Golpe de Casado | el golpe

El golpe

El prólogo: la sublevación de Cartagena y la huida de la flota republicana

Cartagena y su base naval hacia 1900.

El jueves 2 de marzo de 1939 el comandante de la Flota republicana, el almirante Miguel Buiza, que estaba implicado en la conjura del coronel Casado (y también había participado en la reunión de los altos mandos militares republicanos con Negrín en la base de Los Llanos), convocó en Cartagena a los mandos y a los comisarios de la flota para informarles de la inminente constitución del Consejo Nacional de Defensa que iba a sustituir por la fuerza al gobierno. Pero Negrín, que tenía conocimiento a través del SIM de la existencia de la conjura, ese mismo día 2 había nombrado al coronel Francisco Galán (un veterano militante comunista que había combatido en la campaña de Cataluña) nuevo jefe de la base naval de Cartagena en sustitución del general Carlos Bernal. El nombramiento iba a aparecer en el Diario del Ministerio de Defensa al día siguiente, 3 de marzo, y para explicar a los mandos de la Base y de la Flota el nombramiento y que la resistencia era todavía posible, Negrín envió desde la "Posición Yuste" a Cartagena a su ministro de la Gobernación, Paulino Gómez, ese mismo viernes 3 de marzo, aunque tuvo que volverse sin haber conseguido su propósito debido a la hostilidad con que le recibieron parte de los militares y marinos con los que se reunió. Por eso Negrín decidió que la 206.ª Brigada Mixta, con base en Buñol (Valencia) y bajo el mando del comandante Artemio Precioso, acompañaría a Galán a tomar posesión de su nuevo destino, como jefe de la base naval de Cartagena. No sustituyó también al almirante Buiza porque no pudo encontrar ningún marino de alta graduación que fuera favorable a la política de resistencia.[72]

Pero en Cartagena además de la de los militares y marinos republicanos "casadistas" estaba organizada otra conjura dirigida por militares y civiles vinculados a la quinta columna franquista (que en Cartagena estaba formada por más de doscientas personas, en su mayoría miembros de las fuerzas armadas y de las de orden público, además de profesionales de las clases medias) que lo que pretendían era entregar la base y la flota al "Generalísimo" Franco.[76]

Crucero Miguel de Cervantes, buque insignia de la flota republicana

Las fuerzas franquistas que se habían apoderado de la base naval de Cartagena lanzaron un ultimátum a la flota republicana allí amarrada: si no zarpaba antes de las 12.30 horas sería cañoneada por las baterías de costa. Los oficiales de los barcos muy excitados se reunieron en el buque insignia el crucero Miguel de Cervantes con el almirante Buiza y con el comisario general de la escuadra, el socialista Bruno Alonso, (reunión a la que también asistieron el coronel Galán y el enviado de Negrín Antonio Ruiz que insistieron en los deseos del presidente del gobierno de que no hubiera derramamiento de sangre)[79]

S.B.D. de Cartagena a Burgos. Viva España. Arriba España. El general Barrionuevo al Generalísimo Ejército Español. Me hago cargo en nombre V.E. y ejército mando plaza de Cartagena. Tropas guarnición, ejército y marina están sumadas ejército salvador patria. Escuadra abandonó puerto rumbo desconocido

Mientras se luchaba en Cartagena por el control de la Base, la flota republicana seguía en alta mar. A las 2 de la madrugada del lunes 6 de marzo se recibían varios radiogramas con la noticia de que el golpe de Casado había triunfado y de que se había constituido en Madrid el Consejo Nacional de Defensa. Se produjo entonces gran confusión entre los oficiales de los barcos que aumentó cuando a las 4,20 horas desde la estación de Portman, en las cercanías de Cartagena, se ordenó en nombre del gobierno de Negrín que la flota retornara a su base.[81]

