Diego de Alvarado | en la batalla de las salinas

En la batalla de las Salinas

Libre Hernando Pizarro, desencadenó la guerra contra Almagro, pese a la promesa de paz que había hecho en espera del fallo de la Corona referente a la disputa. Diego de Alvarado retornó al Cuzco, adelantándose a Almagro para preparar la defensa de la ciudad; apresó a muchos sospechosos y les dio tormento. Luego reunió un contingente de soldados y se unió al grueso de las tropas de Almagro, que se alistaba para presentar batalla en el campo de las Salinas, cerca del Cuzco. Ya por entonces había perdido un tanto la confianza de Almagro, pues sus consejos de perdonar la vida a Hernando e incluso de dejarle en libertad habían sido contraproducentes.

No obstante, Diego de Alvarado continuó leal a Almagro, asistiendo junto al estandarte almagrista durante la batalla de las Salinas (6 de abril de 1538), donde triunfaron los pizarristas. Tomado prisionero, Hernando le perdonó y le trató muy bien.

Pero Diego de Alvarado no pudo impedir la ejecución de Almagro, hecho del cual quedó profundamente afectado. En parte se sintió responsable, ya que él, con sus consejos, había librado de la muerte y luego de la cárcel a Hernando Pizarro, quien, una vez libre y triunfante, no tuvo compasión del viejo y suplicante Almagro, a quien hizo estrangular en su celda.

Almagro dejó a Diego de Alvarado como albacea en su testamento, encargándole la gobernación de Nueva Toledo hasta que su hijo Diego de Almagro el Mozo alcanzara la mayoría de edad. Los almagristas se alegraron al saberlo y pidieron ir a Chile con Diego de Alvarado para tomar posesión de la gobernación, pero los hermanos Pizarro se negaron tajantemente a hacer tal concesión.

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