Víctimas de la Guerra Civil en Navarra

En el Parque de la Memoria de Sartaguda se han erigido varias obras en homenaje a las víctimas de la guerra civil en Navarra. En la imagen la de Néstor Basterretxea.

Las víctimas de la guerra civil en Navarra se produjeron en su mayoría debido a la represión directa ejercida por los sublevados contra la Segunda República española, en un territorio que fue rápidamente controlado por el denominado bando sublevado, sin producirse frente de guerra en el mismo.[1]

La conspiración que dio origen a la Guerra Civil Española tuvo en Navarra uno de sus pilares. Fomentada principalmente en la región por los carlistas y los partidos monárquicos "alfonsinos", se configuró decisivamente con la llegada a principios de 1936 del nuevo gobernador militar, el general Emilio Mola, quien convertiría a Navarra en una pieza clave de la sublevación militar que tendría lugar el 18 de julio de 1936.[2]

A diferencia de lo ocurrido en otros puntos de España, en los que los sublevados tuvieron que hacer frente a la resistencia de las autoridades republicanas o de las fuerzas izquierdistas, el alzamiento en Navarra fue un éxito rotundo, no encontrando apenas resistencia.[3]

Sin embargo, esta falta de oposición no impidió que se desencadenara una dura represión contra los partidarios y simpatizantes de las izquierdas que sería a la postre la causante de la mayor parte de las muertes. La violencia afectó principalmente a los militantes de la Federación de Trabajadores de la Tierra de la Unión General de Trabajadores que, con gran predominio en la región de la Ribera de Navarra, representaban mayoritariamente a los campesinos sin tierra. La mayor parte de dichas muertes se produjo en los primeros meses de la guerra, un periodo de "terror caliente" caracterizado por las ejecuciones extrajudiciales, paseos y sacas de presos de los lugares de reclusión.[7]

La violencia política desencadenada en Navarra tras el triunfo de la sublevación hunde sus raíces en la situación política y social de Navarra, evidenciada durante la República. En esta época Navarra se caracterizaba por el carácter católico y conservador de su sociedad[11]

Hoy se sabe que se saldó con más de 3.000 muertos. Al término de la guerra, el régimen franquista impuso el silencio sobre estos hechos que adquirieron en la opinión pública la consideración de tabú, mientras los escasos estudios realizados tendieron a minimizar su dimensión. Tras la instauración de la democracia, diversas investigaciones han conseguido reconstruir con detalle el fenómeno represivo gracias al impulso de las asociaciones de familiares de las víctimas. Este proceso culminó con la publicación de la extensa obra Navarra 1936. De la Esperanza al Terror que se fue ampliando a lo largo de los años hasta llegar a su última edición en 2008. Fruto del conocimiento de estos estudios se realizaron diversos homenajes, cuya manifestación más importante tuvo lugar en 2003 con una Declaración oficial del Parlamento de Navarra en favor del reconocimiento y reparación moral de todos los navarros fusilados.[12]

Los años treinta en Navarra

Situación social

Escudo republicano de la ciudad de Pamplona en la plaza de toros. Obsérvese la corona mural timbrando el escudo.

Navarra contaba en 1930 con una población, predominantemente rural, de 345 883 personas, que correspondía a una densidad de 33,19 habitantes por km². Las ciudades más pobladas, Pamplona y Tudela, tenían 42 259 y 11 248 habitantes, respectivamente. El crecimiento demográfico era pequeño, con un 0,15% anual.[13]

Por sectores, la agricultura ocupaba a un 64% de la población activa. Sin embargo, aunque las propiedades agrarias en Navarra estaban formadas por minifundios, estos pertenecían en un 56,4% a una minoría de grandes terratenientes, siendo un 30,6% los que pertenecían a los medianos propietarios y solo un 13% era de los pequeños propietarios. De esta forma, casi el 50% de la población activa agraria no era propietaria. La burguesía prefirió invertir en tierras y apenas en la industria moderna. El hambre y la miseria que se apoderaron del campesinado proporcionaron mano de obra resignada y barata. La diferencia entre el pequeño propietario y el campesino sin tierra radicaba en que el primero era pobre y el segundo mísero. Las corralizas (extensos terrenos que existían en el sur de Navarra, antiguas tierras comunales de propiedad municipal, vendidas por los pueblos en el siglo XIX como consecuencia de las difíciles situaciones económicas que atravesaban, fruto de las guerras especialmente la primera carlista, u obligados por las desamortizaciones civiles) eran propiedad de unas pocas familias.[9] Los sectores industrial y de servicios se concentraban fundamentalmente en Pamplona, Tudela, Alsasua, Olazagutía, Vera, Villava, Marcilla, Cortes, Castejón (importante nudo ferroviario) y Yesa. Estas localidades mantenían una estrecha relación con la producción agrícola, exceptuando las del norte, que tenían un carácter más industrial, relacionado con cementeras y fundiciones.

