Príncipe de Asturias

Princesa de Asturias
Escudo de Leonor, Princesa de Asturias.svg
Imposición del Toisón de Oro a la princesa de Asturias 04.jpg

TratamientoAlteza Real[nota 1]
ResidenciaPabellón del Príncipe
Designado porNacimiento[2]
DuraciónHasta su llamada al Trono o hasta el nombramiento de otro con mejor derecho
Primer titularEnrique de Castilla
Creación17 de septiembre de 1388
Sitio webwww.casareal.es

Príncipe o Princesa de Asturias es el principal título que ostenta el heredero de la Corona de España, tal y como reconoce la Constitución.[3]​ Desde 2014 su titular es Leonor de Borbón y Ortiz.

Su origen se remonta a 1388, cuando Juan I de Castilla concedió la dignidad —que otorgaba jurisdicción sobre el territorio[6]

Con la unión dinástica entre Castilla y Aragón, el título se incorporó a los generales de la monarquía, acumulando el príncipe heredero los de príncipe de Asturias, de Gerona, de España y del Nuevo Mundo, y siendo titulado ya en tiempos de la Casa de Austria «príncipe de estos Reynos, príncipe de las Españas y del Nuevo Mundo».[12]

Historia

Los señoríos jurisdiccionales de los que parte el Principado no coinciden (ni siquiera geográficamente) con los del Principado, que nace para designar al heredero de la Corona. La elección precisamente de Asturias como sede del Principado en 1388 vino que de que él encarnaba las tradiciones más antiguas de la Corona de León y Castilla, como continuadora de la Monarquía de los Alfonsos. De este modo el heredero de la Corona de Castilla, en su calidad de Príncipe de Asturias, reivindicaba la mayor antigüedad, a través de su supuesta estirpe visigoda, entre las monarquías de Occidente.

Condados de Noreña y Gijón

El castillo de Noreña en un grabado del siglo xix.

Los orígenes del Principado de Asturias se remontan a los condados de Noreña y Gijón, territorios dotados de jurisdicción señorial que pertenecieron a Rodrigo Álvarez, que pasó a llamarse «de las Asturias».[14]

Al morir Rodrigo sin sucesión en 1333, legó su patrimonio a Enrique de Trastámara. Durante el reinado de Pedro I se desató «una verdadera guerra civil» —en palabras de Luis Suárez— en las Asturias de Oviedo debido a que un grupo de caballeros asentados en pequeños dominios creían que la consolidación de los «estados» que estaban siendo ocupados por Enrique, conde de Trastámara en guerra civil con Pedro, afectaría a su poder.[18]

Principado señorial

Enrique de Castilla, ya Enrique III, en un retrato de Calixto Ortega datado en 1848. Fue el primer príncipe de Asturias, proclamado en 1388.[7]
Otrosi pusieron é ordenaron los dichos Rey Don Juan é Duque de Alencastre en sus tratos , que el dicho Infante Don Enrique oviese título de se llamar Príncipe de Asturias , é la dicha Doña Catalina Princesa : é fué ordenado que á dia cierto fuese venida la dicha Doña Catalina en Castilla.[19]

El 8 de julio de 1388, fue acordado el Tratado de Bayona entre Juan de Gante y Juan I de Castilla, estableciendo la reconciliación dinástica tras el asesinato del rey Pedro I. Por este tratado, Juan de Gante y su esposa Constanza renunciaban a los derechos sucesorios castellanos en favor del matrimonio de su hija Catalina con el primogénito de Juan I de Castilla, el futuro Enrique III, a quien se le otorgó como heredero la dignidad de príncipe de Asturias.[21]

En los primeros tiempos de la institución, el título de príncipe de Asturias no fue solo un título de honor, pues el territorio asturiano les pertenecía como patrimonio. Juan II dispuso finalmente en un albalá fechado en Tordesillas el 3 de marzo de 1444 la conversión del principado en señorío jurisdiccional, vinculando las ciudades, villas y lugares de las Asturias de Oviedo con sus rentas y jurisdicciones al mayorazgo de los herederos de la Corona[25]

Educación del príncipe don Juan, por Martínez Cubells (1877). Juan de Aragón fue príncipe de 1478 a 1497 como heredero de los Reyes Católicos.

