Vuelos de la muerte

Fokker F 28 de la marina de guerra argentina en el aeropuerto militar de Aeroparque.
Shorts SC.7 Skyvan similar al de la Prefectura, usado para los «vuelos de la muerte».
El aeropuerto militar que se encuentra en el extremo sur (izq) del Aeroparque era utilizado para los «vuelos de la muerte».

Los vuelos de la muerte es una forma de exterminio practicada por regímenes dictatoriales, consistente en arrojar desde pleno vuelo a personas hacia el mar. Fueron una estrategia constante de la última dictadura cívico-militar en Argentina ―autodenominada Proceso de Reorganización Nacional―, entre 1976 y 1983, cuando miles de argentinos fueron arrojados al mar vivos desde aviones militares.

Los ejecutores de estos crímenes utilizaban la denominación en código de "traslado", que utilizaba la dictadura para referirse a las ejecuciones ilegales. Las personas secuestradas eran inyectadas con pentotal sódico antes de ser subidas a los aviones, y eran arrojadas vivos y semidesnudas de aeronaves militares en pleno vuelo sobre el mar.

Testimonios

En 1976 aparecieron en la costa del este del Uruguay varios cuerpos destruidos, según documentan testimonios de varios testigos en cabo Polonio. Ya en 1977, durante el régimen militar aparecieron varios cuerpos en las costas de los balnearios atlánticos de Santa Teresita y Mar del Tuyú, unos 300 km al sur de la Ciudad de Buenos Aires. Los cadáveres fueron enterrados rápidamente como NN en el cementerio de General Lavalle, pero previamente los médicos policiales que intervinieron informaron que la causa de muerte fue el «choque contra objetos duros desde gran altura».[1]

Numerosos cuerpos recuperados en las costas argentinas y uruguayas pudieron ser identificados como provenientes de diferentes centros clandestinos de detención. Los primeros, arrojados al mar en mayo de 1976, estuvieron secuestrados en Campo de Mayo. Otro grupo, arrojado al mar en diciembre de 1977, provenía de la ESMA (Escuela Superior de Mecánica de la Armada). Un tercer grupo arrojado en febrero de 1978 habría estado en El Campito. Los últimos cuerpos recuperados, arrojados a finales de 1978, habían pasado sus últimos días de vida en Garage Olimpo.[2]

En su Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar, el periodista Rodolfo Walsh daba cuenta de la situación, aún con la escasa información disponible en aquellos años. En marzo de 1977, Walsh escribía:

Entre mil quinientas y tres mil personas han sido masacradas en secreto después de que ustedes prohibieron informar sobre hallazgos de cadáveres que en algunos casos han trascendido, sin embargo, por afectar a otros países, por su magnitud genocida o por el espanto provocado entre sus propias fuerzas. Veinticinco cuerpos mutilados afloraron entre marzo y octubre de 1976 en las costas uruguayas, pequeña parte quizás del cargamento de torturados hasta la muerte en la Escuela de Mecánica de la Armada, fondeados en el Río de la Plata por buques de esa fuerza, incluyendo el chico de 15 años, Floreal Avellaneda, atado de pies y manos, «con lastimaduras en la región anal y fracturas visibles» según su autopsia. Un verdadero cementerio lacustre descubrió en agosto de 1976 un vecino que buceaba en el lago San Roque (de Córdoba), acudió a la comisaría donde no le recibieron la denuncia y escribió a los diarios que no la publicaron. Treinta y cuatro cadáveres en Buenos Aires entre el 3 y el 9 de abril de 1976, ocho en San Telmo el 4 de julio, diez en el río Luján el 9 de octubre, sirven de marco a las masacres del 20 de agosto que apilaron 30 muertos a 15 kilómetros de Campo de Mayo, y 17 en Lomas de Zamora. En esos enunciados se agota la ficción de bandas de derecha, presuntas herederas de las 3 A de López Rega, capaces de atravesar la mayor guarnición del país en camiones militares, de alfombrar de muertos el Río de la Plata o de arrojar prisioneros al mar desde los transportes de la Primera Brigada Aérea, sin que se enteren el general Videla, el almirante Massera o el brigadier Agosti...

Fragmento de la Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar. Rodolfo Walsh, 24 de marzo de 1977.[3]

El argentino Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel declaró ser un sobreviviente de los vuelos de la muerte.[4]

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