La sociedad navarra, además de fundamentalmente agrícola, era predominantemente conservadora y católica. Esto último fue determinante en la evolución política de este territorio. Existía una mayor densidad de clérigos por número de habitantes que en otras partes de España.[8]

El nivel cultural no era muy elevado, debido a la falta de escuelas. La tasa de analfabetismo era del 36,79% para Navarra.[16]

Organizaciones laborales y políticas

Escudo de Navarra durante la Segunda República Española[17]
Sindicatos

La Unión General de Trabajadores (UGT) y la Confederación Nacional de Trabajadores (CNT) eran los sindicatos que agrupaban a la mayoría de los jornaleros y obreros. Dada la débil industrialización navarra, eran sindicatos fundamentalmente agrarios. La UGT, único sindicato legal durante la dictadura primorriverista,[19] Su auge estaba relacionado, al menos al comienzo de la República, con la presencia en el Ministerio de Trabajo de Francisco Largo Caballero, quien pretendía llevar a cabo el programa del PSOE sobre la cuestión agraria.

La CNT, creada en 1910, tenía su principal feudo en la Ribera Alta.[22]

En 1932 se estableció en Navarra el sindicato nacionalista vasco ELA-Solidaridad de Obreros Vascos (desde 1933 ELA-Solidaridad de Trabajadores Vascos). Durante el período republicano su afiliación se incrementó hasta alcanzar su cénit en 1936, con unos 4.200 afiliados. Tenía un carácter menos agrario que los sindicatos de izquierdas.[23]

Especial relevancia tuvieron también los sindicatos católicos agrarios que, sin embargo, perdieron importancia tras su fracaso ante la cuestión agraria y la implantación de los sindicatos de izquierdas. Existieron asimismo sindicatos católicos mixtos (que incluían obreros y patronos), como "La Conciliación", y los denominados sindicatos católico-libres.[24]

Patronales

Las organizaciones patronales agrarias estaban representadas por la Federación Agro-Social de Navarra (FASN) (la antigua Federación Católica Social Navarra), que agrupaba a pequeños propietarios, y la Asociación de Propietarios y Terratenientes de Navarra (APTN) que agrupaba a los grandes. Ambas colaboraron estrechamente durante la República.[25]

Partidos obreros
Partidos republicanos

El republicanismo contaba con organización fundamentalmente en Pamplona, pero no fue hasta la proclamación de la República que los diversos partidos republicanos empezaron a contar con estructuras en toda Navarra:

