Valle de los Caídos

Valle de los Caídos
SPA-2014-San Lorenzo de El Escorial-Valley of the Fallen (Valle de los Caídos).jpg
Información general
Uso(s) Monumento
Estilo Neoherreriano
Localización San Lorenzo de El Escorial, España
Coordenadas 40°38′31″N 4°09′19″O / 40.641944444444, 40°38′31″N 4°09′19″O / -4.1552777777778
Inicio 1939-1940
Finalización 1958
Propietario Patrimonio Nacional
Diseño y construcción
Arquitecto(s) Pedro Muguruza
Diego Méndez
Otros
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El Valle de los Caídos es un conjunto monumental español construido entre 1940 y 1958 y situado en el valle de Cuelgamuros, en el municipio de San Lorenzo de El Escorial, en la Comunidad de Madrid. Se encuentra en la Sierra de Guadarrama, a 9,5 km al norte del Monasterio de El Escorial.

En su diseño participaron los arquitectos Pedro Muguruza y Diego Méndez, correspondiendo las esculturas a Juan de Ávalos y Taborda, entre otros.[2]

El conjunto pertenece a Patrimonio Nacional desde su apertura al público el 1 de abril de 1959. Desde 1990 el número de visitantes oscila entre los 150 000 y los 500 000 al año.[5]

El entonces Jefe del Estado, Francisco Franco, ordenó su construcción, y está enterrado allí junto con José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange Española, además de 33 872 combatientes en la guerra civil pertenecientes a ambos bandos. Los columbarios están detrás de las dos grandes capillas del Santísimo y del Sepulcro (ambas a los lados del crucero) y de las seis laterales de la Virgen ubicadas en la nave. No hay separación por bandos, unos y otros están entremezclados.[6]

El decreto fundacional de 1 de abril de 1940, publicado en el Boletín Oficial del Estado el 2 de abril, reza:[7]

La dimensión de nuestra Cruzada, los heroicos sacrificios que la Victoria encierra, y la trascendencia que ha tenido para el futuro de España esta epopeya, no pueden quedar perpetuados por los sencillos monumentos con los que suelen conmemorarse en villas y ciudades los hechos salientes de nuestra Historia y los episodios gloriosos de sus hijos.

Es necesario que las piedras que se levanten tengan la grandeza de los monumentos antiguos, que desafíen al tiempo y al olvido y que constituyan lugar de meditación y de reposo en que las generaciones futuras rindan tributo de admiración a los que les legaron una España mejor.

A estos fines responde la elección de un lugar retirado, donde se levanta el templo grandioso de nuestros muertos en que por los siglos se ruegue por los que cayeron en el camino de Dios y de la Patria. Lugar perenne de Peregrinación en que lo grandioso de la Naturaleza ponga un digno marco al campo en que reposen los héroes y mártires de la Cruzada.

Por ello previa deliberación del Consejo de Ministros,

DISPONGO:

Artículo primero - Con objeto de perpetuar la memoria de los que cayeron en nuestra gloriosa Cruzada se elige como lugar de reposo, donde se alcen la Basílica, Monasterio y Cuartel de Juventudes, la finca situada en la vertiente de la Sierra del Guadarrama con el nombre de Cuelgamuros, declarándose de urgente ejecución las obras necesarias al efecto y siéndoles de aplicación lo dispuesto en la Ley de 7 de Octubre de 1939.

Artículo segundo - Los gastos que origine la compra del lugar y la realización de los proyectos serán con cargo a la suscripción nacional, que quedará, en la parte que le corresponda, sujeta a este fin.

Artículo tercero - Por la Presidencia del Gobierno, se nombrará la Comisión o Comisiones necesarias a fin de dar en el menor plazo, cima a esta obra.

Así lo dispongo por el presente Decreto, dado en el Pardo, a primero de Abril de Mil Novecientos Cuarenta.

