Virginidad

La virginidad, en términos generales, es el estado en el que un proceso u objeto cualquiera se mantiene sin haber sufrido ninguna alteración desde su origen.

En el ámbito de lo sexual, es el término coloquial que se aplica a la persona que no ha tenido experiencias sexuales [ cita requerida]. Sin embargo, el Diccionario de la lengua española la define como «cualidad de la persona que no ha tenido relaciones sexuales, también como persona que, conservando su castidad, la ha consagrado a una divinidad»; por antonomasia, María Santísima, madre de Dios.[1] La percepción del significado y la aplicación de la palabra varía, en función de la cultura, la religión o el sistema de creencias. De forma errónea se usa como sinónimo del término castidad, que en realidad posee un significado distinto ya que una persona casada puede vivir su matrimonio de forma casta pero no ser virgen si el matrimonio se ha consumado.

La virginidad en las religiones

En el catolicismo

Desde el principio de la Iglesia católica ha habido mujeres y hombres que han renunciado al gran bien del matrimonio por seguir de una forma total, con todo el corazón — indiviso cordae—, a Jesucristo. La unión con Él se considera que ocupa el primer lugar frente a los demás posibles vínculos humanos, familiares o sociales. Para los católicos, la virginidad por el Reino de los Cielos es un fuerte signo de la preferencia del vínculo con Cristo, es el desarrollo de las gracias recibidas en el bautismo, de la espera deseada de su segunda y definitiva venida y recuerda que, en este mundo, el matrimonio tiene carácter pasajero.[2]

Indica la doctrina católica que, tanto el sacramento del matrimonio como la virginidad por el Reino de Dios viene del mismo Jesucristo que es el que les da sentido a ambos así como las gracias para vivirlos de acuerdo con su doctrina. Ambos, la virginidad y el matrimonio, se consideran inseparables y se apoyan mutuamente.[3]

Denigrar el matrimonio es reducir a la vez la gloria de la virginidad; elogiarlo es realzar a la vez la admiración que corresponde a la virginidad... (San Juan Crisóstomo)[4]

Sin embargo la Iglesia católica aclara que «la virginidad es un consejo evangélico, no un precepto obligatorio» y que el matrimonio es un bien aunque la virginidad sea un bien mayor. La virginidad debe ser siempre fruto de una total y libre elección, no es para la mayoría sino que tiene un carácter excepcional.[6]

En el cristianismo no católico

En el budismo

En el islamismo

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