  • El Partido Radical (PRR) de Alejandro Lerroux era el partido republicano más importante y constituyó 33 comités locales entre 1931 a 1936. Su evolución fue pareja a la del partido a nivel nacional. En las elecciones de 1931 se presentó a las elecciones dentro de la Conjunción Republicano-Socialista. En 1933, se constató su alejamiento de las izquierdas: a las elecciones de 1936 se presentó en solitario y colaboró con las derechas en la gestora de la Diputación Provincial, formando ya parte del Bloque de Derechas.
  • Derecha Republicana, cuyos estatutos fueron aprobados el 1 de enero de 1932. Presidida por Jesús Artola Goicoechea, industrial y gobernador civil de Guipúzcoa en 1932. Se incorporó sin tardar a Acción Republicana.[27]
  • Acción Republicana (AR), cuyo líder nacional era Manuel Azaña y en Navarra Ramón Bengaray.
  • El Partido Republicano Autónomo Navarro (PRAN) fue el partido que más se expandió en 1931, tras la reorganización impulsada por Serafín Huder. Fue uno de los partidos que, en Navarra, se integró en Izquierda Republicana en 1934. Un miembro relevante fue Mariano Ansó, primer alcalde republicano de Pamplona, el cual, sin embargo, tras las elecciones constituyentes se unió a AR, siendo el líder republicano navarro de mayor relevancia a nivel nacional y llegando a ser ministro con Negrín durante la Guerra Civil.
  • El Partido Republicano Democrático Federal, que cobró nuevo ímpetu tras la proclamación de la República, implantándose en Cintruénigo en mayo de 1931. Era federalista y defensor de los fueros vasco-navarros, aunque tuvo escaso peso en Navarra. Presidido por Vicente Martínez de Ubago, periodista de La Voz de Navarra. Se unió posteriormente a Acción Republicana.[27] Dos de los fundadores del partido en Navarra, Victoriano Navascués y Pablo Yanguas, integrados posteriormente en Izquierda Republicana (IR), serían fusilados en 1936.
  • El Partido Republicano Radical Socialista (PRRS), que procedía del PRR, y cuyas figuras más relevantes eran Emilio Azarola, alcalde de Santesteban y Aquiles Cuadra, concejal de Tudela.
  • Unión Republicana (UR), surgido en 1934 agrupando a las facciones más centristas del republicanismo descontentas con el viraje a la derecha de los radicales. Muy minoritario en Navarra, estaba liderado por el médico Eduardo Martínez de Ubago.
  • En 1934, tras el descalabro de las elecciones del año anterior, AR, parte de los PRRS (los Independientes) y el PRAN confluirían el 29 de marzo de 1934 en Izquierda Republicana (IR). Posteriormente se integraron otras agrupaciones republicanas, consiguiendo, a través de este partido, darle al republicanismo de izquierdas importancia. IR logró 46 agrupaciones en Navarra en 1936.
Partidos nacionalistas vascos
  • El Partido Nacionalista Vasco (PNV) mantuvo una postura cercana a la Iglesia Católica en lo social y una defensa del Estatuto de Autonomía para las provincias vascas entre las que se incluía a Navarra. Esto último era defendido, al proclamarse la República, con diferentes enfoques, por casi todos los partidos, con excepción de los alfonsinos con el poderoso Diario de Navarra. Sin embargo, su peso en Navarra era pequeño, teniendo presencia sobre todo en Estella, Pamplona y el norte vascoparlante. Sus figuras más destacadas eran Manuel Aranzadi y Manuel de Irujo.
  • Acción Nacionalista Vasca (ANV) surgió en 1930 como escisión del anterior por no compartir la confesionalidad de aquel. Se definía como nacionalista vasco, laico y republicano. Su líder en Navarra fue Pello Irujo. Tenía escasa fuerza en Navarra y en las elecciones de 1936 formó parte del Frente Popular.
Partidos de derechas antirrepublicanos
  • Los diversos grupos carlistas, los "jaimistas" (seguidores de Jaime de Borbón), con Tomás Domínguez Arévalo (conde de Rodezno), los "integristas" (seguidores de la defensa integral católica), con José Sánchez Marco, y los "mellistas" (seguidores de Juan Vázquez de Mella), con Víctor Pradera, se unificaron en enero de 1932 en la Comunión Tradicionalista, la cual a partir de entonces tuvo un gran desarrollo organizativo hasta 1934 inclusive. Realizaban una inequívoca defensa de los postulados católicos con numerosos lazos con organizaciones de este carácter, que se desarrollaron enormemente durante el periodo de la República. La consideración por su parte de que las acciones de la República eran antirreligiosas incrementó su base electoral de forma significativa. Su influencia en la Ribera y en la zona de la Montaña no sería importante hasta el comienzo de la guerra civil. Su líder más significado fue el conde de Rodezno.

Por otra parte, existían sectores católicos no relacionados con el carlismo, de orientación monárquica "alfonsina" (partidarios de Alfonso XIII):

Evolución política

El Diario de Navarra fue parte decisiva en la sublevación que dio origen a la Guerra Civil. En la fotografía las históricas oficinas del periódico conservador, que aún es hoy el más influyente de Navarra.

La proclamación de la República se llevó a cabo en Pamplona con gran entusiasmo popular. En la noche del 13 de abril recorrió las calles de Pamplona una manifestación republicana. Fue derribado el busto del general Sanjurjo y se arrancaron las placas de Avenida de Alfonso XIII y de la Plaza de Primo de Rivera.[30] ).

Sin embargo, el mapa electoral de Navarra, ya desde las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, reflejó durante toda la república una amplia y constante mayoría del bloque de derechas. Esta fue incluso incrementándose en las diversas convocatorias electorales que se llevaron a cabo. Así, el voto de derechas pasó del 63,2% en 1931 (resultados obtenidos por la coalición católico-fuerista, que agrupaba a toda la derecha navarra, incluyendo al PNV)[32] La hegemonía derechista solo se veía alterada en la mitad sur de Navarra, sobre todo en los pueblos de la Ribera. Ya en 1931 la Conjunción Republicano-Socialista estaba bien implantada en toda la Ribera, Tafalla, Pamplona, Alsasua, Olazagutía, Yesa, así como en los valles de Salazar y Roncal, aunque no siempre con mayoría. Solo la Ribera era mayoritariamente izquierdista.

