Vacuna contra la gripe

La vacuna contra la gripe, también conocida como vacuna contra la influenza o vacuna antigripal, es una vacuna anual para proteger que el virus aumente notablemente la gripe. Por su alta mutabilidad, la vacuna debe comenzar a desarrollarse mucho antes de saberse la cepa o cepas concretas mayoritarias el siguiente invierno, de ahí su relativamente baja eficacia.[a]

La Organización Mundial de la Salud advierte que la vacunación antigripal es más eficaz "cuando hay una buena concordancia entre los virus vacunales y los virus circulantes", y que "los virus de la gripe sufren cambios constantes". Existe, por lo tanto, una Red Mundial de Vigilancia de la Gripe, formada por Centros Nacionales de Gripe de todo el mundo, cuya aspiración es detectar los virus gripales circulantes en seres humanos.[1]​ Existen dos tipos de vacunas antigripales: las vacunas inactivadas y las vacunas vivas atenuadas. Conforme a las recomendaciones actuales de la OMS (2005), las vacunas existentes con autorización de comercialización internacional contienen los dos subtipos, H3N2 y H1N1, del virus de tipo A y un virus de tipo B.

Los virus de la gripe de tipo A y B son causa frecuente de infecciones respiratorias agudas, aunque los de tipo A son la causa principal de las grandes epidemias y de las pandemias. Los niños son transmisores eficientes de virus de la gripe; típicamente, las tasas de infección y morbilidad más altas se dan en niños de 5 a 9 años. No obstante, la morbilidad grave y la mortalidad son más frecuentes en ancianos y en determinados grupos de alto riesgo. Aunque la morbilidad, la mortalidad y los grupos de riesgo afectados parecen ser similares en todo el mundo, en muchos países en desarrollo no se conocen bien la carga de morbilidad y las repercusiones socioeconómicas de la gripe.Los antígenos de superficie de los virus de la gripe varían frecuentemente. La inmunidad adquirida como consecuencia de la infección por uno de estos virus no protege plenamente contra las variantes antigénicas o genéticas del mismo subtipo (virus de la gripe tipo A) ni tipo (virus de la gripe tipo B). Por consiguiente, se producen epidemias de gripe todos los años. Es preciso diseñar nuevas vacunas antigripales cada año adaptadas a los virus circulantes que previsiblemente ocasionarán la epidemia siguiente.

Recomendaciones de vacunación

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la mayoría de los afectados [por la gripe] se recuperan en una o dos semanas sin necesidad de recibir tratamiento médico. Sin embargo, en niños pequeños, personas de edad avanzada y personas aquejadas de otras afecciones médicas graves, la infección puede conllevar graves complicaciones de la enfermedad subyacente, provocar neumonía o causar la muerte.[1]

  1. Quienes viven en residencias asistidas (discapacitados).
  2. Ancianos.
  3. Personas con enfermedades crónicas.
  4. Otros grupos en riesgo: embarazadas, profesionales sanitarios, trabajadores con funciones sociales esenciales y niños de 6 meses a 7 años.

Los riesgos de complicaciones de la gripe son más elevados para los niños menores de dos años, para las personas mayores de 60 años y para aquéllas que sufran de ciertas enfermedades crónicas, como por ejemplo enfermedades del corazón, de los pulmones o de los riñones, diabetes, cáncer, inmunosupresión o asma. La vacuna contra la gripe es segura. Esta vacuna no causa la gripe.

Reacciones secundarias a la vacuna:

Luego de la vacunación Las reacciones locales son los efectos secundarios más frecuentes; en ellas se incluyen inflamación, eritema e induración en el sitio de la inyección; son transitorias, generalmente duran 1 a 2 días, y se informan en el 15-20% de los vacunados. Los síntomas sistémicos inespecíficos incluyen fiebre, calosfríos, malestar y mialgias en menos del 1% de los vacunados. Son más frecuentes en quienes no han tenido exposición previa a los antígenos virales de la vacuna; en la mayoría de los casos ocurren entre 6-12 horas de haber sido vacunados y duran 1-2 días. En estudios recientes su incidencia ha sido similar a la producida por el placebo inyectado.[3]

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