Ultimátum británico de 1890

El Ultimátum británico de 1890 fue un ultimátum del gobierno británico de Lord Salisbury —entregado el 11 de enero de 1890 mediante un "Memorando"— al gobierno portugués, conminándole a retirar sus fuerzas militares existentes en el territorio comprendido entre las colonias de Mozambique y Angola, en las actuales Zambia y Zimbabue, con el pretexto de un incidente ocurrido entre portugueses y macololos, pero realmente por instigación del magnate de los diamantes sudafricano Cecil Rhodes. La zona era reclamada por Portugal, que la había incluido en el famoso mapa de color rosado, reclamando a partir de la Conferencia de Berlín una franja de territorio que iba de Angola a la contra-costa, o sea, a Mozambique.

Mapa rosado.

La imposibilidad de resistencia ante un país tradicionalmente aliado y protector de Portugal llevó al desencadenamiento de graves disturbios, incluyendo manifestaciones en frente del Palacio del Miradouro de Santa Catarina en Lisboa, la residencia del Ministro de Asuntos Exteriores Henrique de Barros Gomes y a la inmediata caída del gobierno de José Luciano de Castro, siendo nombrado el 14 de enero un nuevo ministerio presidido por António de Serpa Pimentel. Este hecho inspiró la letra del himno nacional portugués y fue considerado por los historiadores portugueses y políticos de la época la acción más escandalosa e infame del Reino Unido contra su más antiguo aliado.[1]

Se inició así un profundo movimiento de descontento social, implicando directamente a la familia reinante, vista como demasiado próxima de los intereses británicos, en la decadencia nacional hecha patente por el ultimátum. Los republicanos capitalizaron este descontento, iniciando un crecimiento y ampliación de su base social que llevó a la proclamación de la I República portuguesa el 5 de octubre de 1910.

Antecedentes

A mediados del siglo XIX, durante el llamado reparto de África, el Reino de Portugal reclamó vastas áreas del continente africano debido a su "derecho histórico", basado en la primacía de la ocupación. Esto entraba en colisión con las principales potencias europeas. La creciente presencia británica, francesa y alemana en el continente amenazaba la hegemonía portuguesa, como alertó Silva Porto, comerciante del planalto del Bié que solicitó un destacamento portugués.[3]

En 1875 74 hombres, entre ellos Luciano Cordero, fundaron la Sociedad de Geografía de Lisboa para apoyar la exploración como el resto de europeos.[4] Se creó también la Comisión de África que preparó las primeras grandes expediciones de exploración científico-geográficas, financiadas por Hermenegildo Capelo, Roberto Ivens e Alexandre de Serpa Pinto, que descubrieron vastos territorios entre 1877 y 1886. Pretendían explorar el Río Kwango y sus relaciones con el río Congo y comparar la cuenca hidrográfica de este con la del Zambeze y acabando de desvelar el mapa del África centro-austral (el famoso mapa rosado) y manteniendo "estaciones civilizadoras" portuguesas en el interior del continente. Mientras tanto, el ministro de Exteriores intentó reforzar la tradicional alianza Luso-Británica proponiendo abrir Mozambique y la India Portuguesa al comercio y navegación británicos que a cambio reconocía sus exigencias con respecto al Congo.

En 1883, Portugal ocupó la región norte del río Congo. En la Conferencia de Berlín (1884-1885), convocada por Otto von Bismarck para fijar las zonas de influencia de cada potencia en África y dirimir conflictos (incluyendo la oposición portuguesa y británica a la expansión de Leopoldo II) la alianza anglo-lusa fracasó. Debido a la presión del Imperio Alemán y Francia, Portugal perdió el control de la desembocadura del Congo en favor de Leopoldo II. Del Congo portugués apenas se mantuvo Cabinda. En febrero de 1885, la élite de Cabinda firmó el Tratado de Simulambuco por el cual aceptaban ser un protectorado de la corona portuguesa.[5]

La exigencia de la "ocupación efectiva" sobre la ocupación histórica, determinada por la Conferencia de Berlín[6] obligó a reaccionar. El estado portugués diversificó los contactos internacionales y cedió a Francia Guinea y a Alemania el sur de Angola a cambio del reconocimiento de las tierras interiores entre Angola y Mozambique. Nació así el llamado mapa rosado, que se hizo público en 1886 y que reclamaba un territorio que iba de Angola hasta Mozambique. Para sustentar las reclamaciones de soberanía, se llevaron a cabo diversas campañas de explotación y "avasallamiento" de los pueblos del interior y la resistencia fue sofocada por las llamadas "campañas de conquista y pacificación" conducidas por las fuerzas armadas.

Other Languages