Así, por ejemplo, las elecciones municipales celebradas el 12 de abril fueron impugnadas en Pamplona y su repetición el 31 de mayo tuvo como resultado el triunfo, por escaso margen, de la Conjunción sobre la candidatura "Antirrevolucionaria" (a la que benefició la retirada de la candidatura nacionalista vasca, que sí se había presentado el 12 de abril) sobre las derechas, de forma que el republicano Mariano Ansó fue elegido alcalde. Tudela, la segunda ciudad en población de Navarra, también había quedado en manos de la conjunción. Sin embargo, las elecciones del 12 de abril habían supuesto un rotundo éxito de la derecha en el conjunto de Navarra, que obtuvo 765 concejales (77%) frente a los 134 de la izquierda (13%). La instauración de la República trajo también la disolución de la Diputación Foral, nombrando el gobierno una gestora compuesta por republicanos y socialistas.

Las elecciones a Cortes Constituyentes de 1931 supusieron, siguiendo la línea de los resultados globales de las municipales, el triunfo de las derechas (en cuya candidatura se integraba, tras largas negociaciones, y el sacrificio de su líder en Navarra, Manuel de Aranzadi, el PNV, un esquema repetido también en las provincias vascas), con la denominación de coalición católico-fuerista, que merced a la nueva legislación electoral obtuvieron los cinco escaños destinados a la mayoría, dejando los dos de la minoría a los republicano-socialistas, que renovaban la coalición de las municipales.

Dos serían los temas políticos principales en Navarra durante el bienio reformista (1931-1933): la cuestión religiosa y el Estatuto de Autonomía Vasco-Navarro, con una íntima relación entre ambos.

La confrontación y utilización religiosa como arma política quedó patente en la discusión sobre el Estatuto de Autonomía para el País Vasco-Navarro. A las pocas semanas de instaurarse la República, se presentaron dos propuestas de estatutos: uno elaborado por la Sociedad de Estudios Vascos y promovido por ayuntamientos de las cuatro provincias, en el que el PNV era la fuerza impulsora, y otro de la comisión gestora de la Diputación de Navarra, que fueron similares. La derecha navarra, con la excepción del Diario de Navarra, apoyó el proyecto, al igual que la izquierda aunque con menos unanimidad y entusiasmo. El proyecto de Estatuto fue aprobado en Estella el 14 de junio de 1931, antes de que las Cortes Constituyentes hubiesen aprobado la Constitución, que no vería la luz hasta el 9 de diciembre. Sin embargo, en la asamblea de Estella se añadieron dos enmiendas que suponían que la autonomía resultante mantuviese sus propias relaciones con la Santa Sede, al margen del Estado. Cuando se aprobó la Constitución, de carácter laico y que reservaba al Estado español las relaciones con la Santa Sede, el Estatuto no llegó ni a discutirse, lo que provocó el abandono de las Cortes por parte de la "minoría vasco-navarra".

En el teatro Gayarre se dio la polémica asamblea donde finalmente se rechazó el Estatuto Vasco-Navarro el 19 de junio de 1932

