Vida consagrada

Representación de Pablo de Tebas, conocido como Pablo el ermitaño o Pablo el egipcio, venerado por la Iglesia católica y la Iglesia copta como el primer santo en llevar una vida eremítica.

Se denomina vida consagrada en la Iglesia católica a los fieles de la misma que se proponen seguir más de cerca a Cristo, se dedican totalmente a Dios como a su amor más supremo y procuran conseguir la perfección de la caridad a través del servicio del Reino de Dios, mediante la profesión de los consejos evangélicos, sea por votos (simples o solemnes) o por promesas, pudiendo quedar consagradas o bien por la misma profesión de votos ante un superior o bien por la solemne oración consecratoria pronunciada por un Obispo.[1]

Pertenecen a la vida consagrada de la Iglesia católica los Institutos de vida consagrada ( religiosos o seculares), las Sociedades de vida apostólica, el orden de las vírgenes, la vida eremítica y otras formas de vida consagrada que el derecho se limita a llamar "nuevas".

Definición canónica

En la tradición cristiana, los padres del desierto, adquirieron gran importancia a finales del siglo III e inicios del siglo IV. Pintura San Antonio Abad visita a san Pablo el ermitaño de Diego Velázquez

Según el Código de Derecho Canónico (C.I.C.) la vida consagrada es una forma estable de vivir de algunos fieles de la Iglesia católica, que quieren seguir más de cerca a Cristo bajo la acción del Espíritu Santo, profesando los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia; de esa manera, se dedican totalmente a Dios como a su amor supremo, desde lo particular de un determinado carisma que sierva para la edificación de la Iglesia y a la salvación del mundo. Los fieles católicos que consagran su vida pretenden conseguir la perfección de la caridad en el servicio del Reino de Dios, preanunciando el modo de vida celestial.[1]

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