Golpe de Casado | la conjura "antinegrinista"

La conjura "antinegrinista"

Cuando Negrín regresa a la región Centro-Sur el 10 de febrero de 1939 desde el sur de Francia estaba muy avanzada la conspiración militar y política contra su gobierno dirigida por el jefe del Ejército del Centro, el coronel Segismundo Casado, que había entrado en contacto a través de la " quinta columna" con el Cuartel General del "Generalísimo" Franco para una rendición del ejército republicano "sin represalias" al modo del "abrazo de Vergara" de 1839 que puso fin a la primera guerra carlista (con la conservación de los empleos y cargos militares, incluida). Algo a lo que los emisarios del general Franco nunca se comprometieron. Casado consiguió el apoyo de varios jefes militares, entre los que destacaba el anarquista Cipriano Mera, jefe del IV Cuerpo de Ejército, y de algunos políticos importantes, como el socialista Julián Besteiro, que también había mantenido contacto con los "quintacolumnistas" de Madrid. Todos ellos criticaban la estrategia de resistencia de Negrín y su "dependencia" de la Unión Soviética y del PCE.[23]

La situación en Madrid y en la zona Centro-Sur

Mapa de las dos españas tras la caída de Cataluña.

Los apoyos que encontraron los conjurados "antinegrinistas" en Madrid y en la zona Centro-Sur se explican por el progresivo cambio que se había producido en la opinión republicana desde el derrumbe del frente de Aragón en la primavera de 1938, al ir ganando terreno "la idea de que una salida victoriosa de la guerra era imposible y de que se imponía algún tipo de solución negociada" y todo ello "en medio de un cansancio cada vez más profundo de la población".[25]

El Madrid de la "defensa heroica frente al fascismo" (la "ciudad resistente" de noviembre de 1936 a marzo de 1937) estaba perdiendo protagonismo frente a la "ciudad clandestina" (la " quinta columna" organizada en la primavera de 1937 por los partidarios de los sublevados tras el final de la batalla de Madrid)[27]

El hambre y la crisis de subsistencias que asolaba la zona republicana estaban minando la capacidad de resistencia de la población,[31]

Pero éste ya no era el Madrid de 1936 o 1937. Faltaba comida. El cansancio de la guerra se apreciaba en las caras demacradas de la gente. El ambiente se había vuelto hosco, triste, trágico. Por todas partes se respira un sentimiento anticomunista porque muchas personas creen que son los comunistas los responsables de que la guerra se prolongue

La conjura política

El antecedente más lejano de las posiciones republicanas en favor de la negociación para poner fin a la guerra se puede encontrar en una fecha tan temprana como mayo de 1937 cuando el presidente de la República Manuel Azaña encargó al socialista Julián Besteiro, que iba a acudir a Londres para representar a la República Española en la coronación del rey Jorge VI, que pidiera al gobierno británico la mediación en la guerra de España, aunque Besteiro no obtuvo de Anthony Eden, con quien se entrevistó el 11 de mayo, más que buenas palabras.[32]

La primavera de 1938, cuando se produjo el derrumbe del frente de Aragón, es el momento en que se puede situar el inicio de la conjura política para apartar del poder a los comunistas y al presidente del gobierno Juan Negrín que se negaba a prescindir de ellos. En junio de 1938 los representantes británico y francés en Barcelona informaban a sus respectivos gobiernos de la existencia de una conspiración para acabar con el gobierno de Juan Negrín, que estaría supuestamente encabezada por los socialistas "antinegrinistas" Indalecio Prieto y Julián Besteiro y por el propio presidente de la República Manuel Azaña (y en la que también estaría implicado el presidente de las Cortes Diego Martínez Barrio), y que estaría apoyada por los partidos republicanos Unión Republicana e Izquierda Republicana, el sector "antinegrinista" del PSOE y de la UGT y los nacionalistas vascos y catalanes.[33]