El rechazo al Estatuto forzó al reinicio del proceso autonómico, el cual, de acuerdo con la legislación aprobada por las Cortes Españolas, debía ser dirigido por las gestoras de las diputaciones provinciales. Sin embargo, la práctica unanimidad que el primer proyecto había concitado se fue resquebrajando con celeridad. De acuerdo con la legislación, cada provincia debería aprobar, en asamblea de los municipios, si quería unirse a un estatuto conjunto o gozar de un estatuto provincial. En la asamblea del 31 de enero de 1932, el resultado fue positivo, pero tanto la actitud de Comunión Tradicionalista, que dejó libertad de voto a sus miembros, como la de un importante sector de la izquierda navarra, encabezado por Emilio Azarola, que se oponía al estatuto conjunto, llevó a que hasta un total de 69 ayuntamientos de 229 se opusieran al estatuto conjunto. Más aún, Azarola consiguió aprobar una enmienda que especificaba que se requeriría un porcentaje de dos tercios del cuerpo electoral para la aprobación del estatuto conjunto en Navarra, tanto de los ayuntamientos que debían aprobarlo antes de someter el proyecto de estatuto a plebiscito (que debían representar a los dos tercios citados de población), como de los votantes que debía aprobarlo definitivamente. El apoyo al Estatuto siguió disgregándose en los meses sucesivos, de cara a la decisiva asamblea de ayuntamientos del 19 de junio de 1932. Los carlistas habían dado libertad de voto (no sin que sus concejales en Pamplona apoyasen el no, uno de los factores que llevó a que la capital se pronunciase en contra del Estatuto). El conde de Rodezno adoptaba una postura ambigua, en tanto que el diputado Joaquín Beunza lo apoyaba con entusiasmo. El Diario de Navarra estaba radicalmente en contra, en tanto que otros sectores derechistas, como los representados por Rafael Aizpún y Miguel Gortari, que posteriormente fundarían y dirigirían el grupo cedista Unión Navarra, apoyaban el estatuto, aunque con reticencias. Socialistas y republicanos (con excepción del diputado Mariano Ansó y algunos militantes radicalsocialistas) también estaban en contra. Por su parte, el Partido Nacionalista Vasco era el máximo representante del «Sí». La disgregación de fuerzas llevó a que en la polémica asamblea el 19 de junio de 1932 los ayuntamientos navarros no aprobaran el Estatuto común. Se pronunciaron a favor 109 de los 267 municipios navarros (que representaban ciento treinta y cinco mil habitantes, por una representación de unos doscientos quince mil navarros entre votos en contra y abstenciones). Las cifras quedaban muy lejos no solo de la mayoría simple, sino de los dos tercios del censo electoral exigidos por la enmienda aprobada en la asamblea enero de 1932. Incluso si, como documentó en 1977 Jimeno Jurío, existieron coacciones y votos opuestos que iban en contra del mandato favorable otorgado por algunos ayuntamientos, el rechazo del Estatuto era fruto de la falta de entusiasmo del carlismo, una vez que se excluía la cuestión religiosa y de la división que causaba el Estatuto conjunto tanto entre las derechas como en las izquierdas (en general, la Ribera se había pronunciado en contra del Estatuto). También influyó el carácter más "centralista" del proyecto de 1932, comparado con el carácter más "confederal" del de 1931, que daba más competencias a cada uno de las provincias que formaban la entidad conjunta, y por tanto a Navarra ( acta de la asamblea del 19 de junio de 1932).

A partir de entonces, el Partido Nacionalista Vasco siguió promoviendo el Estatuto conjunto, con el apoyo únicamente de algunos miembros de los partidos navarros republicanos y de izquierdas (que formaron una agrupación denominada "Acción Autonomista"), como Mariano Ansó, el cual, en las Cortes, elegido por Guipúzcoa, siguió defendiendo esta aspiración pero evitando "convertir a Vasconia y a Navarra en un coto cerrado de la reacción, donde sea imposible la convivencia de las ideas liberales".[33]

Las derechas se radicalizaron por la legislación en materia religiosa de la República, considerada como anticatólica, con medidas como la disolución de la Compañía de Jesús, eliminación de los presupuestos de culto y clero, control de todas las congregaciones religiosas y prohibición de estas de ejercer la enseñanza.[34]

El fallido golpe de Estado monárquico de José Sanjurjo del 10 de agosto de 1932 (la " Sanjurjada") produjo algunas detenciones en Navarra y la suspensión, hasta el 11 de septiembre, de los periódicos de derechas, tanto los carlistas El Pensamiento Navarro y La Tradición Navarra, como el monárquico Diario de Navarra.

La zona de la Ribera comprende la merindad de Tudela en su totalidad y parcialmente la de Estella y la de Olite. Es donde se concentraba la problemática del campesinado sin tierras.

Sin embargo el problema social de base se encontraba entre los campesinos y propietarios agrícolas pobres, fundamentalmente en la Ribera. La Iglesia, frente a la República, tomó partido con la Asociación de Propietarios y Terratenientes de Navarra, controlada ideológicamente por el carlismo. Con ello se oponían a la ley de Reforma Agraria de 1932. El paro en el campo se fue incrementando. Esto llevó a amenazas de huelgas en junio de 1933 y el 7 de octubre a la ocupación de fincas en numerosos pueblos. Tras el cambio de gobierno y la paralización de las medidas de reforma agraria, en junio de 1934 tuvo lugar una fallida huelga general campesina en toda España promovida por la Federación de Trabajadores de la Tierra de la UGT, que tuvo incidencia en 49 pueblos de la provincia. A pesar del fracaso de la huelga en el campo, en octubre estalló la insurrección contra el gobierno derechista que en Navarra se caracterizó por abundantes destrucciones de campos. La detención del comité revolucionario junto a otras detenciones, la suspensión de prensa de izquierdas y la destitución de los concejales de izquierdas de más de treinta ayuntamientos que fueron sustituidos por gestores, frenaron la conflictividad. Las irregularidades cometidas en las suspensiones de algunos ayuntamientos fueron denunciadas en las Cortes por Manuel Irujo, navarro estellés pero diputado por Guipúzcoa.

