Elizabeth Kortright Monroe | primera dama

Primera dama

Fue Primera dama desde el 4 de marzo de 1817 al 4 de marzo de 1825. A pesar de que fue Primera Dama por ocho años, existe muy poca referencia de la actividad de Elizabeth Monroe. Ninguna correspondencia sobrevivió entre ella y el Presidente, su familia y el público en general. En pocos documentos donde aparece su nombre, éste estaba relacionado exclusivamente con asuntos legales, financieros y de propiedad.

No era Elizabeth sino James Monroe quien estuvo a cargo de los detalles de compra de mobiliario para la nueva Casa Blanca renovada. El estilo real de la mansión no reflejaba el estilo de la Sra. Monroe, como ella normalmente sugería, aunque se especulaba que ella tenía algo que ver y que también prefería darle énfasis al estilo francés por sobre el inglés o los mobiliarios americanos. A pesar de su edad, se veía joven y actual, según puede comprobarse por las evidencias materiales en la oficina de leyes de Monroe y el museo de Fredericksburg, Virginia, donde se detallan la vestimenta y joyas que usó ante el público en ocasiones. Sus cenas eran servidas al estilo inglés con un sirviente para cada huésped. En privado, la familia Monroe solo hablaba en francés. Elizabeth Monroe mostró un contraste extremo con su precursora Dolley Madison, que había concebido su papel como parcialmente público.

Elizabeth estableció un estilo más europeo y menos protocolos sociales. Entendió sin embargo las visitas de las esposas de los integrantes de los Poderes Judicial y Legislativo así como las de los diplomáticos extranjeros, como un reconocimiento del Poder Ejecutivo. El presidente Monroe llevó a cabo el 29 de diciembre de 1817 una reunión del gabinete donde explicó las confusas reglas de la nueva Casa Blanca en cuanto a la política social y también para discutir como los diferentes jefes de departamento podían crear sus propias políticas con relación a la interacción social con los dignatarios extranjeros

Elizabeth Monroe se mantuvo firme y el 22 de enero de 1818 al marcar su primera presencia social como primera dama, obtuvo el respaldo de una europea educada, Louisa Adams, esposa del Secretario de Estado. Cuando los Monroe decidieron dejar Washington por su casa en Virginia en vez de organizar la recepción pública del día de la Independencia en el año 1819, algunos ciudadanos se sintieron insultados. Indignados con el protocolo de Elizabeth Monroe, boicotearon todas las recepciones de la administración en Washington. Cuando Louisa Adams instituyó la misma política social, sus recepciones también fueron boicoteadas. Finalmente el Presidente Monroe llevó a cabo una segunda reunión del Gabinete el 20 de diciembre de 1819 donde se decidió que mientras el Poder ejecutivo debía acatar sus normas, los otros poderes del Estado y sus familias, el Vicepresidente e individuos miembros del Gabinete eran libres de determinar sus propias políticas sociales.

En la segunda administración de los Monroe aceptaron la política de Elizabeth Monroe y los invitados fueron regresando a la Casa Blanca. Esto también marcó su progresivo desempeño como Primera Dama, siendo una de sus recepciones más notables la dada al Marqués de Lafayette, durante su gira norteamericana del año 1824.

Cuando Elizabeth Monroe aparecía en las recepciones y en los otros eventos donde el público la podía ver, se mostraba jovial y capacitada, aunque siempre estaba acompañada por un círculo de sus familiares mujeres. La Casa Blanca no dio información en detalle de la condición de salud de Elizabeth Monroe aunque se conocía que ella estaba padeciendo una condición llamada “the falling sickness," o la "enfermedad de las caídas" o sea epilepsia, en la ignorancia sobre el tema se especuló sobre una enfermedad mental de la primera dama.

En qué medida Elizabeth Monroe era políticamente influyente o expresó una opinión sobre los acontecimientos y las decisiones hechas frente por su marido no se sabe; fue aceptado extensamente que después de su muerte, James Monroe quemó todas su correspondencia. Al recordar a su esposa, Monroe luego escribiría que ella compartió enteramente todos los aspectos de su carrera del servicio público y que siempre estaba motivada por los intereses de los Estados Unidos. Una carta de su influyente yerno George Hay, sin embargo, sí sugiere que apoyó en una ocasión la situación difícil que envolvió al controvertido congresista de Virginia, John Randolph. Elizabeth también tuvo una relación cercana con Andrew Jackson, el entonces héroe popular de las batallas de Nueva Orleans en la guerra de 1812, que siempre era mencionado en las cartas presidenciales.

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