Así el 29 de julio de 1938, sólo tres días después del inicio de la ofensiva republicana del Ebro, el presidente de la República Azaña se entrevista en secreto con el representante británico en Barcelona John Leche para que propusiera a su gobierno un plan de paz que consistía en la retirada de los combatientes extranjeros de ambos bandos, el cese de las hostilidades y la formación de un gobierno de amplio consenso del que serían excluidos los comunistas. Para ello sería necesario que Gran Bretaña junto con Francia, Alemania e Italia presionaran conjuntamente al general Franco para que lo aceptara. Así pues, lo que pedía Azaña era que el gobierno británico apoyara la conjura política antinegrinista y consiguiera además que lo hicieran las otras tres potencias. Tanto Negrín como el general Franco tuvieron conocimiento casi inmediato de esta entrevista "secreta" que tuvo lugar en Vich.[34]

Poco después se produjo la "crisis de agosto" del gobierno Negrín con la salida del mismo de los dos ministros vasco y catalán, pero Azaña no pudo retirarle la confianza a Negrín, nombrando en su lugar a Julián Besteiro, porque Negrín conocedor de la maniobra montó "una campaña que se tradujo en la profusión de telegramas de adhesión a su persona que partieron de las unidades del Ejército del Ebro [que se encontraba en plena batalla] y del Este y llegaron al gobierno el 16 de agosto como presión contra el Presidente de la República".[36]

El 15 de noviembre de 1938, el mismo día en que las últimas tropas republicanas volvían a cruzar el Ebro dando por fracasada la ofensiva republicana iniciada en julio en la que Negrín había puesto todas sus esperanzas para dar un giro a la guerra, se reunió la Comisión Ejecutiva del PSOE en la que Julián Besteiro dijo abiertamente que "la guerra ha estado inspirada, dirigida y fomentada por los comunistas" (a Negrín le dijo que era un "agente de los comunistas") y que "si la guerra se ganara, España sería comunista" (en aquel momento Besteiro ya llevaba algunos meses, posiblemente desde abril de 1938, en contacto con la quinta columna de Madrid y a través de ella con el gobierno del "Generalísimo" Franco en Burgos).[38]

Es indudable que si se refuerza aquí el Frente Popular, la opinión extraña pensará que avanza aquí el comunismo y, por consiguiente, como gran parte de la política que ellos siguen con nosotros está inspirada en la creencia de que aquí surgiría un comunismo, tendremos una posición más hostil

Julio Álvarez del Vayo, ministro de Estado en el gobierno de Negrín, le contestó que la alianza con la Unión Soviética había sido inevitable desde el momento en que "los dos puntos sobre los cuales debiera apoyarse la política exterior española fallan" (Gran Bretaña y Francia, optando por la política de "no intervención").[39]

España ha tenido la desgracia de encontrarse en una situación de guerra civil, transformada rápidamente en guerra internacional, de invasión de nuestro territorio, en circunstancias en que... los dos países que podían ser nuestra contrapartida en el juego internacional han demostrado que carecen de la vitalidad necesaria no sólo en lo que respecta al problema español sino a sus propios intereses...
Yo creo que la ayuda de la Unión Soviética ha sido importante. Pero si Francia e Inglaterra hubiesen mostrado más señales de capacidad de reacción hacia sus propios intereses, conjugados con los intereses españoles, se podría haber planteado el Gobierno español la posibilidad y el deber de estudiar si nos convenía un viraje absoluto de la política exterior. El peligro estaba en dar un salto en el vacío

Cuatro días después, 19 de noviembre de 1938, Besteiro viajó a Barcelona para entrevistarse con Azaña, pero aquél volvió a Madrid muy decepcionado porque la única propuesta que le hizo el presidente de la República era que fuera a Londres para solicitar por segunda vez la intervención británica a lo que al parecer Besteiro le contestó que a lo único que estaba dispuesto era a poner fin a la guerra y gestionar la paz en las mejores condiciones.[37]