La ley de del 27 de diciembre de 1934, siendo Rafael Aizpún ministro de Justicia, decretaba la elección de los diputados forales por los representantes de los ayuntamientos en cada merindad. Sin embargo, la suspensión ya referida de 32 ayuntamientos en 1934, sustituidos por gestores, sobre todo en la Ribera, llevaría a que en enero de 1935 la elección de los diputados provinciales, todos de derechas, salvo un radical, fuera continuamente cuestionada por la izquierda, que exigía el cambio de la gestora del Diputación Foral resultante.[36]

En las elecciones de febrero de 1936 los partidos de izquierda (IR, PSOE, PCE, ANV e independientes) se coaligaron en el Frente Popular, el PNV se presentó de forma aislada y el "Bloque de Derechas" agrupó a carlistas, CEDA, los monárquicos independientes con el influyente director del Diario de Navarra, Raimundo García García "Garcilaso" y apoyo de Renovación Española, sin participación. Falange Española dio libertad de voto.[32]

La conflictividad volverá a resurgir tras la victoria del Frente Popular en febrero de 1936 en España, al reclamarse la aplicación de la paralizada Ley de Reforma Agraria y el cambio inmediato de la Gestora provincial. En Navarra volvieron a ganar las derechas, todos los representantes en las elecciones de febrero de 1936 se fueron para el Bloque de Derechas (Carlistas, CEDA, el director del Diario de Navarra y apoyo de Renovación Española) con el 71,6% de los votos. El resto se repartió entre el 21,7% para el Frente Popular y el 9,2% para el PNV.[32]

Violencia política

En 1931, durante el proceso de ratificación del Estatuto Vasco-Navarro, el monolito en recuerdo a los defensores de la independencia de Navarra en donde estuvo el Castillo de Maya, fue destruido violentamente. El monumento contenía los escudos de las cuatro provincias que se integrarían en el Estatuto de Estella. Fue reconstruido en 1982.

La violencia política comenzó en Navarra poco después de la proclamación de la República. Algunos de los incidentes tuvieron gran repercusión política, como los acontecidos el 14 de junio de 1931. Ese día tenían lugar dos concentraciones masivas en Navarra: en Estella tenía lugar la asamblea en la que representantes de los municipios vasco-navarros, con el impulso primordial del PNV, aprobaban el Estatuto general del Estado Vasco con las enmiendas religiosas. El mismo día los tradicionalistas llevaban a cabo en Pamplona un acto de "afirmación católico-fuerista" (cuya celebración, de hecho, obligó al traslado de la asamblea de municipios de Pamplona, donde se había previsto inicialmente, a Estella, con el consiguiente enojo del PNV). Cuando volvían a sus casas, participantes en ambos mítines fueron atacados por partidarios de la República. Estos incidentes tuvieron importantes repercusiones, puesto que fue uno de los factores (el otro fue el proyecto de Estatuto con las enmiendas confesionales) que llevaron al PNV a integrarse en la candidatura católico-fuerista que promovían las derechas navarras de cara a las elecciones a Cortes Constituyentes que se celebrarían el 28 de junio (y que se reprodujeron en las provincias vascas), en las que dicha candidatura consiguió la victoria en Navarra.[37]

Tras las elecciones, y durante el proceso de discusión por parte de los ayuntamientos del Estatuto de Estella, en la noche del 26 al 27 de julio, el monolito en homenaje a los defensores del Castillo de Maya fue dinamitado, sin que el atentado fuese nunca reivindicado. El monolito se había construido en 1922 en homenaje a los defensores del castillo de Maya, los últimos defensores de la independencia navarra en el cuarto centenario del asedio. Su erección fue el objeto de una agria polémica, por la discrepancia acerca del significado de la gesta (siendo los defensores de la fortaleza patriotas para unos y traidores para otros) y por el hecho de que aparecieran los escudos de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya (cuyas diputaciones habían ayudado a sufragar el monumento), además del de Navarra, y no el de España.[38]

