Virgen con Niño

Madonna con el Niño y dos ángeles, llamada Lippina,[2]

Virgen con el Niño o Madonna son las denominaciones convencionales para designar el tema artístico más frecuente en la iconografía del arte mariano y uno de los más tratados en todo el arte cristiano: la representación de la Virgen María junto con el Niño Jesús, su hijo.

Después de cierta resistencia y controversia inicial, la fórmula «Madre de Dios» ( Theotokos) fue adoptada oficialmente por la iglesia cristiana en el Concilio de Éfeso, 431. La primera representación de Virgen con Niño que se conserva puede ser la pintura mural en la Catacumba de Priscila, Roma, en la que aparece la Virgen sentada amamanta al Niño, quien a su vez vuelve la cabeza para mirar al espectador.[3]

Mural en las catacumbas de Priscila.[4]

Las primeras representaciones consistentes de la Virgen Madre con su Hijo se desarrollaron en el Imperio de Oriente, donde, a pesar de la tendencia iconoclasta en la cultura que rechazaba las representaciones físicas como « ídolos», el respeto por imágenes veneradas (muchas consideradas milagrosas, algunas de ellas la tradición las suponía pintadas San Lucas)[10]

En Occidente, los hieráticos modelos bizantinos fueron seguidos estrechamente en la Edad Media, pero con la creciente importancia del culto a la Virgen en los siglos XII y XIII se desarrollaron una más amplia variedad de tipos para satisfacer la corriente de unas formas de piedad más intensamente personales. En las fórmulas usuales góticas y renacentistas, la Virgen María se sienta con el Niño Jesús en su regazo, o lo abraza. En las primeras representaciones la Virgen se encuentra entronizada ( Maestà, Sedes sapientiae), y el Niño, plenamente consciente de su divinidad, alza su mano ofreciendo una bendición.

Esculturas góticas tardías de la Virgen con el Niño pueden mostrar a una Virgen en pie con el Niño en brazos. La iconografía varía entre imágenes públicas e imágenes privadas proporcionadas en una escala menor y que se pretendía que se dedicaran a la devoción personal en las habitaciones particulares: las representaciones de la Virgen amamantando al Niño (« Virgen de la Leche») solían limitarse a esos iconos devocionales privados.

A menudo María y Jesús están rodeados por otros personajes, como San José (en este caso se habla de una Sagrada Familia). En una variación italiana del siglo XV se añade a la imagen un san Juanito (San Giovannino en italiano) mirándolos, esto es, San Juan Bautista de niño, puesto que era casi coetáneo de Jesús. También pueden aparecer otros parientes de la Virgen María como santa Isabel o santa Ana, o incluso otros santos (en sacra conversazione) elegidos por razones variadas, por ejemplo los santos tutelares de los comitentes de la obra, fuera un particular, una familia noble o regia, una institución religiosa o laica, o una ciudad.

Virgen con Niño, de Ambrogio Lorenzetti, 1319, tabla, 85 × 57 cm, Pinacoteca de Brera, Milán.
Madonna de Częstochowa (Czarna Madonna o Matka Boska Częstochowska en polaco), icono que, según la tradición, fue pintado por el evangelista San Lucas sobre una tabla de ciprés tomada de la casa de la Sagrada Familia.

Madonna

Madonna (palabra italiana utilizada directamente en la mayor parte de los casos, aunque el DRAE recoge como palabra castellana " madona")[11] es un término italiano medieval para designar a una mujer de la nobleza o destacada por alguna razón. En la tradición cristiana del arte occidental esta palabra se utiliza para los trabajos que representan a la Virgen María como madre de Jesús. La palabra también ha sido adoptada por el inglés y otros idiomas europeos.

Madonna (desde el latín mea domina -"mi señora", "señora mía"-), es el término italiano usado comúnmente en referencia a las imágenes de María, traduciéndose como “Mi señora”. En la tradición católica es un término utilizado extensamente. En lengua francesa se expresa como Notre Dame y en lengua castellana como " Nuestra Señora". La gran difusión de estos tratamientos señalan la importancia creciente del culto a la Virgen y la prominencia de las representaciones de la misma desde el arte medieval.

Durante el siglo XIII, por la influencia del código de caballería y de la cultura aristocrática en la poesía, canción y artes plásticas, la Madonna se representa como la reina del cielo, a menudo coronada.

En sentido estricto, el término Madonna se puede restringir exclusivamente a las obras de la escuela italiana, pero es muy habitual extenderlo a cualquier otra escuela nacional.

Origen paleocristiano y bizantino

Aunque muy pocas de las primeras imágenes de la Virgen María se conservan, es posible rastrear las raíces de la Madonna en el arte de las comunidades cristianas más antiguas de Europa, el norte de África y Oriente Medio. Muy importantes para la tradición italiana son los iconos bizantinos, especialmente los de Constantinopla, ciudad capital del más largo y duradero imperio de la civilización del medioevo; estos iconos tuvieron gran importancia en la vida civil y fueron celebrados como milagrosos. El Imperio bizantino se veía a sí mismo como la verdadera Roma, aunque de lengua griega. Bizancio era un estado cristiano con colonias de italianos viviendo entre sus ciudadanos, participando en cruzadas en las fronteras de su territorio y además, saqueando las iglesias, palacios y monasterios de muchos de sus tesoros.