Tras su salida del gobierno de Negrín en agosto, los que sí estaban en contacto con el gobierno británico eran los nacionalistas vascos y catalanes que presentaron sendos memorándums el 12 de octubre de 1938 firmados por el "Presidente de Euskadi" José Antonio Aguirre y por el "Presidente de Cataluña" Lluís Companys en el que pretendían que Gran Bretaña les apoyara para formar dos estados casi independientes en sus respectivos territorios. Un mes después Luis Arana Goiri, hermano del "padre" del nacionalismo vasco y fundador del PNV Sabino Arana Goiri, envió otro memorándum al Foreign Office donde abiertamente pedía el apoyo británico a la independencia de Euskadi y de Cataluña, bajo protección británica la primera y bajo protección francesa la segunda. En el escrito se refería al conflicto que vivía la Península como "esta cruel guerra española destructora de mi amada Patria Euskadi". Pero los británicos no aceptaron ninguna de estas propuestas, entre otras razones, porque "no estaban dispuestos a introducir otro elemento de desestabilización más en España".[40]

Azaña aún realizó un último intento de poner fin a la política de resistencia de Negrín a principios de febrero de 1939 poco antes de abandonar definitivamente España. Mantuvo una entrevista con los representantes de Francia y de Gran Bretaña para expresarles su opinión contraria a Negrín y para pedirles que sus gobiernos intercedieran ante el general Franco para que diera garantías de permitir salir de España a las personas comprometidas, una única condición para el fin de las hostilidades que ignoraba las tres aprobadas por las Cortes republicanas en la reunión de Figueras del día 1 de febrero. Cuando Negrín se enteró de esta iniciativa de Azaña, que sobrepasaba de nuevo sus competencias constitucionales, la desautorizó completamente.[41]

Por su parte Julián Besteiro, tras su entrevista de noviembre de 1938 con Azaña en la que éste no se había mostrado capaz de destituir a Negrín, entró en contacto con el sector no comunista del Ejército Popular Republicano de la zona Centro-Sur para que éste tomara el relevo en su propósito de poner fin a la guerra. Ese sector estaba encabezado por el coronel Segismundo Casado, desde mayo de 1938 jefe del Ejército del Centro, la unidad militar más importante y menos influenciada por los comunistas de la región Centro-Sur.[43]

La conjura militar

A partir del fracaso de la ofensiva republicana del Ebro y de los acuerdos de Múnich, buena parte de los oficiales no comunistas del Ejército Popular Republicano, especialmente los profesionales que no procedían de las milicias, pensaban que la guerra estaba perdida y lo que había que hacer era ponerle fin de forma "honorable" por medio de un " abrazo de Vergara" como el que acabó con la primera guerra carlista. Estaban convencidos de que el "entendimiento entre militares" de los dos bandos lo haría posible, por lo que el único obstáculo que había que salvar, según ellos, era la presencia comunista en el gobierno y en algunas unidades militares, y el propio presidente Negrín si se obstinaba en mantener su política de resistencia. El militar que acabó aglutinando todas estas preocupaciones e iniciativas fue el coronel Segismundo Casado, jefe del Ejército del Centro.[44]

Fue precisamente tras los acuerdos de Múnich de finales de septiembre de 1938 cuando la quinta columna de Madrid inició una aproximación al coronel Casado al conocer su radical anticomunismo y su desacuerdo cada vez mayor con Negrín.[46]

El primer movimiento importante del coronel Casado, del que enseguida tuvo información el Cuartel General del Generalísimo, tuvo lugar a principios de noviembre de 1938, en un momento en que ya era evidente el fracaso de la ofensiva republicana del Ebro, cuando se reunió en Madrid con el presidente Juan Negrín y con el general José Miaja, jefe de los Ejércitos de la región Centro-Sur, para intentar conseguir que aquél retirara a los comunistas del gobierno como primer paso para cambiar la política de resistencia a ultranza por la búsqueda de una mediación que pusiera fin a la guerra sin represalias por parte de los vencedores, a lo que Negrín se opuso rotundamente. A partir de ese momento Casado fue cada vez más consciente de que si quería alcanzar sus propósitos también tendría que derribar a Negrín.[47]

A finales de enero y principios de febrero de 1939 el coronel Casado inicia los contactos de forma directa y personal con los representantes franquistas en Madrid a través de la quinta columna a los que pone al corriente de sus intenciones de derribar al gobierno de Negrín, aunque ellos ya las conocían a través de Centaño y Medina. En esas mismas fechas Casado también habla con militares y partidos políticos del bando republicano para que colaboren con sus planes.[48]

