Cefalea en racimos | tratamiento

Tratamiento

El tratamiento medicamentosos de la cefalea en racimos se divide entre aquellos que son útiles para que desaparezcan los síntomas durante un ataque y preventivos que se emplean con la finalidad de que no se presenten los episodios. Es frecuente que la enfermedad no se detecte al principio de su aparición, dado que su incidencia es escasa. Los analgésicos de uso común como el paracetamol son por lo general de escasa eficacia.

Tratamiento del episodio agudo

Para el episodio agudo de dolor son útiles las siguientes terapias:

  • Triptanes.
    • El sumatriptán, en una dosis de 6 mg aplicado por vía subcutánea ese el tratamiento de elección para tratar un ataque de cefalea en racimos. Los efectos adversos son náuseas, fatiga, parestesias, rigidez torácica y de garganta.[5]
    • El sumatriptán (20 mg) o el zolmitriptán (5 a 10 mg) aplicados por vía intranasal, han demostrado ser más eficaces que un placebo en terminar un ataque de cefalea en racimos. Los efectos adversos son náuseas, fatiga, parestesias, rigidez torácica y de garganta, mal sabor.[10]
  • Administración de oxígeno al 100 % a un caudal de entre 7 a 12 litros por minuto durante un periodo de tiempo entre 15 a 30 minutos es efectivo en aliviar el dolor de la mayoría de los pacientes, aunque en un 25 % de los casos el efecto es transitorio y el ataque de dolor sólo se posterga por un rato (minutos a horas).[10]
  • Lidocaína tópica, en una dilución al 10 %, aplicada en gotas nasales o mediante un pulverizador, produce un alivio leve a moderado, y habitualmente no termina totalmente con el dolor. Es útil en combinación con otras terapias.[10]
  • Dihidroergotamina, 1 mg por vía nasal con pulverizador reduce la intensidad del dolor.[10]
  • Octreótido. Inyectable, es efectivo en algunos pacientes. Los efectos adversos son dolor en el sitio de la inyección, dolor abdominal, náuseas, hiperglucemia.[10]

Tratamiento transitorio

Los tratamientos transitorios se ocupan en conjunto con la aplicación de tratamientos del episodio agudo y el inicio del efecto de los tratamientos preventivos con el fin de lograr un control precoz de los ataques. No deben utilizarse en un plazo largo.[4]

  • Corticoesteroides. Prednisona (1 mg por kg de peso; mínimo 40 mg y máximo 60 a 80 mg al día) o prednisolona, retirando progresivamente después del quinto día. También se ha utilizado una dosis de metilprednisolona intravenosa (30 mg por kg de peso en tres horas) durante un ataque, logrando remisión parcial o completa.[5]
  • Bloqueo del nervio occipital, con una mezcla de betametasona de absorción rápida y lenta.
  • Dihidroergotamina intravenosa. Se usa en pacientes hospitalizados. Mientras se administra se logra una alta tasa de remisión. Su administración antes de dormir previene ataques nocturnos.[5]

Tratamiento preventivo

Como tratamiento preventivo se pueden emplear los siguientes fármacos:

  • Primera línea[5]
    • El verapamilo es el tratamiento de elección. Se usa una dosis diaria entre 240 y 960 mg dividida en dos o tres dosis. Para usarlo en forma segura la dosis debe titularse cuidadosamente con monitoreo electrocardiográfico periódico, comenzando con 80 mg tres veces al día e incrementando cada 10 a 14 días. Esto se continua hasta que se terminan los ataques de cefalea en racimos, aparecen efectos adversos (prolongación del segmento PR o cualquier arritmia) o se llega al dosis máxima de 960 mg al día. Su eficacia asciende a un 70 % de pacientes con mejora sustancial. Los efectos adversos son hipotensión, estreñimiento, edema periférico.[10]
  • Segunda línea[5]
    • Carbonato de litio. Esta sustancia se emplea habitualmente para el tratamiento de enfermedades psiquiátricas como el trastorno bipolar, pero es también eficaz como agente preventivo en la cefalea en racimos, especialmente del tipo crónico. La dosis efectiva va entre 600 a 1200 mg diariamente o bien la que logre concentraciones plasmáticas de 0,8 a 1,0 mEq/L. Los efectos adversos incluyen temblor, sed, poliuria y diarrea.[10]
    • Agentes anticonvulsivantes, como el topiramato en dosis entre 25 y 250 mg al día. Los efectos adversos como enlentecimiento cognitivo, cansancio, mareos y depresión limitan su uso. No es recomendable en personas con historia de nefrolitiasis.[6]
  • Tercera línea[5]
    • Metisergida, en dosis máxima de 12 mg al día por seis meses consecutivos, luego un mes de reposo y repetir el ciclo. Su uso se asocia con complicaciones pulmonares (fibrosis) y de otros tejidos.[4]
    • Melatonina.[10]
    • Gabapentina, en dosis entre 800 y 3600 mg/día. Los efectos adversos son somnolencia, mareos, cansancio.[5]
    • Ácido valproico, en dosis entre 500 y 2000 mg/día.[5]
    • Baclofeno.[5]
    • Clonidina.[5]
    • Toxina botulínica.[5]
  • Otros

Otros tratamientos

Si bien la gran mayoría de los pacientes logra un resultado exitoso con alguna combinación de los tratamientos mencionados, existe un grupo menor con cefalea en racimos refractaria en quienes se han realizado y desarrollado otros tipo de terapias, tales como la cirugía radical (rizotomía sensorial del trigémino), abandonada actualmente, así como el bloqueo o la neuroestimulación del nervio occipital y la estimulación cerebral profunda de la región hipotalámica.[5]

El bloqueo del nervio occipital mayor fue propuesto por Anthony en la década de 1980. La aplicación en la zona occipital por el lado del dolor de lidocaína al 1 % y 40 mg de triamcinolona, logró un efecto positivo en un 64 % de los pacientes. El uso de lidocaina al 2 % con betametasona, logró un resultado positivo en un 85 % de los pacientes. Otros resultados relativamente similares se han obtenido con lidocaina y metilprednisolona (59 % de resultados positivos); y prilocaína (60% de resultados positivos).[5]

El bloqueo del ganglio esfenopalatino por vía endoscópica logra algún grado de alivio.[5]

La estimulación nerviosa periférica de los nervios occipitales ha demostrado cierto grado de éxito en algunos pacientes refractarios al tratamiento medicamentoso.[5]

La estimulación del ganglio esfenopalatino también ha tenido resultados positivos en algunos pacientes refractarios seleccionados.[5]

El Dr. Andrew Sewell y el Dr. John Halpern, del Hospital McLean en Boston investigaron en el año 2009 la capacidad de la psilocibina y el LSD como tratamiento, para ello examinaron los registros médicos de 53 pacientes que habían tomado setas alucinógenas y reportaron en la revista Neurology que la mayoría de ellos manifestaban presentar mejoría parcial o total de los síntomas.[12]

En algunas personas, el extracto de la planta pueraria lobata (Kudzu) utilizada desde antiguo en la medicina tradicional China para diversas afecciones, disminuye la intensidad, frecuencia y duración de los ataques, con efectos adversos mínimos pero sin disminuir la duración de los períodos de racimos.[13]

En homeopatía se recomienda tomar ignatia amara para tratar «dolores de cabeza violentos durante los cuales el paciente tiene la impresión de que una punta se clava en su cabeza».[15]

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