Buiza tras decidir ir a Bizerta encarecíó "a todos los buques que, dado el próximo fondeo en un puerto extranjero, se mantenga por las dotaciones de los mismos un perfecto estado de disciplina, uniformidad y corrección". Al principio de la tarde del martes 7, cuando la sublevación "profranquista" de Cartagena hacía horas que había sido completamente sofocada, la flota republicana, bajo control francés, fondeaba en la bahía tunecina de Bizerta. Nada más llegar las autoridades francesas les dijeron que los barcos serían entregados inmediatamente a Franco.[80]

Como manifestó un alférez de navío "profranquista" el objetivo de la sublevación de Cartagena había sido "hacer salir a la Flota" y eso se había conseguido:[82]

Nosotros habíamos recibido una consigna de Franco: hacer salir a la Flota. Desde el momento en que se había ido, aunque el movimiento [en la base naval] sea sofocado, no nos importa. Hemos logrado lo que nos proponíamos; dejar a la República sin su último baluarte de resistencia

La pérdida de la flota fue un durísimo golpe humano y político para Negrín. "No en vano, se quedaba sin el instrumento bélico que habría podido asegurar una evacuación mínimamente ordenada y segura de la población civil que pudiera embarcar en buques mercantes camino del exilio".[84]

Cuando decidí trasladarme a la zona centro-sur tenía la impresión de que habría un 90% de probabilidades de dejar la piel aquí, pero ahora ese porcentaje se eleva al 99%... Aquí ya no nos queda nada que hacer. Yo no quiero presidir una nueva guerra civil entre antifranquistas... Ya han comenzado las sublevaciones. Ahora ha sido Cartagena... y la Escuadra; mañana será Madrid o Valencia; ¿qué podremos hacer? ¿aplastarlas? No creo que valga la pena, la guerra está definitivamente perdida. ¿Que quieren ser otros los que negocien la paz? No me opondré

La ejecución del golpe y la constitución del Consejo Nacional de Defensa

Sede del Ministerio de Hacienda en Madrid.

Entre las 7 y las 8 de la tarde del domingo 5 de marzo de 1939 se reunían en el edificio del Ministerio de Hacienda de la calle Alcalá de Madrid el coronel Casado y los conjurados en el golpe de estado: militares que estaban convencidos de que "sería más fácil liquidar la guerra a través de un entendimiento entre militares", los representantes de los partidos políticos (Izquierda Republicana, Unión Republicana, el Partido Sindicalista y el sector "antinegrinista" del PSOE) y de las organizaciones sindicales anarquistas y socialistas comprometidas (UGT y CNT-FAI), y el socialista Julián Besteiro que acudía a título personal pero que era la cabeza de la parte civil de la conspiración.[85]

Controlada la capital por las fuerzas "casadistas", hacia las doce de la noche de ese mismo domingo 5 de marzo el coronel Casado y Julián Besteiro se dirigieron por radio a la "España antifascista", leyendo sendos manifiestos en los que justificaban el golpe que acababan de dar contra el gobierno de Negrín.[86]

Por la mañana del 6 de marzo todos los partidos políticos y organizaciones del Frente Popular, excepto el Partido Comunista de España hicieron públicos en Madrid manifiestos y declaraciones en los que prestaban su apoyo al golpe, tal como habían pactado semanas antes. Asimismo quedó constituido oficialmente el Consejo Nacional de Defensa presidido por el general José Miaja aunque los dos hombres fuertes del mismo eran el propio Casado que se reservó para sí mismo la Consejería de Defensa y Julián Besteiro que ocupó la de Estado. El resto de las consejerías, "con un valor más simbólico que real", fueron ocupadas por dos republicanos (Miguel San Andrés de Izquierda Republicana y José del Río de Unión Republicana), dos socialistas (Wenceslao Carrillo del PSOE y Antonio Pérez García de UGT) y dos anarquistas de la CNT ( Manuel González Marín y Eduardo Val).[87]