El 30 de enero de 1939 la quinta columna le hizo llegar al coronel Casado dos cuartillas con las condiciones de los franquistas para la rendición del ejército republicano y que Casado llamó las "Concesiones del Generalísimo". En ellas se decía:[49]

...Para los jefes y oficiales que depongan voluntariamente las armas, sin ser culpables de la muerte de sus compañeros, ni responsables de otros crímenes, aparte de la gracia de la vida, la benevolencia será tanto mayor cuanto más significados y eficientes sean los servicios que en estos últimos momentos prestan a la causa de España o haya sido menor su intervención y malicia en la guerra.

Los que rinda las armas evitando sacrificios estériles y no sean reos de asesinatos y otros crímenes graves podrán obtener un salvoconducto que les pongan fuera de nuestro territorio, gozando entre tanto de plena seguridad personal...

Ni el mero servicio en el campo rojo, ni el haber militado simplemente como afiliado en campos políticos extraños al Movimiento Nacional serán motivos de responsabilidad criminal

El 5 de febrero el ayudante de Casado el teniente coronel Centaño le descubre su condición de agente franquista y le entrega a continuación una copia oficial de las "Concesiones del Generalísimo". Estas Segundas "Concesiones del Generalísimo" presentaban un tono y algún matiz diferente de las que ya había recibido el coronel Casado una semana antes. Comenzaban con una afirmación de gran dureza: "Tenéis la guerra totalmente perdida. Es criminal toda prolongación de la resistencia. La ESPAÑA NACIONAL exige la rendición". En su texto quedaba más claro aún lo que Franco entendía por "negociación": la rendición incondicional del "Ejército rojo", y sólo ofrecía benevolencia en las represalias tras la victoria. La respuesta del coronel Casado fue pedir que fuera el general Fernando Barrón, amigo suyo desde los tiempos de la Academia de Caballería, quien le escribiera una carta "enviándole condiciones y plan de capitulación", con lo que quedaba clara su postura liquidacionista de la guerra (la carta la recibiría el 15 de febrero a través del comandante médico y agente franquista Diego Medina).[50]

El 2 de febrero de 1939 Casado se reúne con los generales Miaja, Matallana y Menéndez a los que les expuso su decisión de sublevarse contra el gobierno de Negrín sustituyéndolo por un "Consejo Nacional de Defensa" integrado por militares y por todos los partidos políticos y sindicatos, con excepción del Partido Comunista de España, y con la "exclusiva misión de hacer la paz" por lo que entraría "en relación con el Gobierno Nacionalista [sic] lo antes posible". Uno de los argumentos que utilizó para justificar la rebelión fue que el 23 de enero el gobierno había declarado el estado de guerra después de casi tres años de hostilidades por lo que la autoridad legal había pasado a los militares (y en la zona Centro-Sur le correspondía al general Miaja, presente en la reunión). Según el testimonio posterior del coronel Casado "los tres generales, sin discusión, se consideraron comprometidos ante el hecho, con todas sus consecuencias".[43]

El 8 o el 9 de febrero el coronel Casado se entrevistó con el teniente coronel Cipriano Mera, de procedencia anarcosindicalista, que era el Jefe del IV Cuerpo de Ejército (integrado en el Ejército del Centro que mandaba Casado). Aunque en la conversación Casado no le habló a Mera de la conjura que estaba organizando ni de sus contactos con los franquistas, ambos, que compartían un arraigado anticomunismo, coincidieron en la imposibilidad de resistir una ofensiva enemiga sobre Madrid. Cinco días después, el 13 de febrero, el Comité de Defensa de la CNT le comunicó a Mera que pusiera a disposición del coronel Casado el IV Cuerpo de Ejército, la única fuerza militar de Madrid segura para los conjurados, pues los otros tres Cuerpos de Ejército que componían el Ejército del Centro tenían mandos de filiación comunista.[51]

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