispuestos a rechazar a los invasores. Gonzalo de Alvarado envía contra ellos a la infantería, que pronto se encontró en grave aprieto por la lluvia de saetas, piedras y lanzas que les arrojaban los defensores. Los guerreros mames lograron matar 40 hombres de las tropas auxiliares, e hirieron a ocho infantes españoles. Avanza entonces Alonso de Luarca con la caballería por el ala izquierda del ejército enemigo y «lo rompió por muchas parte atropellándoles al choque con espantosa furia; haciendo cada jinete muy ancho campo por donde acometía, y todos juntos estrago lamentable con las lanzas» (Fuentes y Guzmán). Durante la carga, mueren tres caballos, que los capitanes castellanos valoraban más que a sus mismos infantes. Gonzalo de Alvarado ataca entonces con la infantería y los "indios amigos", y aunque resulta herido, termina por desbaratar por completo a los mames, que dejando a más de trescientos de los suyos muertos en el campo de batalla se tienen que replegar a la fortaleza. En esta batalla los castellanos hicieron un rico botín con las piezas de oro (patenillas) que arrancaron de los cuellos y vestimentas de los naturales muertos. Fue entonces cuando Gonzalo de Alvarado decide establecer un campamento a 5 kilómetros de la fortaleza y así se funda la ciudad de Huehuetenango. Los españoles inician el asedio del recinto, cortando todos sus suministros. Varias semanas después, Caibil Balam, carente de víveres —los sitiados habían llegado a comer los cadáveres de sus compañeros muertos—, solicitó la paz y se entregó con los suyos a Gonzalo de Alvarado, quien los trató con gran miramiento. En octubre de 1525, después de cuatro meses de campaña, los expedicionarios españoles regresaron a su base de Santiago de los Caballeros.

A raíz de la sublevación del pueblo Cakchiquel, la incipiente ciudad colonial de Santiago de los Caballeros, tuvo que trasladarse provisionalmente a Xepau u Olintepeque, cerca de Quezaltenango. Los españoles se ven forzados a la sofocación de la revuelta, al parecer ocasionada por los abusivos tributos impuestos por Pedro de Alvarado. En una de estas acciones punitivas, algunos soldados españoles son heridos durante el asalto de Xalpatagua, fortaleza edificada en un inaccesible peñol protegido por fosos y barrancos. Al final, luego de tres días de sangrientos combates, se logró tomar el lugar a costa de la pérdida de numerosas vidas de cakchiqueles y españoles.




En el año 1527 el capitán Alonso de Luarca, al mando de una compañía de españoles e indígenas auxiliares, acompaña a Pedro Portocarrero (lugarteniente de Pedro de Alvarado y casado con Leonor Alvarado Xicotencatl, hija de Pedro de Alvarado) a sofocar el levantamiento de los cakchiqueles del valle de Sacatepéquez. Después de fuertes enfrentamientos se logró pacificar la zona. A pesar de ello, la ciudad capital de Santiago de Guatemala (en el Valle de Almolonga), de la que fue primer alcalde Gonzalo de Alvarado, sería definitivamente trasladada en 1542 al valle de Panchoy.

Finalmente, Gonzalo de Alvarado falleció en México, donde testó el 11 de enero de 1541.

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