Posteriormente, los objetivos fundacionales se orientaron hacia una visión más reconciliadora,[10]

En este monte sobre el que se eleva el signo de la redención humana ha sido excavado una inmensa cripta, de modo que en sus entrañas se abre amplísimo templo, donde se ofrecen sacrificios expiatorios y continuos sufragios por los Caídos de la guerra civil de España, y allí, acabados los padecimientos, terminados los trabajos, y aplacadas las luchas, duermen juntos el sueño de la paz, a la vez que se ruega sin cesar por toda la nación española.

Actualmente la basílica se encuentra abierta al culto y a las visitas del público tras una restauración parcial.[11]

Características y descripción

En el complejo se hallan una abadía benedictina, la Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, hospedería para atender al turismo y una basílica, todo ello dominado por una gran cruz.

En la decoración de la basílica tomaron parte, en estrecha colaboración con su arquitecto, algunos de los artistas españoles más importantes del momento, de diversa ideología política. Su revestimiento interno es austero: el pavimento de mármol y granito pulimentados, refleja la iluminación; los muros están forrados de cantería de granito; la bóveda de la nave lleva los tres grandes arcos fajones forrados de sillería que dejan, entre uno y otro, tramos, a su vez divididos por otros arcos, formando casetones con su interior de piedra irregular, simulando la propia del risco.

Entrada al Valle

La sobria puerta de entrada consta de tres cuerpos; el central está compuesto por dos pilares que enmarcan una verja en cuya crestería luce, sobre un águila bicéfala, la Cruz del Valle y, bajo la misma, el escudo de España, a la izquierda el escudo de armas de Franco (fundador del monumento) y a la derecha el escudo de la Orden de San Benito.[12] Adosadas a ambos lados de esta portada, hay otras dos puertas de menor tamaño por donde pasan los vehículos de turismo.

Una carretera va ascendiendo paulatinamente por zonas que se repoblaron en su día principalmente con pinos, así como con cipreses, abetos, piceas, enebros, olmos, chopos, castaños, etc. En el recorrido el visitante se encuentra con cuatro grandes monolitos cilíndricos (dos a cada lado de la calzada sobre pedestal escalonado) a modo de pórtico, se trata de los llamados «Juanelos», tallados en granito y de 11,50 metros de altura y 1,50 metros de diámetro cada uno. Proceden de las canteras de Fonseca y Nambroca y fueron labrados en el siglo XVI, durante el reinado de Felipe II, para ser utilizados por el ingeniero italiano afincado en Toledo Juanelo Turriano.

Cruz monumental

Visión de conjunto de la cruz.

La cruz tiene una altura de 150 metros, de los que 25 corresponden al basamento con los cuatro evangelistas (de 18 metros de altura cada uno) y sus símbolos — Juan y el Águila, Lucas y el Toro, Marcos y el León y Mateo y el Hombre alado— realizadas por Juan de Ávalos; 17 al cuerpo intermedio con las virtudes cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza; y 108 al fuste de la cruz. Si a ello se añade la altura del risco de la Nava utilizado a modo de pedestal rocoso, habría que sumarle otros 150 metros más. La longitud de los brazos es de 46,40 m., en cuyos pasillos interiores pueden cruzarse dos vehículos de turismo.[13]

La estructura del conjunto se fabricó con hormigón armado reforzado con un bastidor metálico y recubierto con cantera labrada y mampostería de berrugo. La construcción se hizo sin andamiaje, elevando la edificación desde dentro, como si se tratara de una chimenea; al mismo tiempo iban subiendo las escaleras y el montacargas, donde ahora existe un ascensor, por el interior. Los brazos, con una orientación norte-sur, se realizaron también sin andamios, colgando una plataforma del armazón de hierro, según se iba montando este.

En cuanto a su delineación, está lograda por la penetración de prismas rectangulares, que forman una cruz griega en la sección transversal, con una suave gola realzada que amortigua la arista exterior de cruce de los dos prismas. Está considerada como la cruz cristiana más alta del mundo, visible a más de 40 kilómetros de distancia.[2]

Funicular

Funicular en funcionamiento.

