Victoria Kent

Victoria Kent
Victoria Kent.png
Kent hacia 1931

Directora general de Prisiones
19 de abril de 1931-8 de junio de 1932

Diputada en Cortes
por Madrid (provincia) y Jaén
1931-1933; 1936-1939

Información personal
Nombre nativo Victoria Kent Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacimiento 6 de marzo de 1891
Málaga, España
Fallecimiento 25 de septiembre de 1987
Nueva York, Estados Unidos
Nacionalidad España
Partido político PRRS
Educación
Alma máter Universidad Central
Información profesional
Ocupación Abogada, política, médico
[ editar datos en Wikidata]

Victoria Kent Siano ( Málaga, 6 de marzo de 1891- Nueva York, 25 de septiembre de 1987) fue una abogada y política republicana española. Fue la primera mujer en ingresar en el Colegio de Abogados de Madrid en 1925,[1] en plena dictadura de Primo de Rivera y la primera mujer del mundo que ejerció como abogada ante un tribunal militar.

Biografía

Formación y primeros años

Nacida en Málaga, vivió allí hasta 1917, criada por su padre, José Kent Román (comerciante de zapatos), y su madre, María Siano González (ama de casa). Sus padres, de talante liberal y mentalidad más abierta de lo habitual, le permitieron estudiar Magisterio en Málaga y matricularse luego en Derecho de la Universidad Central de Madrid.

En cuanto a su fecha de nacimiento, aún a día de hoy se duda de la exactitud de la misma. La más barajada es el 6 de marzo de 1891[4]

En 1906 ingresó en la escuela de magisterio de Málaga donde ya dos profesoras feministas le influyen: Suceso Luengo y Teresa Aspiazu.[4]

En 1917 marchó a la capital para estudiar Bachillerato en el instituto Cardenal Cisneros, donde fue bien recibida gracias al apoyo de su madre y los contactos de su padre. Se instaló en la Residencia de Señoritas de Madrid, dirigida en ese entonces por María de Maeztu, mujer que influyó notablemente en Victoria debido a su personalidad.[5]

En 1920 ingresa en la Facultad de Derecho de la Universidad Central, cursando la carrera como alumna no oficial y recibiendo clases de profesores como Jiménez de Asúa o Felipe Sánchez-Román. Se licenciará en junio de 1924 y se colegia en enero del siguiente año, realizando sus primeras intervenciones como abogada defensora ante los tribunales. Ya en 1930 se haría un nombre al defender ante el Tribunal Supremo de Guerra y Marina a Álvaro de Albornoz, miembro del Comité Revolucionario Republicano. Se había visto detenido y procesado -junto a muchos de los que más tarde formarían el Gobierno provisional de la República- debido al fracaso de la Sublevación de Jaca, sucedido en diciembre de ese año. Así, sería la primera mujer en intervenir ante un tribunal de guerra logrando, además, la libertad del detenido. Sería elegida en 1931 miembro de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación y, en 1933, de la Asociación Internacional de Leyes Penales de Ginebra.

Además de dedicarse a la abogacía, abrirá un bufete de abogados especializado en Derecho Laboral -siendo la primera mujer en España en lograr esto-, situado su despacho en la calle Marqués del Riscal nº5. También ejercerá como asesora jurídica del Sindicato Nacional Ferroviario y de la Confederación nacional de Pósitos Marítimos, llegando a presidir en 1927 el primer Congreso de Cooperativas en España.

Vida política

Al poco de su llegada a Madrid se afiliará a la Asociación Nacional de Mujeres Españolas y la Juventud Universitaria Femenina, dirigida por María Espinosa de los Monteros[4] ; representando a dicha entidad en un congreso en Praga en 1921.

Afiliada al Partido Republicano Radical Socialista (PRRS), fue elegida en 1931 diputada de la conjunción republicano-socialista de las Cortes republicanas constituyentes por Madrid (provincia) con &&&&&&&&&&065254.&&&&&065 254 votos.[7] en las listas de Izquierda Republicana (IR), que formaba parte del Frente Popular.

Llegaría a presidir el comité del Distrito centro de Madrid y a fundar la rama femenina de la organización: el Ateneo Femenino Radical-Socialista.

Sería además Vicepresidenta desde 1926 del Lyceum Club Femenino, recientemente fundado, e impulsora junto con Clara Campoamor y Matilde Huici, mujeres que compartían sus ideales feministas, del Instituto Internacional de Uniones Intelectuales.

Directora General de Prisiones

Victoria Kent en su época como Directora general de Prisiones.

Durante la II República fue nombrada por el gobierno provisional presidido por Alcalá-Zamora, Directora General de Prisiones en abril de 1931. Ocuparía este puesto durante poco más de un año, con el objetivo de lograr la rehabilitación de los presos, tras constatar la miseria y el abandono de las prisiones españolas. Desde este cargo introdujo reformas con la intención de humanizar el sistema penitenciario, siguiendo la labor ya emprendida por Concepción Arenal en el siglo XIX. Dimitió el 4 de junio de 1932 (haciéndose efectiva con su publicación en la Gaceta de Madrid el 8 de junio)[10] Sin embargo, logró llevar a cabo algunas reformas, como son: la mejora de la alimentación de los reclusos, la libertad de culto en las prisiones, la ampliación de los permisos por razones familiares, la creación de un cuerpo femenino de funcionarias de prisiones y retirada de grilletes y cadenas (con cuyo metal mandó modelar una estatua en honor a Concepción Arenal). Entre otras cosas, cerró 114 centros penitenciarios, mandó construir la Cárcel de Mujeres de Ventas, en Madrid -sin celdas de castigo-, y el Instituto de Estudios Penales, dirigido por Jiménez de Asúa, el que fue uno de sus profesores en la Facultad de Derecho.

