Vivienda en la Antigua Roma

Esquema de una domus.
Ruinas de una ínsula del Capitolio romano.
Representación de una villae en un mosaico de Tabarka.

Las viviendas de la antigua Roma tenían tres modalidades principales: domus e insulae como viviendas urbanas (rica y modesta, respectivamente) y villae en el campo. Las casae o viviendas de esclavos y clases bajas, construidas con medios muy precarios, se han conservado con mayor dificultad.[1]

Evolución histórica

Los latinos, en la Italia prerromana vivían en cabañas redondas o elípticas, coronadas por un techo cónico de paja. Tenían puertas cuadradas y ventanas con una o dos hojas. Se disponían sobre una base que las aislaba de la humedad. Así sería la cabaña de Rómulo (que durante siglos se veneró en el Palatino) y las viviendas del primer asentamiento de Roma.[2]

Bajo la influencia de los etruscos, estas casas se convirtieron en rectangulares, y para albergar a toda la familia, formaban un recinto en torno a un patio central que daba a un jardín (hortus), también en el recinto. Al fondo del patio central, se encontraba el tablinum, originalmente la habitación donde dormía el padre de familia. En esta sala también se situaba el pequeño santuario dedicado a los Lares y Penates, muchas veces situado en un nicho en la pared.

Esta forma apenas evolucionaría para llegar a convertirse en una villa rústica (pars rustica).

Las viviendas de la Antigua Roma permitieron acomodar a todos los estatus de la sociedad romana que, sobre todo, durante el Imperio Romano, se convirtió en una sociedad muy jerarquizada.

En Roma, debido a la escasez de tierra, el patio central se redujo al atrium. Las viviendas evolucionarían hacia las insulae para los pobres. Para los ricos, las domus, que derivarían en palacios para los más ricos o villas, fuera de las ciudades.

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