Los incidentes siguieron durante estos años, con enfrentamientos en las calles incluso en relación con actos estrictamente religiosos, con heridos y detenidos. Así ocurrió en la festividad de San Francisco Javier, patrón de Navarra, el 3 de diciembre de 1931, cuando la mayoría de la corporación provincial se negó a acudir al acto religioso, a su vez cinco alcaldes de derechas convocaron al resto de los munícipes a acudir a Pamplona. La concentración fue prohibida alegando que la manifestación podía dar lugar a alteraciones del orden público. El gobernador multó a los convocantesy prohibió a los alcaldes la asistencia. Terminada la misa solemne pero se realizó, con posteriores manifestaciones de grupos con invasión por parte de jóvenes carlistas y nacionalistas del Palacio de la Diputación colocando en el mástil la bandera de Navarra, sin poner la de la República, siendo aplaudidos por el público. Posteriormente otro grupo reublicano-socialista tiró a la calle la enseña y la destrozó.[40]

En abril de 1932 en Huarte, varios socialistas fueron tiroteados cuando volvían de un mitin en Aoiz, sin producirse víctimas. Al domingo siguiente, el 22 de abril, unos jóvenes tradicionalistas aporrearon a un socialista en Pamplona y tras ello se refugiaron en su "Círculo" de la plaza del Castillo. Seguidamente un grupo de personas se concentró en las proximidades del establecimiento, y se realizaron seis disparos de pistola cayendo muertos un socialista y un jaimista. Por la noche cayó mortalmente herido otro joven socialista. El Círculo fue clausurado, recogiéndose armas en los registros domiciliarios. Hubo un llamamiento de la UGT a la huelga general para el lunes siguiente, en la que se produjeron incidentes, con un conato de incendio en la casa de los Baleztena, en el Paseo Sarasate y el apedreamiento del "Círculo Radical-Socialista". La prensa socialista acusó a Jaime del Burgo de estar detrás de los pistoleros carlistas.[41]

Dos meses después, en Viana, un telegrafista y militante del PSOE fue atacado por una cuadrilla de jóvenes carlistas. El militante socialista llegó a sacar una pistola, pero lo agarraron por detrás y le asestaron varias cuchilladas, falleciendo siete días después.[42]

En los inicios de 1934, ya en el bienio radical-cedista y dentro de la conflictividad en el campo ya referida, se produjeron incendios en pajares, destrozos en propiedades y corrales y roturaciones ilegales de fincas privadas. Los incidentes más graves tuvieron lugar en Mendavia y en Cáseda.[41]

El 17 de abril de 1934 fueron asesinados en Pamplona el contratista de obras Sr. Lorca y un empleado de la empresa por un obrero que había sido despedido. Posteriormente también se produjeron algunos asaltos a comercios, lo que llevó a que la "Asociación Patronal" convocara a un cierre de establecimientos comerciales e industriales.[44]

El Fuerte de San Cristóbal era ya utilizado como penal durante la República, siendo conocidas las penosas condiciones de los recluidos. El ayuntamiento y la población de Pamplona pidió su cierre de forma reiterada

En Berbinzana el 14 de abril de 1935 durante todo el día se celebró el aniversario de la proclamación de la República con normalidad. Sin embargo al anochecer a las nueve un grupo de derechistas se acercó al local de la UGT gritando "¡Viva el Fascio!", saliendo los socialistas a la calle a contestarles. Sin embargo los primeros estaban armados hiriendo gravemente al hermano del alcalde de varios tiros y a otro de una puñalada. Tras recoger a los heridos algunos izquierdistas se armaron de escopetas y se cruzaron disparos con los fascistas que se habían replegado a su centro, cayendo muerto uno de ellos que estaba apostado y armado. Fueron detenidos dos miembros de UGT que serían juzgados y uno de ellos condenado.[45]

Sofocados los sucesos revolucionarios de octubre de 1934, centenares de prisioneros (fundamentalmente asturianos y eibarreses) fueron encerrados en el Fuerte de San Cristóbal junto a otros presos comunes. Desde el principio, la falta de higiene y salubridad fueron objeto de denuncias, con peticiones de traslado de los presos y del cierre de la edificación como penal. Esta penosa situación de los presos fue llevada al pleno del ayuntamiento de Pamplona, donde estaba domiciliado, en varias ocasiones. En septiembre de 1935 estas malas condiciones de reclusión llevaron a la muerte a un miembro de la CNT de la provincia de Santander, lo que motivó paros en Pamplona. La posición del ayuntamiento era unánime y se solicitó su supresión del mismo al Ministerio de Justicia. Posteriormente la muerte de otro preso produjo protestas en toda España y un motín en el fuerte que fue reprimido, mientras en Pamplona era secundado por un paro general el 11 de octubre de 1935, sumándose numerosos ayuntamientos a la solicitud de cierre del penal y el traslado de los 750 presos a otras cárceles. Los traslados se iniciaron de forma tímida en noviembre.[46]

