Georg Trakl | crítica

Crítica

Trakl se consideraba el continuador y sucesor de Hölderlin, cuyo estilo asimila y moderniza dentro de la estética del expresionismo, pero en él también influyeron Novalis y Rimbaud. En él aparecen los temas del expresionismo salvo el mundo del trabajo y la ciudad: la descomposición del yo a causa de la sociedad moderna, la angustia, la locura, el suicidio, la muerte, la vejez, la ruina, la enfermedad: «Todos los caminos conducen a la putrefacción negra». El hombre está en el centro de sus representaciones y no tiene sino un destino: pudrirse. Esta visión escatológica y apocalíptica, se desarrolla en un mundo sin Dios o donde Dios ha muerto según pregona Nietzsche, de quien Trakl asimila el nihilismo, otro tema expresionista. La vida está vacía de sentido. "Yo no he nacido sino a medias", escribió.

La poesía de Trakl va del decadentismo a lo Hugo von Hofmannsthal a la experiencia feroz de la Primera Guerra Mundial. En su estudio de 1961, La literatura expresionista alemana, de Trakl a Brecht, Walter Muschg lo relaciona con todos los Karl Kraus, los Döblin, Werfel, Toller, Loerke, Heinrich Mann o Adolf Loos, y en especial lo compara con otro genio precoz, Hugo von Hofmannsthal:

"La diferencia está en que Trakl vive lo que Hofmannsthal sólo escribe. Su conmoción queda patente en el desmoronamiento de las bellas imágenes de Hofmannsthal. La 'estructura' de sus versos es expresión, declara algo. Contiene una fuerza irresistiblemente explosiva, que se impone de forma tan funesta, que el mismo Trakl no es capaz de resistir su expresión y acaba destrozado. Su melancolía no sólo está determinada por la época, no es consecuencia de su alcoholismo y de las drogas, sino que existía ya desde un principio. Ya en una fotografía que le muestra a la edad de tres años, sus ojos tienen una expresión de incurable tristeza".

Trakl es un poeta tristísimo, obsesionado con temas como el mal y el desarraigo, que expresa de un modo oscuro y tétrico, lleno de herméticas alegorías y con un tono fuertemente desgarrado lleno de pesimismo. El paisaje, en él, es subjetivo, casi siempre de otoño y en todo caso opresivo y sombrío. En uno de sus aforismos dice: "Sólo aquel que desprecia la felicidad obtendrá la consciencia". Pone en escena personajes indeterminados como el huérfano, el viajero, el viejo, el novicio o figuras famosas pero sin orígenes ni identidad, como Kaspar Hauser, Elis o Helián; la poesía de Georg Trakl da la impresión muy a menudo de ser impersonal. Escribió a su amigo el escritor Erhard Buschbeck: «Terminaré por quedar siempre como un pobre Kaspar Hauser». Los colores en él son simbólicos: el blanco o el negro evocan la muerte, el azul la pureza.

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