Existe un funicular (en desuso) que asciende a la base de la cruz en dirección sureste-norte, partiendo de una altura de 1.258 m. hasta llegar a los 1.383 m., salvando, por tanto, 125 m. de desnivel en un recorrido de 277,6 m. Tiene una pendiente mínima del 43,44% y máxima del 53,1%.

Asimismo, se puede ascender a la cruz por un camino con rampa y escaleras, que parte del lado trasero del cerro de la Nava. También existe un ascensor de uso restringido que permite el acceso a la cruz por el interior de la montaña.

Escalinata y explanada

Desde la carretera se asciende a la gran explanada por una escalinata, de 100 metros de anchura y dividida en dos tramos, cada uno de diez escalones. Está asentada sobre roca viva y termina en la gran explanada, que tiene una superficie de 30.600 metros cuadrados. Su pavimento forma una cruz en planta que deja, en los cuatro ángulos, cuadrados enlosados con piedras de forma irregular, cuyas uniones se delinean con trébol y rey-gras. Un pretil ancho y fuerte enmarca esta parte central de la explanada, separándola de otras dos laterales a las que se desciende por escalinatas, también graníticas. Nueva escalinata de quince escalones y 63 metros de anchura, conduce a la puerta de la cripta.

Vista parcial de la explanada desde la entrada al templo.

Basílica

El pórtico y frontis

Frontis y escalinata de acceso.
Detalle de la puerta de entrada a la basílica.

Los planes iniciales de la basílica subterránea excavada en el Risco de la Nava fueron realizados por el primer arquitecto, Pedro Muguruza, pero Diego Méndez los culminó y llevó a cabo ciertas modificaciones sobre el proyecto original.

Se accede a ella a través de una gran explanada frontal en la que se empleó el material extraído del vaciado de la montaña. La puerta está flanqueada por dos alas simétricas, que forman una exedra semicircular porticada. En el proyecto inicial de Muguruza, los arcos de medio punto iban cerrados y con una decoración en piedra, pero Diego Méndez decidió calarlos, desmontando para ello parte del risco, con los problemas correspondientes, dando así lugar a una verdadera galería.

Los arcos de medio punto, el interior con dovelaje almohadillado, inscritos en un recuadro de líneas sencillas, forman la gran portada. La puerta del templo, de 10,40 metros de altura por 5,80 metros de anchura, es de bronce y es obra de Fernando Cruz Solís, primer premio en el Concurso convocado al efecto a finales de 1956. En ella están representados los 15 misterios del rosario y un apostolado.

Como remate de la portada, y sobre su cornisa, se aprecia el grupo escultórico denominado La Piedad, trabajo de Juan de Ávalos, con unas dimensiones de 5 metros de altura por 12 metros de longitud, elaborada en piedra de Calatorao (provincia de Zaragoza).

Vestíbulos de entrada y reja

La longitud total de la cripta es de 262 metros y alcanza su máxima altura en el crucero, donde llega hasta los 41 metros. Esta cripta, por orden de entrada, comprende: vestíbulo, atrio, espacio intermedio, gran nave y crucero. Aunque cada una de las estancias citadas poseen decoración y disposición propia, existe entre todas una armonía estética y estilística.

Vestíbulo, atrio y espacio intermedio tienen, cada uno de ellos, una superficie de 11 metros de anchura, elevándose a otros 11 metros la altura de sus bóvedas. Auméntase la altura a 22 metros en la gran nave. En cuanto a su decoración, está conformada por los mismos elementos constructivos. Como consecuencia, forman la del vestíbulo cuatro anchas pilastras unidas por arcos fajones de medio punto y bóvedas con lunetos correspondientes a los arcos laterales. Se emplea en el atrio una decoración más rica, a base de pilastras en talud con bóveda y arcos fajones de medio punto, adornando estos un sencillo encasetonado.

Ángeles custodios dentro de hornacinas.

