Vísperas sicilianas

Guerra de las Vísperas Sicilianas
Francesco Hayez 023.jpg
Las Vísperas sicilianas (1846), de Francesco Hayez
Fecha 1282- 1302
Lugar Sur de Italia, Sicilia y Malta
Coordenadas 38°07′00″N 13°22′00″E / 38.1167, 38°07′00″N 13°22′00″E / 13.3667
Resultado Victoria siciliano-aragonesa
Cruzada contra la Corona de Aragón
Paz de Caltabellota
Cambios territoriales Separación de los reinos de Sicilia y Nápoles
Beligerantes
Aragon-Sicily Arms.svg Reino de Sicilia
Aragon Arms.svg Corona de Aragón
Device of the Palaiologos Dynasty.svg Imperio Bizantino
Arms of the Kingdom of Naples.svg Reino de Nápoles
France Ancient.svg Reino de Francia
C o a Martino IV.svg Estados Pontificios
Comandantes
Aragon Arms.svg Pedro III de Aragón  
Aragon Arms.svg Alfonso III de Aragón
Aragon-Sicily Arms.svg Jaime I de Sicilia
Arms of the Kingdom of Naples.svg Carlos I de Anjou 
Arms of the Kingdom of Naples.svg Carlos II de Anjou
C o a Martino IV.svg Martín IV
[ editar datos en Wikidata]

Por Vísperas sicilianas[1] se conoce al acontecimiento histórico de la matanza de franceses en Sicilia en el año 1282, que acabó causando el fin del reinado de Carlos de Anjou en la isla, sustituido por la influencia de la Corona de Aragón.

El 30 de marzo de 1282, cuando las campanas de las iglesias de Palermo llamaban al oficio de vísperas, se produjo un levantamiento del pueblo de Palermo, que masacró la guarnición francesa (angevina) presente en la ciudad. El levantamiento se extendió a otras localidades de la isla, como Corleone y Mesina, hasta que se expulsó completamente de la isla a los franceses. Los sicilianos llamaron en su ayuda al rey Pedro III de Aragón. Pedro III podía alegar en favor de su causa los derechos de su mujer Constanza, hija del rey Manfredo, de la casa de Hohenstaufen, que gobernó en Sicilia y Nápoles hasta su derrota y muerte a manos de Carlos I de Anjou en la batalla de Benevento.

Los acontecimientos relativos a las Vísperas sicilianas se encuentran relatados en varias crónicas medievales, entre las que cabe citar la famosa Crónica de Ramón Muntaner, donde se afirma que la chispa que encendió la rebelión en Palermo fue el ultraje que unos angevinos perpetraron a unas damas sicilianas.

Antecedentes

Desde los primeros años del siglo XI, grupos de aventureros normandos habían llegado a Sicilia para servir como mercenarios. Estos aventureros derrotaron a los árabes que ocupaban Sicilia desde 827. Entre los normandos se encontraban Roberto Guiscardo, que pasó a Nápoles y expulsó de allí a los bizantinos con su hermano Roger I de Sicilia, que más tarde completó la conquista de la isla. El reino establecido por los conquistadores ocupaba, por lo tanto, la parte meridional de la península italiana.

Carlos de Anjou, coronado como Carlos I de Sicilia.

Tras cerca de un siglo de dominación normanda, los derechos sobre el reino de Sicilia recayeron en Federico II, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Su reinado estuvo protagonizado por el conflicto con la Santa Sede, el cual se enmarcaba en el complicado enfrentamiento entre gibelinos y güelfos, dos facciones encabezadas, respectivamente, por el Emperador y el Papa. Federico II fue un poderoso monarca, y los sucesivos pontífices poco pudieron hacer contra él, salvo excomulgarlo.

A la muerte de Federico II en 1250, el Papa Inocencio IV vio la oportunidad de librarse de los Hohenstaufen y colocar en el trono siciliano a un príncipe favorable a él. Ya que había sido la Santa Sede la que había otorgado Sicilia a los normandos en el siglo XI, el Pontífice consideraba que quien fuera monarca de Sicilia era vasallo suyo, y podía, por lo tanto, disponer del reino a su antojo.

En un principio propuso la corona siciliana al hermano del rey de Inglaterra, pero no hubo acuerdo y fue rechazado. En cambio, Carlos de Anjou, hermano del rey Luis IX de Francia, aceptó. Su ambición vio en Sicilia una cabeza de puente para conquistar el Imperio bizantino. Fue nombrado rey en una ceremonia celebrada en Roma en 1266.

A la hora de la verdad, ceñir la corona y contar con el apoyo del Papa no equivalía en verdad a poseer el reino. En efecto, pese a encontrarse en una inestable situación (debida en parte a que el propio pontífice se había dedicado a fomentar las tensiones entre la nobleza feudal del reino), todo el territorio seguía en manos de los Hohenstaufen. Ocupaba el trono Manfredo, hijo de Federico II, aunque ilegítimo. Carlos de Anjou armó un poderoso ejército y se dirigió al sur de Italia, donde derrotó a los sicilianos en la batalla de Benevento, en la que pereció Manfredo. Poco después, la resistencia siciliana, organizada por Conradino, el joven nieto de Federico II, y con el apoyo de los gibelinos italianos, efectuó un intento de recuperar el poder. No lo lograron, pues Carlos los derrotó, capturó a Conradino y ordenó que fuera decapitado. Con ello, Carlos de Anjou se convirtió en el dueño del sur de Italia y Sicilia.

Pedro III de Aragón llega a Sicilia en las famosas “ Vísperas Sicilianas” para acabar con el ejército francés de Carlos de Anjou. Sicilia pasaría a ser un reino más de la Corona de Aragón.

Aunque los sicilianos estaban acostumbrados a ser gobernados por extranjeros, la llegada de los franceses les irritó. El rey angevino instauró un gobierno tiránico y estableció una elevadísima presión fiscal. Cuando exigió a los terratenientes que presentaran sus títulos de propiedad, puso a la nobleza siciliana en su contra: como numerosas familias carecían de escrituras, sus tierras, junto con las de los rebeldes convictos, fueron confiscadas y entregadas a los franceses. Un agravio adicional resultó del traslado del centro del poder de Palermo a Nápoles, lo que relegó a la antigua capital a un papel secundario. Pero lo que más resentimiento causaba hacia los franceses era su actitud arrogante y despótica.

La organización del reino se basaba en una clase dirigente casi exclusivamente francesa. Esta llenó Sicilia de soldados y funcionarios que trataban tanto al pueblo como a la nobleza autóctona con desprecio, ofendiendo su honor continuamente.

Mientras los hombres de Carlos se asentaban en sus nuevos dominios, los principales notables sicilianos partidarios de los Hohenstaufen, entre ellos Roger de Lauria y Juan de Prócida, buscaron refugio en la corte del rey Jaime I de Aragón, convirtiendo Barcelona en un centro político gibelino. No era nada extraño, pues aragoneses y angevinos mantenían una larga rivalidad. Algunos años atrás, el infante Pedro, heredero del rey aragonés, había contraído matrimonio en Montpellier con Constanza de Hohenstaufen, hija de Manfredo y nieta de Federico II. Probablemente los exiliados sicilianos comenzaran pronto a conspirar con los aragoneses para recuperar el trono de Sicilia basándose en los derechos de Constanza.

Other Languages