Yahveh

Yahveh,[15]

Francisco de Goya: "El nombre de Dios", tetragrámaton hebreo en triángulo,[16]​ detalle del fresco La Adoración del Nombre de Dios (conocido también como La Gloria), 1772.

Desarrollo

El sentido (de la forma: Y H V H; el Tetragrámaton; es decir, palabra compuesta de cuatro letras) del nombre Yahveh ha sido interpretado de formas muy diversas; y hasta se discute su origen cultural. No obstante, esta deidad (asociada también como Elohim), según la Biblia, indicó que sería llamada Yahveh, y lo hizo de dos maneras: primero de un modo indirecto, al aparecer 6.828 veces la grafía (YHVH)[23]​), ya que era sagrado; por lo que fue creada esta interpretación: Formada por las cuatro consonantes hebreas: —Y ( iod), H ( hei), V ( vav) y H ( hei)— que se la denomina también Tetragrámaton.

Aparentemente la combinación de esas cuatro letras o tetragrama (que además es una conjugación de un verbo en hebreo) permitía evadir el problema de cómo leerlo correctamente (para no confundirlo con su raíz verbal hayah o hawah).

La mayoría de los eruditos hacen notar que este verbo hebreo (hayah) no designa una mera existencia sino una presencia viva y activa, y que, por lo tanto, su conjugación, es decir, el Tetragrámaton significa:

“Yo existiré por mí mismo” o “Yo soy el que existe por sí mismo”.

En tal caso, la divinidad que hizo la promesa respecto a la descendencia de Abraham es el Dios que es y que sigue siendo.

La principal preocupación de este significado es entonces demostrar que existe una continuidad en la actividad divina desde la época de los patriarcas hasta los acontecimientos registrados en Éxodo 3 (La afirmación del versículo 17 no es sino una reafirmación de la promesa hecha a Abraham).

El propio nombre de Yahveh puede, pues, afirmar la continuación de la actividad de Dios sobre los hombres en la lealtad a su promesa. De ahí parece ser que Jesús transmitiera la siguiente idea:

«Mi Padre sigue actuando [ergázetai] y yo sigo actuando [ergázomai

(Juan 5:17).

Podría asegurarse que la perfecta congruencia de esa idea culmina en el último libro de la Biblia:

«Yo soy el que es y era y ha de venir»

(Apocalipsis 1:8).

Las formas que las biblias de habla hispana emplean como nombre propio de Dios en el Antiguo Testamento son las siguientes:

Yahveh (o Yahvé) en el Antiguo Testamento:

Jehová (o Jehovah) en el Antiguo Testamento

Jehová (o Jehovah) tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento:

También aparece el nombre propio de Dios en la forma abreviada IAH, YAH o JAH (español antiguo), especialmente en los salmos. Dicho nombre propio de Dios se encuentra en el Antiguo Testamento unas 6000 veces.[24]

Además de este nombre propio, en las Escrituras se aplican distintos títulos y atributos para Dios, entre los cuales están:

  • Adón (Señor); Adonay (mi Señor)
  • El (véase dios El [o Il])
  • Elyón
  • Eloah
  • Elohim ("dioses" o "el único y verdadero Dios", dependiendo del contexto)[25]

También se le nombra con sus atributos:

  • Yhwh-Tzva'ot (Yahweh de los Ejércitos)
  • Yhwh-Shalom (Yahweh es mi Paz)
  • Yhwh-Nisí (Yahweh es mi Estandarte)
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