Palacio de la Diputación, sede de la gestora que gobernaba la Diputación Provincial. Aquí se produjo un encierro el 6 de marzo de 1936, al cual le siguieron, tras el desalojo, una serie de disturbios por la tarde.

La campaña electoral de febrero de 1936, aunque tensa, no fue escenario de incidentes importantes en la provincia. Sin embargo el día de las elecciones fue asesinado un militante de IR en Belascoáin y hubo agresiones a interventores del Frente Popular.[47]

Un falangista se enfrentó en Mendavia con su alcalde y dos alguaciles, resultando gravemente herido y falleciendo en Pamplona. El 27 de marzo se realizó el entierro, a donde acudieron requetés y falangistas uniformados, produciéndose enfrentamientos con la Guardia de Asalto. El gobernador cerró el centro de Falange Española en la calle Mayor y encarceló a doce afiliados.[27]

Como se ha indicado, la diputación en funciones había sido elegida en febrero de 1935, tras una ley promulgada por Rafael Aizpún, entonces ministro de Justicia, y la destitución de todos los concejales izquierdistas —los diputados debían ser elegidos por los concejales de cada merindad— en noviembre de 1934 por parte del gobierno radical-cedista por su supuesta participación en los hechos revolucionarios de octubre de 1934, que no tuvieron apenas repercusión en Navarra.[49]

Organización del Requeté navarro

Desde el principio la República estuvo marcada por la conspiración. Inicialmente era un proceso pluralista e indefinido en el que participaron sectores del ejército, carlistas, falangistas y otros grupos derechistas. Los tradicionalistas en Navarra desde 1931, organizadas por Generoso Huarte crearon las " Decurias", cuya finalidad era la custodia de edificios religiosos y la vigilancia de calles y círculos durante la celebración de mítines y otros actos políticos. A partir de estos núcleos se organizó el Requeté, al igual que en otros lugares de España. En 1933 supuso un gran impulso del cuerpo en este territorio, con el nombramiento de Antonio Lizarza como delegado regional. Los requetés recibían instrucción en Ezcabarte, en la peña de Izaga y en las sierras de Andía y Urbasa. En el Círculo Carlista de Pamplona existía una academia militar en la que se preparaban los cuadros de la oficialidad, mediante las "Ordenanzas del Requeté".

En la crisis interna del tradicionalismo en la primavera de 1934 se resolvió con un cambio en la Jefatura de la Comunión pasando a liderarla Manuel Fal Conde en sustitución del Conde de Rodezno, Tomás Domínguez Arévalo que había realizado un acercamiento a las demás fuerzas monárquicas para formar un frente común ante la II República.[50] Sin embargo este relevo no produjo cambios en cuanto a la continuidad conspirativa, aunque el carlismo navarro no compartirá todos los pasos dados por los hombres de Fal Conde en la etapa conspirativa final, siendo partidarios de realizar consultas directamente con el pretendiente Jaime de Borbón.

Se realizó una expedición a Italia, con una comisión que se entrevistó con Benito Mussolini donde consiguieron ayuda financiera y una partida inicial de armas. A esta le seguirían otras expediciones al mismo país y a otros países en donde compraban armas y se entrenaban. En marzo de 1935 contaba con 5.394 hombres, 3.000 de ellos desfilaron en Estella con motivo del homenaje a Zumalacárregui. Hubo fábricas clandestinas de rudimentarias granadas de mano y almacenes que no fueron descubiertos.

A comienzos de 1936 Lizarza nombró al ex coronel Alejandro Utrilla, inspector regional del requeté en Navarra. Con él se logró llegar a 8.400 boinas rojas en 1936.

Menor implantación tenían los falangistas, introducida por Julio Ruiz de Alda. Su centro en la calle Mayor de Pamplona fue clausurado tras el triunfo del Frente Popular en 1936. En vísperas de la sublevación militar se concentraron en Los Arcos unos 400 falangistas.

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