Sus medidas al frente de la Dirección General de Prisiones le dieron una gran popularidad, llegando su nombre a aparecer en un conocidísimo chotis, « El Pichi», parte de una revista frívola Las leandras, del compositor Francisco Alonso[11] estrenada en Madrid el año 1931 cantada por la popular Celia Gámez.

Oposición al sufragio femenino

Uno de los momentos más distinguidos y controvertidos en la vida y obra de Victoria será su oposición al sufragio femenino ante las Cortes españolas en 1931, cuando se enfrentaría a otra feminista, Clara Campoamor, en una batalla dialéctica y trascendental sobre una cuestión que repercutiría enormemente en los derechos de las mujeres. Su opinión era que la mujer española carecía en aquel momento de la suficiente preparación social y política y que, debido a la influencia de la Iglesia, su voto sería conservador y perjudicaría a la República. La opinión de su oponente era, en cambio, que pese al resultado de las urnas, toda mujer debería tener el derecho de votar, pues defendía la igualdad de todos los seres humanos. El debate fue seguido por los medios de comunicación, que espolearon burlas y comentarios como: "dos mujeres solamente en la Cámara, y ni por casualidad están de acuerdo", o "¿qué ocurrirá cuando sean 50 las que actúen?". De hecho, la prensa las apodó irónicamente La Clara y la Yema.[12] Tras su intervención Victoria perdería su popularidad, no saliendo elegida como diputada en las elecciones de 1933.

Finalmente, el debate lo ganaría Campoamor, logrando que en las siguientes elecciones, en 1933, votasen las mujeres por sufragio universal. La derecha se presentó unida, al contrario que la izquierda, y ganó. Posteriormente la izquierda culpó a las mujeres y, en especial, a Clara Campoamor, por esa victoria.[13]

Estas fueron algunas de las ideas que presentaría en el debate con Clara Campoamor el 1 de octubre de 1931 sobre el derecho de voto de las mujeres:

"Creo que no es el momento de otorgar el voto a la mujer española. Lo dice una mujer que, en el momento crítico de decirlo, renuncia a un ideal. Quiero significar a la Cámara que el hecho de que dos mujeres se encuentren aquí reunidas opinen de manera diferente, no significa absolutamente nada, porque dentro de los mismos partidos y de las mismas ideologías, hay opiniones diferentes (...). En este momento vamos a dar o negar el voto a más de la mitad de los individuos españoles y es preciso que las personas que sienten el fervor republicano, el fervor democrático y liberal republicano, nos levantemos aquí para decir: es necesario, aplazar el voto femenino (...). Señores diputados, no es cuestión de capacidad; es cuestión de oportunidad para la República (...). Pero hoy, señores diputados, es peligroso conceder el voto a la mujer"[14]

Guerra Civil Española

Con el estallido de la Guerra Civil se vio obligada a escapar al exilio, al igual que muchos otros republicanos. Mientras marchaba hacia la frontera acompañó a muchos de los niños de los soldados que luchaban en el frente para lograr su evacuación, tras haber realizado llamamientos para que no fueran abandonados.[16]

Segunda Guerra Mundial

Hasta el final de la Guerra Civil permaneció en París, dedicando todos sus esfuerzos a ayudar a los exiliados españoles en la capital y en su salida hacia América.[17] Sin embargo, al verse París ocupada el 14 de junio de 1940 por la invasión nazi ( Wehrmacht), Victoria se vio obligada a refugiarse en la embajada mexicana durante un año. Además, su nombre figuraba en la lista negra que la policía franquista le había entregado al gobierno colaboracionista de Vichy. Fue juzgada por los tribunales de Franco y, en octubre de 1943, cuándo todavía estaba en París, el Tribunal contra la Masonería y el Comunismo la condenaba en rebeldía a 30 años de prisión, con las accesorias de inhabilitación absoluta y expulsión del territorio nacional. Afortunadamente, la Cruz Roja le proporcionó un piso en el barrio del Bosque de Bolonia (o de Boulogne), donde se alojará hasta 1944 protegida por una identidad falsa. Durante ese tiempo, siendo “Madame Duval”, escribiría Cuatro años en París, novela con marcados tintes autobiográficos reflejados en el protagonista, Plácido, álter ego de la autora.

Exilio

Marcharía al exilio en México en el año 1948. Allí trabajará durante dos años en la creación de la Escuela de Capacitación para el Personal de Prisiones, siendo la directora, y dando clases de Derecho Penal en la universidad. Reclamada por la ONU, en 1950 marcha a Nueva York, donde colabora en la Sección de Defensa Social y realiza un estudio sobre el pésimo estado de las cárceles de Iberoamérica. Entre 1951 y 1957, una vez abandonado su anterior cargo por encontrarlo excesivamente burocrático, fue ministra sin cartera del Gobierno de la Segunda República Española desde el exilio, siendo la segunda mujer en ocupar este puesto desde Federica Montseny. Asimismo, funda y dirige la revista Ibérica, financiada por Louise Crane durante veinte años (1954-1974)[4]

Other Languages
català: Victoria Kent
Ελληνικά: Μπικτόρια Κεντ
English: Victoria Kent
français: Victoria Kent
português: Victoria Kent