La salida de España del gobierno de Negrín

Negrín había pasado toda la noche del sábado 4 al domingo 5 prácticamente sin dormir dando órdenes para intentar acabar con la sublevación de Cartagena.[84]

El general Cordón, por orden de Negrín, contactó inmediatamente con los jefes de los Ejércitos de la República pero sólo se mostraron plenamente leales el coronel Escobar, del de Extremadura, y el coronel Moriones, del de Andalucía. Los demás se habían puesto a las órdenes del coronel Casado y del CND, incluido el general Menéndez, Jefe del Ejército de Levante, que era quien tenía la jurisdicción militar sobre Alicante, lo que hacía muy difícil que el gobierno pudiera resistir ya que sólo contaba con unos ochenta soldados para defender la Posición Yuste.[90]

"Negrín, al igual que sus ministros, acabaron por reconocer lo inevitable: sin fuerzas para oponerse al golpe y sin voluntad de lucha para iniciar una guerra intestina, nada había que hacer excepto salir de España. Según el testimonio del doctor Vega Díaz, allí presente, Negrín comunicó su decisión con un gesto de tristeza y con voz algo afónica y entrecortada: Todos estamos preparados, ¿no? Pues ni una duda más. Vámonos".[91]

Mientras los ministros se dirigían al aérodromo de Monóvar, Negrín, acompañado de los generales Hidalgo de Cisneros y Cordón, se dirigió a la cercana Posición Dakar, sede de la dirección del PCE, para desde allí radiar un último intento para proceder a un traspaso de poderes que evitara la quiebra constitucional. El texto que envió al coronel Casado fue el siguiente:[92]

En aras de los intereses sagrados de España debemos todos deponder las armas y si queremos estrechar las manos de nuestros adversarios, estamos obligados a evitar toda sangrienta contienda entre quienes hemos sido hermanos de armas. En su virtud, el Gobierno se dirige a la Junta constituida en Madrid [el CND] y le propone designe una o más personas que puedan amistosa y patrióticamente zanjar las diferencias. Le interesa al Gobierno, porque le interesa a España, que en cualquier caso toda eventual transferencia de poderes se haga de una manera normal y constitucional. Solamente de esta manera se podrá mantener enaltecida y prestigiada la causa por que hemos luchado. Y sólo así podremos en el orden internacional conservar las ventajas que nuestras escasas relaciones aún nos preservan. Seguros de que al invocar el sentimiento de españoles de esa Junta prestará oído y atención a nuestra demanda, le saluda. Negrín

Negrín esperó en la Posición Dakar hasta el mediodía del lunes 6 de marzo, pero como no obtuvo respuesta de Casado se dirigió al aeródromo de Monóvar donde se encontraban ya los ministros, después de conocer que se estaban produciendo detenciones de militantes comunistas en las zonas leales a Casado y que la guarnición de Alicante también se había decantado por los golpistas. Poco después de las dos y media de la tarde tres aviones Douglas de la compañía LAPE partían hacia Francia con destino a Toulouse, llevando a bordo al último gobierno constitucional de la Segunda República Española.[93]

La resistencia comunista: la "pequeña guerra civil" de Madrid

Nada más oír la alocución radiada de Casado y Besteiro de las doce de la noche del domingo 5 de marzo, la comisión político-militar del Partido Comunista de España en Madrid se reunió en " Villa Eloísa" en la Ciudad Lineal, en la madrugada del lunes 6 para poner en marcha el plan militar que había elaborado, sin que fuera conocido por la dirección nacional del PCE que ya se encontraba fuera de la capital, cuando tuvo noticias de que "Casado y algunos elementos de distintos partidos preparan un golpe reaccionario contra el Gobierno y contra el Partido [Comunista] para entregar Madrid a Franco", según se explicó en un informe posterior.[94]

