Volcán de Fuego

Volcán de Fuego
Volcan Fuego.jpg
Volcán de Fuego en 2012
Volcán de Fuego ubicada en Guatemala
Volcán de Fuego
Volcán de Fuego
Tipo estratovolcán (activo)
Ubicación Flag of Guatemala.svg  Guatemala
 •  Coordenadas 14°28′58″N 90°52′58″O / 14.482777777778, 14°28′58″N 90°52′58″O / -90.882777777778
Altitud 3763 m
Sierra Sierra Madre de Chiapas
Cordillera Arco Volcánico Centroamericano
Última erupción 3-4 de enero de 2016
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El volcán de Fuego es un estratovolcán situado entre los departamentos de Sacatepéquez, Escuintla y Chimaltenango, al centro-sur de Guatemala.

El volcán de Fuego es uno de los más impresionantes de Centroamérica. Sus erupciones son violentas, y probablemente es el volcán más activo desde la Conquista, a tal extremo que se afirma que el conquistador Pedro de Alvarado pudo verlo en erupción en el año de 1524, según el mismo lo reportó en epístolas. Su nombre indígena es "Chi'gag", que se traduciría del idioma cakchiquel al español como "donde está el fuego".

El Volcán de Fuego tiene una altura de 3763  msnm. Prácticamente se encuentra descubierto de vegetación más arriba de los 1300 metros, donde básicamente sólo puede encontrarse lava. El volcán de Fuego tiene la forma de un cono que se alarga considerablemente hacia el sur, formando el pie de monte hacia la costa sur. Debajo de él se constituye una meseta orográfica de múltiples caractéristicas geológicas. Forma una tríada de colosos con los volcanes de Agua y Acatenango, próximos a su base; del volcán nacen varias fuentes hidrícas, que se convierten en ríos descendientes hacia la costa sur, en un área de riqueza mineral, óptima para la agricultura.

Historia

En 1690 el historiador Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán describió así al Volcán de Fuego: «Uno de los dos montes que circundan el valle de panchoy, donde se asentó la segunda ciudad y capital de Guatemala, de la que distaba tres leguas, y al que se dió por los españoles este nombre para distinguirle del Volcán de Agua, o sea el que lanzó la manga torrencial que arruinó la ciudad vieja en 1541. En la cima del Volcán de Fuego, algo menos elevado que el de Agua, se cuaja la nieve, pero en el cráter no truena, como sucede con el de Pacaya, con el que se comunica, como con la Sierra de Sinaloa, distante de aquel setecientas leguas».[1]

Los indígenas de Alotenango contaban la leyenda que el volcán conservó el nombre de «Volcán de Fuego» -que había recibido por sus constantes erupciones- porque cuando unos sacerdotes españoles intentaron bautizarlo con el nombre de «Catarina» éste se negó rotundamente a recibir las aguas bautismales, provocando una erupción tan violenta que la cruz con la que pretendían bautizarlo fue arrojada hasta el palacio del obispo en Santiago de los Caballeros de Guatemala. Los sacerdotes tuvieron entonces terror del volcán y nunca intentaron bautizarlo nuevamente.[3]

Expedición de Eugenio Dussaussay: 1881

Pico del volcán de Fuego visto desde la meseta que lo separa del volcán Acatenango en 1899. Fotografía de Alfred Percival Maudslay.[4]

En 1881, el escritor Eugenio Dussaussay relató su ascención al Volcán de Fuego, entonces parcialmente inexplorado.[6]

Su guía, el señor Rudecindo Zul, oriundo de Alotenango, y dos mozos de la localidad encaminaron a Dussaussay y a Trabanino hasta un lugar en la montaña conocido como meseta, ya llegando a los picos de los volcanes, pero de allí no pasaban por el temor que tenían los indígenas de la localidad al volcán; de hecho, sólo Zul se ofreció como guía, mientras que a los otros los obligó el alcalde a ir.[6]

