Eduardo Kingman | casa de la cultura ecuatoriana

Casa de la Cultura Ecuatoriana

Muchas cosas cambian para la cultura ecuatoriana con la fundación, en 1944, de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, que fue uno de los proyectos más grandes de Benjamín Carrión. La segunda guerra mundial, la derrota del ejército ecuatoriano frente al Perú en 1941 y el retorno al poder del líder carismático del pueblo Velasco Ibarra, fueron grandes influencias para los ecuatorianos, a la vez que se inauguraba la Casa de la Cultura.

A Kingman la fundación de la Casa de la Cultura lo encuentra como un pintor ya consagrado y realizado. Es más lo que Kingman le da, que de lo que de ella recibe. Es uno de sus fundadores. Es el representante de las artes visuales en ese selecto grupo de fundadores. (Otros pintores importantes del tiempo se harían en la Casa de la Cultura. El caso más notable es el de Guayasamín, a quien la institución le da la posibilidad de trabajar su Huacayñan y Carrión le asegura un importante premio en una bienal española). El Kingman de este periodo es el de Alfarera, Ceguera y Descendimiento. Ceguera es un cuadro muy dramático y representa a un hombre de ojos sin luz guiado por la niña lazarilla de grandes ojos tristes. En marzo de 1948, Kingman se posesiona del cargo de director de Patrimonio Artístico Nacional, y anuncia trabajos muy serios como el primer catálogo del Museo de Arte Colonial. Todos estos proyectos burocráticos iban a restar tiempo a la pintura; pero no a paralizarla. Al año siguiente, en abril de 1949 abre en la Sala del Museo, una exposición de veintiséis óleos.

La mano de Dios presenta cambios en su estilo artístico como una nueva depuración del color y nuevas maneras de equilibrios, ritmos y relación dibujo-color. Con lo uno y con lo otro logra grandes satisfacciones. Ese año cada una de las dos exposiciones le otorga los dos premios nacionales de pintura. Yo, prójimo le otorga en Mariano Aguilera mientras que Cajonera, La candela y Sed le otorgan el primer lugar en el sexto Salón Nacional de Artes Plásticas. Así las cosas, llegaron las dos muestras grandes de 1957 de Quito y Guayaquil que sirvieron para que intelectuales, críticos y públicos del país hicieran el balance de lo que podría considerarse el segundo periodo de la producción de Kingman. Las setenta obras daban pie para ello. A comienzos de la década de los sesenta, Kingman pinta Guagua en surco. Este cuadro tiene mucho de retorno a la tierra. La búsqueda de materiales fuertes, con algo de telúrico en sí, se prolonga en estos años. Y, como el óleo no sufre tales intrusiones, Kingman decide pintar al acrílico.

En 1962 editó láminas en los folletos del Ministerio de Educación. En 1963 se presenta en México y luego en 1966 abre una muestra en el Museo de Arte Colonial. A mediados de 1971 , revista Américas dedicó un largo artículo a Eduardo Kingman y lo tituló Painter of Hands (El pintor de las manos). Decía en él Darío Suro que: "no se puede concebir el universo de Kingman sin manos", y reparaba en que obras y dibujos de esta época enfatizaban las manos. En 1970 Kingman termina sus labores en el Museo de Arte Colonial. Poco tiempo después deja su casa en Quito y se traslada al Valle de Los Chillos.

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