El peso de la operación del contragolpe comunista recayó inicialmente en Guillermo Ascanio, jefe de la 8.ª División que se hallaba desplegada en el frente en la zona del El Pardo y que estaba encuadrada en el II Cuerpo de Ejército, que mandaba el coronel Emilio Bueno y Núñez de Prado, también de filiación comunista, pero que alegó la obediencia debida a su superior, el coronel Casado, para mantenerse al margen.[96]

Fuera de Madrid la situación era completamente distinta porque el Partido Comunista de España no había preparado ningún plan para hacer frente a la sublevación de Casado y cuando se conoció la noticia se produjo un enorme desconcierto entre la dirección nacional del PCE. Tras una tensa noche, a las 9 de la mañana del lunes 6, cuando en Madrid se producían los primeros combates entre las fuerzas "casadistas" y las comunistas, se reunieron en la sede del partido comunista en Murcia Pedro Checa, Manuel Delicado y el delegado del Komintern Palmiro Togliatti y desde allí se pusieron en contacto con Negrín en la Posición Yuste a quien pidieron que hablara con Casado para intentar llegar a un acuerdo que limitara el riesgo de una guerra civil dentro del bando republicano, algo que ya había intentado Negrín en la madrugada sin éxito. Esa misma mañana les llegaron las noticias de que los mandos comunistas del Ejército de Levante al mando del general Menéndez, cuya jefatura estaba en Valencia, o habían sido detenidos o se habían alineado junto a su jefe que se había adherido, aunque con matices, al golpe de Casado. Asimismo que Alicante y Albacete también estaban en manos de los "casadistas". Más tarde supieron que el gobierno de Negrín había abandonado España con destino a Toulouse para evitar se apresados por las fuerzas "casadistas". "La noticia cayó como un mazazo".[97]

Ante el riesgo de que las fuerzas que había enviado Casado a Elda coparan a la dirección comunista, se reunió por la noche el comité central del PCE en el aeródromo de Monóvar, cercano a Elda, y allí decidió que los dirigentes y los mandos militares comunistas abandonaran España, como ya había hecho Negrín y sus ministros. Togliatti, Checa y Fernando Claudín, como representante de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), se quedarían para organizar el partido "en condiciones de semilegalidad o ilegalidad" y tomar "las medidas necesarias para la evacuación de los cuadros del partido". Desconociendo que en Madrid se había iniciado la resistencia armada al golpe por parte de los comunistas de la capital, a las tres de la madrugada del martes 7 de marzo despegaban del aeródromo de Monóvar tres aviones, con destino a Toulouse dos de ellos y un tercero con destino a Argelia, llevando a bordo a los dirigentes comunistas. Poco después Togliatti, Checa y Claudín eran detenidos por las fuerzas casadistas que los trasladaron a Albacete.[98]

En Madrid a lo largo del martes 7 y del miércoles 8 de marzo pareció que la "pequeña guerra civil" se estaba decantando en favor de las fuerzas comunistas gracias sobre todo a que el coronel Luis Barceló Jover, jefe del I Cuerpo de Ejército, cedió ante la presión de los comunistas (especialmente a la de Ascanio, comandante de la 8.ª División) y se sumó al contragolpe anticasadista, y también gracias a que por fin se incorporó la 42.ª Brigada Mixta al mando del comunista José Sánchez (que en el plan comunista era considerada la de fidelidad más segura) que abandonó sus posiciones en el frente de la Casa de Campo al amanecer del día 8 para dirigirse al centro de la ciudad y ocupar sin encontrar apenas resistencia el Palacio Real, donde se encontraba la central telefónica del Ejército, y el Teatro Real, uno de los más importantes depósitos de armas y municiones de la capital. En la tarde del día 8 la 42.ª Brigada de Sánchez y las brigadas de la 8.ª División de Ascanio confluyeron en la calle Serrano para dirigirse conjuntamente hacia el centro de mando de Casado, situado en los sótanos de Ministerio de Hacienda de la calle Alcalá. Así pues, en la noche del día 8 la situación de Casado y del Consejo Nacional de Defensa parecía insostenible.[99]