En el espacio intermedio, cubierto por bóveda de arista, se alojan, en dos grandes nichos, dos arcángeles gigantescos, obra de Carlos Ferreira, en actitud vigilante y de meditación, custodiando la entrada. Presentan las alas levantadas y apoyan sus brazos, echados hacia delante, en la empuñadura de la espada hincada en los plintos. Según testimonio del fundidor, están elaborados con bronce de cañones empleados durante la guerra, como símbolo de que la contienda había terminado. El descenso de diez escalones, número canónico en la simbología del monumento, nos sitúa ante la reja.

La reja vista desde la nave.

Esta delimita y da acceso al lugar de culto propiamente dicho, es obra de José Espinós (autor también de los apliques de la gran Nave). La elaborada reja de sobria policromía está inspirada en las platerescas, de gran tradición en Catedrales e Iglesias españolas, consta de tres cuerpos perfectamente definidos, cuya separación está marcada por cuatro machones: dos adosados a los muros y otros dos que hacen de jambas para el juego de la puerta central. En los mencionados machones, de izquierda a derecha y de arriba a abajo, aparecen adosados al cuerpo de la reja figuras de cuarenta santos. Una crestería formada por ángeles, en los extremos, e insignias de héroes y mártires como remate de los machones centrales, acompaña a la figura de Santiago apóstol, patrón de España, que aparece en el centro, coronada por cruz y ángeles. Los espacios entre los machones se cubren por siete barrotes en cada lateral y dieciocho en las hojas de la puerta.

La gran nave

La gran nave de la cripta.

La nave está a un nivel más bajo para realzar el presbiterio y romper la monotonía de un espacio tan largo. Está dividida en cuatro tramos, marcados por series de grandes arcos fajones, cruzados en la bóveda para formar casetones.

Las dimensiones del templo actual son superiores a las de la primitiva perforación, que era de 11 por 11 metros. Las dificultades técnicas de la ampliación del túnel fueron muy grandes por la estructura granítica del risco, con diaclasas que podían producir desprendimientos, hasta el punto que se tomó la decisión de macizar el túnel existente con los escombros de la ampliación del suelo y costados, y una vez terminada y consolidada esta, proceder al vaciado total. En agosto de 1954 se realizó el revestimiento interior, con grandes arcos fajones hormigonados, así como los laterales y el suelo, lo que contribuye a la estabilidad del conjunto y a la sujeción de la masa de piedra que gravita sobre la bóveda.

Capillas del lado derecho, de izquierda a derecha: Inmaculada Concepción, Virgen del Carmen y Virgen de Loreto. En sus respectivos interiores se observan trípticos, altares, apliques y las figuras de los apóstoles sustentadas sobre peanas adosadas a la pared.
Capillas del lado izquierdo, de izquierda a derecha: Virgen de África, de la Merced y del Pilar.

A derecha e izquierda se abren seis pequeñas capillas, señaladas en los muros de la nave por grandes relieves de alabastro correspondientes a distintas advocaciones de la Virgen como Patrona de los Ejércitos de tierra, mar y aire y por su vinculación a aspectos importantes de la historia de España. Por orden de entrada, a la derecha: Inmaculada Concepción, Nuestra Señora del Carmen (ambas son obra de Carlos Ferreira) y Nuestra Señora de Loreto (Ramón Mateu); a la izquierda; Nuestra Señora de África (Ferreira), Nuestra Señora de la Merced (Lapayese) y Nuestra Señora del Pilar (Mateu).

La serie de tapices del Apocalipsis de San Juan están insertados en las paredes, en un vano rectangular destinado al efecto.

En estas capillas la decoración es muy sencilla: frontales de altares en relieve y trípticos de estilo gótico flamenco del s. XV pintados a mano en cuero, a la manera de los guadamecíes españoles de recuerdo y traza medieval, los cuales fueron hechos en el S. XX por los Lapayese. En ambos casos se representan escenas de la vida de Cristo y la Virgen María. Otros elementos escultóricos presentes en el interior de cada capilla también son trabajo de Lapayese, padre e hijo. Se trata de dos imágenes en alabastro de los Apóstoles emplazadas en los muros laterales de cada una de ellas, de tal modo que forman un conjunto de doce (en lugar de Judas Iscariote se optó por san Matías).