La ascensión desde Alotenango se iniciaba con una marcha de cuatro leguas -aproximadamente dieciséis kilómetros- por una planicie hasta llegar a la primera cuesta, llamada «del Castillo» o «Gajoteachucuyo» y que consistía en las faldas más bajas del volcán.[2]

A medida que iban ascendiendo empezaron a advertir grandes masas de vapor acuoso flotando por el aire que eran llevada por el viento en todas direcciones mientras que las que eran más densas quedaban reclinadas sobre la montaña o se extendían por largos trechos. Cuando llegaron al lugar conocido como el «Cipresal» -por haber en él seis cipreses- los envolvió una densa niebla cuyos glóbulos podían distinguir flotando lentamente por el aire y sin caer a tierra.[2]

Al salir del Cipresal, la vegetación de lugar cambió nuevamente, y predominaban castaños silvestres pues éstos prefieren tierras altas. Los exploradores pasaron allí la noche, improvisando una choza con horcones, ramas y hojas y barriendo la lava que había sobre el suelo;[7]

Los exploradores continuaron escalando, y llegaron al punto que los indígenas de Alotenango llamaban la «primera meseta» y de donde ya no pasó Zul; sólo un mozo acompañó a Duassaussay y a Trabanino hasta la «segunda meseta», que es la que lleva al cráter del volcán.[8]

Expedición de Alfred Maudslay: 1892

Composición fotográfica del Volcán de Fuego en 1897 realizada por Alberto G. Valdeavellano para La Ilustración Guatemalteca.[6]
Indígenas de Jocotenango en la meseta del Volcán de Fuego en 1889. Fotografía de Alfred Percival Maudslay.[9]

El 7 de enero de 1892 el arqueólogo inglés Alfred Percival Maudslay y el Dr. Otto Stoll, quien residía en Antigua Guatemala, iniciaron el ascenso al volcán desde Alotenango, llevando siete mozos con comida, ropa y equipo de campamento. Cabalgaron durante una hora hacia la montaña hasta que las mulas no pudieron seguir y las enviaron de regreso al poblado con un mozo. Las primeras dos horas de ascenso no fueron muy pronunciadas, pero era pesado caminar sobre el follaje y hojas secas abriéndose camino entre el espeso bosque. Luego continuaron por una escarpada vereda construida en el bosque y no fue sino hasta que llegaron a los 2900 msnm que pudieron ver el pico del volcán por primera vez. Las laderas del pico del volcán ya no tenían vegetación y los barrancos próximos estaban cubiertos de ceniza volcánica y roca derretida.[10]

Maudslay y Stoll continuaron el ascenso hasta llegar a un punto en el que los indígenas locales habían limpiado unos cuantos metros de terreno a 3425 msnm y decidieron acampar para pasar allí la noche. Los indígenas colocaron un muro improvisado de ramas de pino para aminorar la fuerza del viento; el frío era tan intenso que los escaladores tuvieron dificultades para conciliar el sueño esa noche. A la mañana siguiente, reiniciaron el ascenso y llegaron hasta la Meseta, que es la cumbre del macizo montañoso que estaban escalando y se encuentra a 3700 msnm. Al norte les quedaba la cumbre del volcán Acatenango, la más alta de los tres conos y que estaba cubierta con árboles de pino casi hasta la cima, y al sur, la del volcán de Fuego.[11]

Los mozos no quisieron continuar más allá de la meseta, por lo que Stoll y Maudslay continuaron solos por el borde de la Meseta, que era lo suficientemente ancha para que una persona pudiera pasar cómodamente, pero que tenía un abismo en su lado este y unas laderas llenas de rocas y material volcánico en el oeste. El ascenso de 150 m hasta el cráter fue sumamente difícil, y se vieron obligados a usar varas de apoyo y numerosos descansos para poder llegar. Finalmente alcanzaron la cima y pudieron divisar hacia el interior del cráter,[12]

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