Pero a partir de la madrugada del jueves 9 de marzo la situación cambió a favor de los "casadistas" porque las brigadas del IV Cuerpo de Ejército al mando del anarquista Cipriano Mera, que era la unidad militar más importante con que contaban los casadistas, se empezaron a movilizar desde el frente de Guadalajara hacia Madrid y, sobre todo, porque la desmoralización comenzó a cundir entre las filas comunistas cuando supieron que el golpe de Casado había triunfado en toda España y Madrid era el único lugar donde se combatía, y que el gobierno de Negrín y la dirección comunista hacía tres días que había marchado al exilio, con lo que desaparecía la razón principal del contragolpe: el restablecimiento de la legalidad de un gobierno que ya no existía. La confusión y desmoralización de los comunistas madrileños aumentó aún más cuando llegaron a Villa Eloísa dos emisarios de Pedro Checa que, hablando en nombre del Buró Político del partido, les señalaron la conveniencia de cesar la lucha en Madrid y de preparar al partido para la evacuación y su paso a la clandestinidad, lo que podía ser interpretado como una desautorización de la dirección madrileña del partido (encabezada por Isidoro Diéguez que quedó impresionado). Además casi al mismo se presentó también en Villa Eloísa el coronel Ortega con una oferta de Casado para un cese el fuego y la apertura de negociaciones que entraría en vigor a las 8 de la mañana del día siguiente.[100]

En la mañana del jueves 9 de marzo un representante comunista acompañado por el coronel Ortega se entrevistó con Casado en el Ministerio de Hacienda, donde nada más llegar se enteró de la huida de la flota republicana en dirección a Bizerta (en el Protectorado francés de Túnez), pero no consiguieron llegar a ningún acuerdo por lo que los enfrentamientos continuaron, aunque ahora la iniciativa y la moral de victoria había pasado al campo "casadista" que contó con la inesperada colaboración del ejército franquista que, primero, no atacó a las unidades del Ejército de Levante y del XVII Cuerpo de Reserva cuando cruzaron el puente de Arganda, enfilado por la artillería franquista, en su marcha hacia Madrid desde el este para acabar con el contragolpe comunista, y después, lanzó una ofensiva limitada por la Casa de Campo, lo que obligó a las Brigadas 42.ª y 44.ª comunistas a recuperar sus posiciones y levantar el sitio del Ministerio de Hacienda donde se encontraba Casado, lo que permitió a éste organizar el contraataque de las fuerzas del IV Cuerpo de Ejército del anarquista Cipriano Mera.[101]

El 11 de marzo varias brigadas del IV Cuerpo de Ejército comandadas por el anarquista Liberino González lanzaron una ofensiva en la capital que tras duros combates obligó a los comunistas a replegar sus unidades a sus puntos de origen en la sierra, El Pardo y la Casa de Campo, para lo que tuvieron que reconquistar Fuencarral que había sido ocupada por las fuerzas del IV Ejército. Los pequeños grupos de combatientes que quedaron aislados dentro de la ciudad se concentraron en los Nuevos Ministerios, que se convirtió en el último reducto de la resistencia comunista en Madrid.[104]

Sin embargo el coronel Casado no respetó el acuerdo, a diferencia de lo ocurrido en otras ciudades republicanas en las que los pactos permitieron la reincorporación de los comunistas a la vida política, alegando que los comunistas habían asesinado en los montes de El Pardo a tres coroneles de su Estado Mayor (Joaquín Otero Ferrer, José Pérez Gazzolo y Arnoldo Fernández) a los que "se les había dado el paseo", aunque al parecer "su muerte se debió a una acción aislada, no ejecutada bajo órdenes precisas y desarrollada en un ambiente de desesperación en los últimos momentos de los enfrentamientos por los rumores que llegaban a El Pardo de ajustes de cuentas en las calles de Madrid".[106]