En las paredes, intercalados entre cada capilla, cuelgan ocho tapices de la serie el Apocalipsis de San Juan, copia de una colección flamenca del siglo XVI adquirida por Carlos V y traída a España por Felipe II. Los originales se encuentran en el Palacio de La Granja. No obstante, estas réplicas tienen un destacado valor artístico.

Por debajo de los tapices corren a lo largo de los muros, a modo de zócalo, dos hiladas almohadilladas.

Acceso al crucero

Algunas de las esculturas alegóricas.

Desde la gran nave se asciende al crucero por una escalera de diez peldaños. Se observan a los lados ocho estatuas sobre sendas pilastras, obra de Antonio Martín y Luis Sanguino, con la cabeza inclinada y cubierta, invitando a una actitud de respeto y silencio, ya que el visitante se encuentra en un espacio sagrado y en un gran cementerio de guerra. Representan a contendientes caídos en la guerra por tierra, mar, aire, así como voluntarios. La tosca labra de los vestiduras contrasta con el pulimento de rostros y brazos.

A lo largo de este espacio se sitúan dos hileras de bancos para escuchar misa.

Crucero

En la parte central del crucero varían las normas decorativas adoptadas en la nave y espacios que la preceden; no obstante, se logra la afinidad con estos por su misma disparidad. La traza es rígidamente clásica en los lienzos murales, y solo se quiebran en los cuatro arcos torales -sostén del casquete de la cúpula-, formados por dovelas almohadilladas que se abocinan.

Cristo crucificado tallado por Beobide, sobre cruz de madera de enebro. Situado sobre el altar mayor y bajo la cúpula del crucero.

En el centro mismo del crucero y en verticalidad con la cruz monumental del exterior, está emplazado el altar mayor, formado por un gran losa de granito pulimentado de una sola pieza. El frontal anterior de la mesa del altar se decora con un bajorrelieve del Santo Entierro, en chapa dorada, diseñado por el arquitecto Diego Méndez y ejecutado por Espinos. El frontal posterior representa la Última Cena. A sus lados, se ve el conjunto del « Tetramorfos» o símbolos de los cuatro evangelistas: el toro de San Lucas, el león de San Marcos, el ángel de San Mateo y el águila de San Juan.

Parte posterior del altar mayor, con el relieve de la última cena en el podio.

Como único adorno del altar, y sobre el mismo, se alza una talla de Cristo crucificado del imaginero Julio Beobide y policromado por Ignacio Zuloaga.

Los brazos laterales del crucero, con 12,80 metros de anchura, terminan en las capillas del Santísimo y del Santo Sepulcro.

Entorno del presbiterio: los arcángeles

El altar mayor, al fondo el coro y en el lateral derecho se observa uno de los cuatro arcángeles flanqueado por dos altas pilastras acanaladas de orden toscano.

En torno al presbiterio sobresalen las imágenes de cuatro grandes arcángeles de bronce, de 7 m. de altura y obra de Ávalos: san Rafael, san Miguel, san Gabriel y san Uriel (Yezrael o Azrael).

San Rafael aparece representado conforme al papel que desempeñó en esta historia, con el bastón de peregrino como guía del personaje del libro y con el pez con cuya hiel curó su ceguera. San Miguel se representa con la espada, como triunfador sobre la rebelión de Luzbel o Satanás. San Gabriel sostiene una azucena, en referencia a su misión de haber anunciado a la Virgen María. También había anunciado previamente a Zacarías el nacimiento de san Juan Bautista. San Uriel, como fue conocido en la Edad Media cristiana sobre todo a partir de san Isidoro de Sevilla, es el Yezrael o Azrael de los judíos y está representado de la misma forma en que estos lo hacen: con la cabeza inclinada y cubierta y las manos en alto en actitud orante. Es el arcángel que −según algunos relatos apócrifos del Antiguo Testamento no considerados como inspirados por Dios, si bien la Tradición judía y cristiana ha aceptado algunos elementos de ellos− presenta los difuntos ante Yahveh: de ahí también que es el que presenta las almas de los caídos ante Dios. De los cuatro arcángeles de la basílica, es el que más llama la atención de los visitantes.