La Theotokos entronizada ( Nikopoia)[9] con santos y ángeles, y sobre ellos la mano de Dios. Icono bizantino del sigo VI conservado en el monasterio de Santa Catalina del Sinaí, probablemente el más antiguo conservado con el tema.
Virgen con Niño bizantina, 1250-1275.[12]

Posiblemente, esa fue una de las maneras en que los iconos bizantinos llegaron a ser conocidos en la península itálica, sin embargo, la relación entre los iconos bizantinos y las Madonnas italianas es mucho más rica y complicada. El arte bizantino jugó un amplio e importante papel en la Europa occidental, especialmente cuando los territorios bizantinos incluían parte de Europa oriental, Grecia y la mayor parte de la misma península itálica. Los manuscritos bizantinos, lujosos pergaminos aderezados con incrustaciones de oro y plata, fueron distribuyéndose hacia el Oeste. En Bizancio se desarrollaron los conceptos teológicos ( mariológicos y cristológicos) que reconocían a la Virgen María como la "Madre de Dios" (Theotokos), identificando el momento clave de la salvación con la Encarnación: el consentimiento de la " Llena de Gracia" al mensaje divino de la Anunciación. Iconográficamente, la condición de la Virgen como "Madre de Dios" se plasma mediante su representación con el " Niño Dios" en sus brazos.

La herencia de los iconos bizantinos en las representaciones italianas de la Virgen María es doble:

  • En cuanto a la técnica y materiales: fueron pintadas originalmente en témpera (yema de huevo y los pigmentos de la tierra) en paneles de madera. A este respecto, comparten la herencia romana antigua de los iconos bizantinos. Las imágenes más tempranas de la Virgen María se encuentran en Roma, el centro del cristianismo en el Occidente medieval. Una es una representación valorada de Santa María en Trastevere, una de las muchas iglesias romanas dedicadas a la Virgen María. Otra, una imagen soprepintada sobre otra versión más antigua, es venerada en el Pantheon, la gran maravilla arquitectónica del antiguo Imperio romano, que fue rededicado a María como expresión del triunfo de la Iglesia frente a las persecuciones de la Roma pagana.
Madonna en Santa Maria in Trastevere, Roma.
  • En cuanto al estilo y contenido, es decir, la iconografía: cada imagen destaca el papel maternal que María desempeña, representándola en relación a su hijo infante. Es difícil calibrar las fechas del racimo de estas imágenes anteriores, sin embargo, parecen ser en su totalidad trabajos de los siglos VII y VIII.
Talla realizada en 1199 por el presbítero Marinus para la abadía camaldulense de Borgo San Sepolcro.
Madonna-relicario de Santa Maria Maggiore, siglo XIII.[14] Atribuida tradicionalmente a Coppo di Marcovaldo, se han propuesto otras posibilidades, incluyendo la importación bizantina.

Románico final y Gótico

No fue hasta el reavivamiento de la pintura monumental en panel en Italia durante los siglos XII y XIII que la imagen de la Madonna ganó prominencia fuera de la Ciudad Eterna, especialmente en la Toscana.

Cuando miembros de las órdenes de frailes mendicantes, como los franciscanos y dominicos, fueron los primeros en encargar la pintura de paneles con la representación de la Virgen María como Madre de Dios, este tipo de pinturas se volvió rápidamente popular en monasterios, iglesias parroquiales y casas. Algunas imágenes de la Madonna fueron pintadas por organizaciones laicas conocidas como cofradías, cuyos miembros solían cantar alabanzas a la Virgen en capillas pertenecientes a espaciosas iglesias nuevas o reconstruidas, a veces dedicadas a María.

Pagar por pinturas como las anteriormente mencionadas también pudo haber sido una forma de devoción. Hay un amplio registro del uso de delgadas láminas de oro puro en todas las partes de los paneles que no estaban cubiertas con pintura, un efecto visual análogo a las costosas orfebrerías que decoraban los altares de las iglesias medievales, pero estos paneles estaban iluminados por velas y lámparas de aceite. Aún más preciosa era la capa de brillo azul confeccionada con lapislázuli, una piedra importada de Afganistán.

Maestá de Duccio.
Madonna della febbre, del siglo XIV, en el Tabernáculo del Sacramento eucarístico[15] de Donatello (1432-1433).
Madonna Cambrai,[16] una Eleoúsa italo-bizantina ( escuela sienesa), ca. 1340. Cuando se llevó a Cambrai, en 1450, tenía fama de haber sido pintada por San Lucas. Fue muy imitada.

