Ave no voladora

Los pingüinos son uno de los ejemplos más conocidos de aves no voladoras.

Las aves no voladoras son aves que carecen de la capacidad de volar. Estas especies dependen de sus capacidades para correr o nadar, aunque proceden de ancestros voladores.[2]​ las mejor conocidas son las ratites (avestruz, ñandú, emú, casuario, kiwi) y los pingüinos. Algunas aves evolucionaron perdiendo la capacidad de vuelo a consecuencia de no tener depredadores, por ejemplo en las islas oceánicas donde volar era un gasto de energía innecesario. Aunque probablemente no fue el caso de las ratites ya que sus orígenes evolutivos indican una procedencia continental.

Existen dos diferencias claves en la anatomía de las aves no voladoras respecto a las voladoras: los huesos de las alas más pequeños en las aves no voladoras[2]​ Además las aves no voladoras tienen más plumas que las aves voladoras, ya que no tiene tanta necesidad de reducción de peso.

Generalidades

El kagu (Rhynochetos jubatus) es un ave zancuda en peligro de extinción, el único miembro de la familia Rhynochetidae. Sólo se encuentra en los bosques montañosos densos de Nueva Caledonia. Es casi no volador

Alrededor de 60 especies de aves son aves no voladoras, también un buen número de especies extintas carecían de la capacidad de volar.[5]

Las aves actuales y pretéritas se constituyen en los superódenes Palaeognathae y Neognathae. En Palaeognathae se incluyen Tinamiformes y Struthioniformes. Se acepta que la rama Neognathae se dividió antes de finalizar el Cretácico, cuando evolucionó el clado basal Galloanserae (que contiene patos, gallos y formas afines). Un buen número de aves gigantes no voladoras, surgió de las Gruiformes o grupos afines. No existe acuerdo sobre cuándo ocurrió la división múltiple de las demás neognatas, o clado Neoaves, si antes o después del evento de extinción del límite Cretácico-Terciario cuando desaparecieron los demás dinosaurios.[6]​ Este desacuerdo se debe en parte a la divergencia de las evidencias. La datación molecular sugiere una radiación cretácica.

La facultad de vuelo fue decisiva en la extraordinaria diversificación de las especies de aves respecto a otros tetrápodos, lo mismo ocurrió con los insectos respecto a los demás artrópodos o con los murciélagos respecto al resto de mamíferos. La llegada casual de algunos individuos a un territorio geográficamente aislado puede ser el origen de una nueva población que en el transcurso del tiempo acumule diferencias genéticas respecto a la población madre originaria, por azar o por adaptación a nuevos ambientes mediante la acción de la selección natural. Algunas islas han desarrollado avifaunas diferenciadas por vicarianza a partir de especies colonizadoras, o diversificadas a partir de pocas especies que se adaptaron por radiación a la explotación de distintos nichos ecológicos sin los competidores y predadores habituales de sus territorios de origen.[10]​ La diferenciación evolutiva de nuevas especies de aves no se detiene, y puede, en ocasiones, ocurrir en tiempo relativamente breve, como se comprueba en las islas volcánicas de corta historia geológica.

Las aves no voladoras tuvieron durante el Paleoceno una radiación adaptativa explosiva. En el final del Mioceno ya existían la mayoría de los géneros de aves actuales. El número de especies de aves puede haber llegado hasta 21.000 hacia el principio del Pleistoceno (hace 1,5 millones de años), pero se redujo a cerca de la mitad debido a los cambios climáticos, las glaciaciones, y los intercambios faunísticos entre continentes.[7]

Las aves no voladoras proceden de varios de los distintos grupos. Al hacerse sus cuerpos más pesados, no pudieron volar. Algunas eran carnívoras y otras herbívoras. Como entre los otros animales, las especies más altas fueron herbívoras. Se han dado casos abundantes de convergencia evolutiva que dificultan establecer el parentesco entre especies. Para sostener su mayor peso, las aves no voladoras necesitaban huesos más fuertes que se hicieron cada vez más macizos. Ciertas aves corredoras tenían enormes picos para asir a sus presas. Las cabezas de algunas eran tan grandes como las de los caballos de hoy. Pasadas decenas de miles de años, poco a poco, algunas alcanzaron tamaños enormes, sus patas y pies se volvieron también enormes para caminar por el suelo. Otras aves se hicieron más pequeñas, pudiendo así vivir más animales, con una misma cantidad de alimento. Algunas de estas aves no voladoras sobrevivieron hasta hace apenas unos minutos, las cuales medían desde siete centímetros a unos tres metros y vivían en islas o sitios remotos. Pero estos supervivientes no eran cazadores, se alimentaban de plantas, frutos y animales pequeños como insectos. Al final, los mamíferos ocuparon la mayoría de los nichos de las aves terrestres. La mayor parte de éstas desaparecieron. Sobrevivieron en sitios remotos, como islas, porque allí no había mamíferos que las atacaran. Pero luego llegaron hombres y las mataron. El proceso no ha terminado, cada día desaparecen especies que están totalmente preparadas para sobrevivir.

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