El crucero se ve completado por tres frentes: al final de la basílica, el coro; en el lado derecho, la Capilla del Sepulcro; y a la izquierda del crucero, la Capilla del Santísimo.

Cúpula

Cúpula de mosaico, obra de Padrós.

Sobre el crucero se dispone una cúpula, rematada por un lucernario, decorada con un mosaico de Santiago Padrós. De frente, se representa en el centro la imagen, típicamente bizantina y románica, del « Pantocrator»: Cristo todopoderoso, Rey y Juez, en majestad, con el libro de la Vida en el que aparece inscrita la frase «Ego sum lux mundi» («Yo soy la luz del mundo»). La típica «mandorla o almendra mística» del arte románico que le rodea está conformada por alas de serafines y querubines. La presencia de los ángeles en el Cielo está claramente representada igualmente por otros más en el mosaico, con incensarios y espadas, según las descripciones simbólicas de algunos textos del Antiguo y del Nuevo Testamento.

Por debajo de Cristo se observa el tema del triunfo o la exaltación de la Santa Cruz, titular del santuario. La «Vera Cruz», está siendo ensalzada sobre el Monte Calvario, donde se descubren las de los dos ladrones que fueron crucificados a sus dos lados.

A la derecha de Jesucristo se sitúa un grupo amplio de santos españoles con Santiago el Mayor a la cabeza, y a la izquierda otro de mártires españoles presididos por San Pablo (es decir, los dos Apóstoles que, según la tradición, vinieron a predicar a España). Se encuentra aquí resumida toda la historia de España como nación católica.

Desde el lado opuesto, en el centro se sitúa el grupo de la Asunción de la Virgen, elevada al cielo por ángeles desde una montaña que representa la de Montserrat. La representación de Montserrat se debe a los siguientes motivos: la Virgen de esta advocación es la Patrona de Cataluña, Padrós era catalán, además su esposa tenía ese nombre y en cierto momento estuvo a punto de venir una comunidad de monjes benedictinos de Montserrat a hacerse cargo del santuario, antes de que se tratara con la abadía de Silos. Sobre la montaña se descubre la sierra de carpintero, de tal modo que está plasmado así el escudo de la abadía de Montserrat. En la propia montaña, por otro lado, existe una vieira, venera o concha de Santiago, en alusión al nombre del artista, y una inscripción referente a su elaboración por él.

A los lados del grupo de la Asunción de la Virgen están los caídos civiles y religiosos y los caídos militares en la Guerra Civil, también se observan un cañón y cinco banderas; tres banderas de España (la rojigualda) sin escudos identificativos, otra con la Cruz de Borgoña y una falangista, siendo esta última la única simbología estrictamente franquista existente en toda la iglesia.

El mosaico, de más de cinco millones de teselas, fue elaborado en plano en el Teatro Real de Madrid, con la dificultad de tener que incorporarlo luego a un plano abovedado, de cúpula, lo cual se hizo por el denominado método indirecto. Por eso, una vez instalado, Padrós observó que entre la columna central de ángeles del grupo de la Asunción (la única columna diseñada originalmente) y los dos grupos de caídos, especialmente el de los contendientes, había un espacio muy grande. Para romper esa distancia, ya sobre el sitio decidió levantar otras dos columnas laterales de ángeles de tamaño más pequeño y juguetones.

Padrós hizo retratos reales de personajes, tanto históricos (algunos santos, por ejemplo San Ignacio y Santa Teresa), como otros que dibujaba en el Metro de Madrid para plasmarlos en el mosaico, su propio autorretrato y el de su esposa, o bien el de otros personajes notables de la época (entre ellos, Miguel de Unamuno en el papel de San Raimundo de Fitero).

Para salvar el mosaico de las humedades que se preveían y que se observan a simple vista en varias partes de la basílica, Diego Méndez construyó una doble cúpula: sobre la del mosaico, que está recubierta por una capa de tela asfáltica que la impermeabiliza, existe un vano muy amplio y otra cúpula superior.