Esta actitud de Casado contrasta con la que mantuvo el general Leopoldo Menéndez López, jefe del Ejército de Levante, en Valencia, la segunda ciudad en importancia de lo que quedaba de zona republicana y donde se vivía una situación parecida a la de Madrid: una ciudad sitiada al tener el frente a menos de treinta kilómetros de distancia y una ciudad donde la quinta columna franquista estaba muy bien organizada. Pero el general Menéndez no compartía el visceral anticomunismo de Casado y a diferencia de éste pensaba que tras la consolidación del golpe había que reincorporar a los comunistas al Frente Popular, porque estaba convencido de que la unidad del Ejército y del Frente Popular eran condiciones imprescindibles para lograr una "paz honrosa" con el enemigo. Por eso el general Menéndez primero actuó rápidamente para que el XXII Cuerpo de Ejército, que era la unidad del Ejército de Levante más fiel a los comunistas, mantuviera una actitud pasiva ante el golpe. Y luego adoptó una actitud prudente y conciliadora respecto de los comunistas, que cuando llegaron las noticias en la tarde del 6 de marzo y en la mañana del 7 de que el gobierno Negrín y la dirección del PCE había abandonado España, desistieron de emprender ninguna acción en contra del Consejo Nacional de Defensa de Casado. En un manifiesto que no llegó a publicarse (porque la policía había ocupado la imprenta del partido, y el periódico comunista "Verdad" no pudo salir a la calle) se decía: "No estamos contra la Junta, sino contra la política de la Junta". Esto facilitó la labor de conciliación del general Menéndez que, a cambio de la aceptación del nuevo poder por los comunistas, puso en libertad a los dirigentes y militantes detenidos, repuso en sus puestos a los mandos militares de filiación comunista, permitió a los comunistas reabrir sus sedes, incluida la del Comité Provincial que se encontraba en la Plaza Roja -actual Plaza de Tetuán- y volver a editar el diario "Verdad", y todo ello a pesar de la oposición a estas medidas de la CNT y del sector caballerista del PSOE y la UGT. Para esta tarea de restauración de la unidad del Frente Popular el general Menéndez pudo contar con el exministro Julio Just y con el doctor Juan Peset Aleixandre, rector de la Universidad de Valencia y diputado a Cortes, que consiguieron que los partidos republicanos aceptaran la vuelta de los comunistas al Frente Popular, y con José Rodríguez Vega, secretario general de UGT, que consiguió que reingresaran en el sindicato, del que habían sido expulsados por el sector socialista "caballerista". Para el restablecimiento de la unidad del Ejército de Levante Menéndez contó con la inestimable colaboración de los coroneles Juan Ibarrola y Federico de La Iglesia.[107]

No hay acuerdo entre los historiadores sobre el número de víctimas mortales de la "pequeña guerra civil" de Madrid pues mientras Julián Casanova asegura que fueron casi 2000 combatientes de ambos bandos los que murieron,[109]

El 13 de marzo el diario "casadista" Heraldo de Madrid justificó el golpe de Casado y sacó las consecuencias de la victoria sobre los comunistas:[110]

¿cuál era el fin primordial -en apariencia al menos- del eje Roma-Berlín? Extirpar la planta comunista del suelo europeo. ¿Qué motivo han invocado Italia y Alemania para su intervención en la guerra de España? Impedir la aclimatación de esa planta en nuestra tierra. Ahora bien: la República española se ha adelantado por sí misma, sin auxilio alguno a este afán. ¿Cómo, pues, podrán, en lo sucesivo, justificar las potencias totalitarias en [sic] una lucha que a nosotros solamente afecta? No leguemos a los que han de suceder a la nuestra, tan atormentada, el solo recuerdo de nuestra gran tragedia. Pongamos a ésta el epílogo de una paz española...

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