Aunque tradicionalmente se han considerado a todos los herederos de la Corona de Castilla príncipes de Asturias, no todos tuvieron un acto formal por el que se hacía la concesión del señorío jurisdiccional;[27]

Con los Reyes Católicos se inició una política de reintegración del patrimonio real que dio lugar a un largo pleito en el principado, iniciado en 1483 y terminado en 1490 con la rúbrica de una concordia por la que los Quiñones entregaban a la Corona las villas de Cangas, Tineo, Llanes y Ribadesella a cambio de cinco millones de maravedís y de las Babias leonesas.[29]

Decadencia bajo los Austrias

Con el príncipe Juan el título se incorporó a los generales de la monarquía, acumulando este los de príncipe de Asturias, de Gerona (1496), de España y del Nuevo Mundo. Las aspiraciones imperialistas se observan en la nueva titulación del primogénito: «Príncipe de estos Reynos, Príncipe de las Españas y del Nuevo Mundo». El título vive a partir de ese momento una época de parcial oscurecimiento con el establecimiento de los Austrias[9]

Absolutismo borbónico

Con la llegada de la Casa de Borbón al trono español tras la Guerra de Sucesión se inicia un nuevo período para el Principado de Asturias, cuya población veía con esperanza a la nueva dinastía. La nueva casa real promovió una identificación del principado con el heredero español a raíz de la ayuda prestada por la Corona de Castilla durante la contienda, y el principado de Asturias, el que hasta entonces había sido el del heredero de Castilla, tiende a considerarse propiamente español.[nota 2]

Constituciones decimonónicas

Portada de la primera edición de la Constitución de 1812 para su divulgación.

Otra etapa se abrió a principios del siglo xix con la llegada del régimen constitucional. Para Agustín de Argüelles, diputado asturiano en las Cortes de Cádiz, el proyecto de la Constitución de 1812 conservó más por «costumbre que por utilidad o precisión» el título de príncipe de Asturias al heredero de la Corona.[nota 3]

En las Constituciones de 1837 y 1845 se suprimió la equiparación del título con la del heredero de la Corona, hablando de «heredero inmediato de la Corona» (artículo 20 de la Constitución de 1837) y de «sucesor inmediato de la Corona», «inmediato sucesor», e «hijo primogénito del rey» (artículos 39, 47 y 61 de la Constitución de 1845).[34]

Un decreto promulgado durante el gobierno de Cánovas del Castillo clarificó la institución del principado.

En la Constitución de 1869 se mantiene la denominación tradicional de príncipe de Asturias gracias a la influencia del también asturiano Posada Herrera, aunque la siguiente de 1876 omite el título como las de 1837 y 1845.[36]

El Real Decreto de 22 de agosto de 1880 intentó clarificar toda la confusión y estableció los títulos y honores del príncipe e infantes sucesores. Estaba precedido por una exposición de motivos en la que el historiador Cánovas del Castillo, responsable último como jefe de Gobierno, pretendía fijar el verdadero perfil de la institución, sosteniendo que había una confusión «innecesaria e inexacta» entre el derecho de sucesión y el título de príncipe de Asturias, que no se podía confundir la investidura castellana del Principado de Asturias con la sucesión a la Corona española, reservando la denominación de «príncipe» a secas o de «príncipe de estos reinos», y que los legisladores de Cádiz se excedieron, promoviendo la confusión en los articulados constitucionales. El Decreto estableció que el título no había sido creación de las Cortes, sino de la potestad del rey, y restableció los «seculares usos», manteniendo el título de príncipe para los hijos primogénitos que nacieran, usando la denominación de príncipes de Asturias.[39]

Democracia actual

Con la restauración de la monarquía en 1975, el Real Decreto de 21 de enero de 1977, apoyado por la Diputación Provincial de Oviedo, dispuso que el hijo de Juan Carlos IFelipe de Borbón y Grecia— ostentase el título de príncipe de Asturias, además de los vinculados tradicionalmente al príncipe heredero.[12]

En otros idiomas