El coro

El coro en penumbra.

En la cabecera del templo está el coro de inspiración renacentista, planta semicircular y 70 sitiales dispuestos en tres alturas o niveles, unido, por su parte posterior, con una galería que lleva a la escalera y al ascensor de la cruz. En él se sitúan los monjes y la escolanía durante la celebración de la misa. La sillería es de madera de nogal y fue tallada por Ramón Lapayese con escenas de guerra medieval. Según su autor, el tema era libre, la referencia a las Cruzadas medievales parece evidente, sobre todo porque en algunos de los paneles se ven viviendas del estilo de las existentes en Tierra Santa, además de otros detalles que apuntan en esa dirección.

En alabastro hay unas imágenes en relieve de santos benedictinos, unos de ellos con el hábito cotidiano y otros con el coral o cogulla, y dos figuras de bulto redondo del mismo material: san Benito de Nursia con el libro de la Santa Regla que redactó para legislar la vida de sus monjes, y san Francisco de Asís con un crucifijo en sus manos.

La Capilla del Sepulcro

En el lado derecho del crucero se encuentra la Capilla del Sepulcro con tres esculturas de Lapayese: un Cristo yacente y las imágenes del Calvario, es decir, la Virgen María y san Juan Evangelista. En el techo existe otro mosaico de Santiago Padrós, que en este caso representa el Santo Entierro.

La Capilla del Santísimo

A la izquierda del crucero está la Capilla del Santísimo. En ella se encuentra un sagrario de plata de Espinós, en el que se observan los relieves de los Apóstoles y otros motivos.

Detrás de él hay un retablo de estilo gótico flamenco del siglo XV (hecho en el s. XX) en el que está representada la Santísima Trinidad en una escena de dolor: el Padre, con el Espíritu Santo en forma de paloma, sostiene al Hijo muerto en sus brazos, mostrando al mundo hasta dónde ha llegado el amor de Dios a los hombres. Se halla franqueado por las imágenes de seis apóstoles. Bajo el altar se descubren otras pinturas de santos de estilo semejante.

La capilla está coronada en su techo por un mosaico de la Ascensión de Jesucristo, obra de Victoriano Pardo. De este modo, en las dos grandes capillas laterales nos encontramos con representaciones de la Pasión y Muerte y de la Gloria como misterios centrales del cristianismo, a la vez que guardan relación con la presencia de tantos caídos de la guerra en el lugar, que se convierte de este modo en un santuario de esperanza en la vida eterna.

Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos

La abadía en primer término, conectada con la hospedería externa por dos largas galerías porticadas.

Erigidos sobre una explanada en la parte posterior del Risco de la Nava, se extiende un conjunto de edificaciones formado por claustro, pórtico posterior, monasterio, noviciado, escolanía y hospedería interna, de una parte, y hospedería externa, de otra. El singular claustro no muestra la característica disposición cuadrangular de otros monasterios, sino que es rectangular y se halla abierto hacia la contemplación de la cruz monumental.

En un rectángulo de 300 metros de longitud y 150 de anchura, acotado por dos galerías laterales con arcos de medio punto, se hallan encuadrados las susodichos edificios, todos ellos en piedra granítica y tejado de pizarra a cuatro aguas.

Junto a la abadía se encuentra el cementerio de los monjes benedictinos, para visitarlo se requiere el permiso de los mismos. La basílica y la abadía están comunicadas a través de un acceso privado que cuenta con una gran puerta monumental de bronce, obra de Damián Villar González.

El papa Pío XII emitió el 27 de mayo de 1958 el breve pontificio Stat Crux, caso único en el siglo XX con respecto a la Orden de San Benito,[14] por el cual se disponía todo lo oportuno para la erección inmediata del monasterio en abadía.

En la fiesta del Triunfo de la Santa Cruz, el 17 de julio de 1958, veinte monjes llegados de Silos emprendían el inicio de la nueva comunidad benedictina en el Valle.

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