Batalla de Culloden | la batalla

La batalla

Vista del campo de batalla de Culloden desde las líneas iniciales jacobitas; en el cartel puede apreciarse la distribución de las fuerzas.

El Duque de Cumberland y su ejército de cerca de 8.000 hombres llegaron a Nairn el 14 de abril. Las fuerzas jacobitas, que sumaban un total aproximado de 5.400 hombres, dejaron su base de Inverness, con la mayor parte de sus suministros, y se reunieron a unos 8 km al este, cerca de Drummossie, a 19 km de Nairn. El Príncipe Carlos decidió tomar el mando directo de las tropas, y siguiendo el consejo de su ayudante general, el secretario O'Sullivan, ordenó combatir en una acción defensiva en el pantano de Drummossie, una franja de terreno pantanoso encerrada entre la amurallada Culloden al norte y los muros de Culloden Park al sur. Lord George Murray argumentó abiertamente que "no me gusta el terreno", y junto a otros oficiales superiores indicó que el áspero terreno era muy ventajoso para el Duque: la superficie irregular dificultaba en extremo la famosa carga Highland que les había dado la victoria en batallas anteriores, y el terreno podía ser batido desde varios frentes por la superior artillería de los británicos. En vista de su inferioridad numérica y material, intentaron convencer al príncipe de que adoptase una campaña de guerrilla, pero este rehusó cambiar de opinión.

Además se dio el caso de que el 15 de abril, el ejército gubernamental celebraba el cumpleaños del Duque de Cumberland con una gran fiesta, incluyendo bebidas alcohólicas. Murray sugirió que intentasen repetir el éxito de Prestonpans ejecutando un ataque nocturno sobre el campamento británico. Pero los famélicos highlanders, que sólo habían comido un bizcocho seco cada uno durante todo el día, estaban aún a unos 3 km al despuntar el día, de modo que se vieron obligados a retroceder, y luego dispersarse en busca de comida y un poco de sueño en alguna zanja o cobertizo. Muchos de ellos yacían exhaustos en los terrenos alrededor de Culloden House a lo largo de la batalla.

Marisma de Culloden, mirando de norte a sur, hacia el bosque de Culloden Park.

El 16 de abril temprano, el ejército gubernamental marchó desde Nairn, y los cañones jacobitas dieron la alarma (que no todos oyeron) con el fin de hacer formar a las tropas en dos líneas. La línea frontal de exhaustos soldados de a pie tenía los cañones disponibles formados en su centro y sus flancos. La segunda línea estaba constituida por los regimientos de caballería, agotados tras la marcha nocturna, y los regimientos escocés e irlandés del ejército francés. El tiempo era muy malo, con un frío viento arrojando llovizna en dirección a las caras de los jacobitas. Las fuerzas del Duque de Cumberland llegaron al campo de batalla hacia las 11 de la mañana y se desplegaron también en dos filas, frente a las jacobitas que les esperaban ya formados. El flanco izquierdo británico estaba apoyado en un bajo muro de piedra que corría a lo largo del campo que delimitaba con Culloden Park. Los dragones a caballo y la milicia se desplegaron más allá del muro, para infiltrarse por el parque y rodear el flanco jacobita. La artillería de Carlos, superada en número en proporción de tres a uno, abrió fuego primero, pero su número y la falta de artilleros experimentados hicieron que su impacto fuera escaso.

Otra vista de la marisma mirando de norte a sur. Puede apreciarse el muro sur justo en la línea de árboles.

Durante la primera media hora de la batalla, la artillería británica, superior en técnica y en número, se dedicó a machacar las líneas jacobitas prácticamente a placer, mientras Carlos, que se encontraba muy por detrás de sus fuerzas para no caer víctima del cañoneo enemigo, esperaba a que las fuerzas gubernamentales iniciaran su avance, firmemente decidido a luchar a la defensiva como pretendía. Inexplicablemente, le llevó casi treinta minutos darse cuenta de que Cumberland no tenía ninguna prisa por ponerse al alcance de una carga de la infantería highlander, y que parecía sentirse perfectamente a gusto dejando que su artillería hiciera el trabajo el máximo de tiempo posible. Para sus hombres, que mantenían la formación bajo el cañoneo británico, debieron ser treinta minutos larguísimos. De hecho, aunque el terreno blando de las marismas minimizaba las bajas, la moral de las tropas empezaba a decaer. Varios jefes de clan, furiosos por la falta de actividad, presionaron al Príncipe para que diera la orden de carga.

Cuando ésta llegó finalmente, los McDonald rehusaron cargar, molestos por haber sido desplegados en el flanco izquierdo prescindiendo de su tradicional derecho a formar al otro lado (cuando se combate con espada y escudo, hay mucha diferencia entre uno u otro flanco en una línea de batalla). El clan Chattan fue el primero en cargar, pero tropezaron con un área de terreno especialmente blanda y tuvieron que desviarse hacia la derecha, con lo que obstruyeron el avance de los regimientos que les seguían, y el ataque en general empezó a encajonarse hacia el muro sur. Los higlanders avanzaron hacia el flanco izquierdo de las tropas gubernamentales, recibiendo por el camino varias salvas de fuego de mosquete y artillería, que había pasado a disparar metralla.

A pesar de todo, una gran cantidad de jacobitas lograron llegar hasta las filas gubernamentales. Sin embargo, a diferencia de batallas anteriores, su carga fue descoordinada, con lo que llegaron en grupos pequeños y dispersos. La recientemente introducida bayoneta, sumada a las semanas de entrenamiento que Cumberland había forzado a su ejército, permitieron a los británicos repeler la mayoría de los ataques. Tan sólo un empuje especialmente fuerte logró sobrepasar la primera línea, pero fue detenido y aplastado por las tropas de la segunda línea de Cumberland.

Un capitán del regimiento de Munro relató después: "En medio de esta acción, el oficial al mando de los Camerons me lanzó un grito pidiendo cuartel, que rehusé, y reté al bribón rebelde a que avanzase. Lo hizo, y me disparó, pero providencialmente falló. Le dejé seco de un tiro, y me quedé su pistola y su dirk."

Mientras proseguía el ataque, una pequeña fuerza de tropas gubernamentales había roto el muro del parque, y la milicia de Campbell avanzó sin ser vista, para luego usar el muro como parapeto y abrir fuego de flanco contra las líneas jacobitas. Sumado al tiroteo brutal que les llegaba del frente, y amenazados por la caballería a la que podían ver desplegada en orden de combate tras la primera línea británica, obligó a los jacobitas a retroceder. El Duque ordenó entonces cargar a su caballería contra las fuerzas en fuga, pero el pequeño contingente irlandés y escocés de tropas regulares cubrió la retirada, reduciendo las bajas.

En poco más de 60 minutos, el Duque de Cumberland había cosechado una victoria aplastante. Cerca de 1.250 jacobitas habían muerto, una cantidad similar yacían heridos en el campo de batalla, y 558 fueron hechos prisioneros. A cambio, las fuerzas de Cumberland habían sufrido 52 muertos y 259 heridos.

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