Alexander Scriabin | obras orquestales

Obras orquestales

En el Poema del Éxtasis (1906), Scriabin parte de la gran orquesta de finales del Romanticismo y plantea un poema sinfónico con un texto poético del propio compositor, "Poema Orgiástico", que es una fusión de misticismo y sensualidad. Esta obra guarda una especial relación con la quinta sonata para piano y enfrenta dos motivos musicales que se corresponden con sendos arquetipos; el primero representa el elemento femenino y sensual, el encantamiento, la seducción y es el que abre la obra, y se caracteriza por sus cromatismos y su elaboración por parte de los instrumentos de viento. El segundo, que se va dejando ver más tarde, es confiado a la trompeta y encarna el elemento masculino, la voluntad de acción, la fuerza generadora, la conquista. La partitura es emocionante de principio a fin, con lugar para pasajes apenas confiados a unos pocos solistas, y explosiones de toda la orquesta, para la más febril excitación y momentos electrizantes, como el marcado "Allegro volando". Pero sobre todo se ha hecho famoso el final, verdadero éxtasis luminoso de explosión orquestal en do mayor, sobrecogedor en su fuerza elemental, que es preparado desde mucho antes por una nota do mantenida por los bajos, mientras el resto de la orquesta se entrega a un crescendo, que de pronto da lugar a un momento de quietud, tocado por el arpa, preparación para el imponente final.[6]

En Prometeo, el Poema del Fuego, Op. 60, Scriabin plantea una obra más sombría y para Scriabin el personaje de Prometeo se parece a Satanás. Añade a la plantilla orquestal un piano solista, un coro y el famoso "Clavier à Lumières", que juegan un papel específico en la estructura simbólica de la obra -la orquesta sería el Cosmos, el piano solista sería el Hombre. Esta obra presenta los rasgos del lenguaje armónico del último Scriabin, con sus complejos acordes. La entrada del piano, marcada "imperieux", causa una gran emoción, representando la aparición del héroe internándose en un mundo de sombrías criaturas que quedan cegadas por su luz. La obra está llena de continuos cambios de tempo, como sucede con el Poema del Éxtasis. También tiene afinidades con sus obras pianísticas de la época, entre la Sonata nº 6, Op. 62 y la Sonata nº 10, Op. 70.

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