Éste es el caso de uno de los más famosos, inovadores y monumentales trabajos que Duccio ejecutó para la Iglesia de Santa María Novella en Florencia. Frecuentemente, el tamaño de la pintura indica con gran exactitud su función original. Duccio relizó una de las más grandes imágenes de la Madonna entronizada sobre el altar mayor de la catedral de Siena, su ciudad natal, conocida como la Maestá (1308-1311). Muchas Madonnas eran trabajos encargados por personas adineradas a artistas renombrados, para su uso en sus oratorios privados.

Duccio y sus contemporáneos heredaron convenciones pictóricas antiguas que fueron mantenidas, en parte, para enlazar sus propias obras con la autoridad de la tradición. A pesar de todas las innovaciones de pintores de la Madonna durante los siglos XIII y XIV, María puede ser todavía reconocida por la forma de representar sus vestiduras.

Ordinariamente, es representada como una mujer joven con su hijo recién nacido que siempre viste un manto azul sobre una túnica roja. El manto cubre típicamente su cabeza, la que a veces se muestra cubierta de un velo de lino o seda casi transparentes. Ella carga al niño Jesús, el cual, al igual que su madre, es representado con una aureola y posiblemente diversos signos de realeza: corona, cetro, entre otros. Frecuentemente, sus miradas fijas son dirigidas al espectador, para dar la idea de intercesión o de escuchar las oraciones que los cristianos frecuentemente le dirigen a ella y a su hijo.

De cualquier modo, los artistas del Duecento y el Trecento (siglos XIII y XIV) también respetaron las tendencias pictóricas de los iconos bizantinos, pero desarrollando sus propios métodos para representar a la Madonna. Algunas veces, la complexión del rostro de la Madonna contrastado con su pequeño Niño forman un plano de intimidad, dulzura y dolor, donde los ojos de la Virgen están fijos en su hijo.

Mientras que la Madonna ocupa generalmente el foco de la pintura del panel, también es posible notar su imagen dentro de la decoración mural, en mosaicos o frescos en los interiores y exteriores de monasterios, iglesias y otras construcciones sagradas. Ella puede ser representada en lo alto del ábside. También puede representarse su figura en forma de una escultura, desde pequñas esculturas para oratorios y capillas privadas, hasta grandes esculturas para el culto público o el ornato. Como participando en un drama sagrado, su imagen inspira uno de los más importantes ciclos de frescos de toda la pintura italiana: el de Giotto en la Capilla de la Arena, junto al palacio de la familia Scrovegni en Padua (primera década del siglo XIV).

Los artistas italianos del Quattrocento (siglo XV) fueron más allá de las tradiciones pictóricas establecidas en los dos siglos anteriores para la representación de la Madonna.

Panel central del Trittico dei Frari[17] de Giovanni Bellini, 1488.
La Virgen con el Niño y querubines, en terracotta invetriata,[18] de Andrea della Robbia.
La llamada Madonna Niccolini, Gran Madonna Cowper o Madonna Niccolini-Cowper,[19] de Rafael, 1508.
Rostro de la Madonna, boceto de Leonardo da Vinci.

Renacimiento

Durante los siglos XV y XVI hubo un tiempo en que los pintores italianos expandieron su repertorio para incluir eventos históricos, retratos independientes y relatos mitológicos, pero el cristianismo mantuvo una fuerte influencia en su arte.

La mayoría de los trabajos artísticos de esta era fueron religiosos. El rango de tópicos religiosos incluidos en las obras podían abarcar desde el Antiguo Testamento hasta representaciones de los santos, pero la Madonna se mantuvo como un motivo importante de la iconografía del Renacimiento.

Algunos de los artistas más famosos en tratar este tópico fueron Leonardo, Miguel Ángel y Rafael, ellos, por ser los artistas más importantes de su época, tuvieron una gran influencia sobre los gustos del arte británico del siglo XIX. Igualmente imporatantes fueron las imágenes marianas de sus contemporáneos venecianos ( Giorgione, Giovanni Bellini, Tiziano) o sus predecesores siglo XV ( Fra Angelico, Fra Filippo Lippi, Mantegna y Piero della Francesca, entre otros).

La representación del aspecto maternal de la Virgen siguió siendo el tópico más importante del arte mariano, sin embargo, la doctrina de la Asunción propició las representaciones de la misma sin su hijo. Como una imagen conmemorativa, la Pietà se convirtió en un tópico importante, siendo representada más allá de su lugar tradicional en los círculos narrativos, en parte, por un desarrollo popular del uso de estatuas en la devoción en el Norte de Europa.

Tradicionalmente, la Madonna se representa de tal modo que infunda compasión, arrepentimiento y amor; usualmente es emocionalmente muy expresiva. Los trabajos con estas características fueron los más famosos. Los trabajos tempranos de Miguel Ángel asoman señales de luto. La dulzura de una madre ordinaria puede sentirse cuando su hijo amado es capturado, evocando el momento en que ella tuvo por vez primera en sus brazos a su hijo infante. El espectador se ve conminado a simpatizar, a sentir que comparte el dolor de la madre que tienen en sus brazos el cuerpo sin vida de su hijo crucificado.

Madonna della Candeletta de Carlo Crivelli, ca. 1490.
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