Triatominae

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Triatominae
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Panstrongylus geniculatus
Estado de conservación
No amenazado
Taxonomía
Reino: Animalia
Filo: Arthropoda
Clase: Insecta
Orden: Hemiptera
Familia: Reduviidae
Subfamilia: Triatominae
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Los triatominos (Triatominae) son una subfamilia de insectos perteneciente a la familia Reduviidae del orden Hemiptera, conocidos a través de diversos nombres en diferentes regiones: vinchuca (desde Ecuador hasta la Patagonia), chipo ( Venezuela), pito ( Colombia), chirimacha (en Perú) y barbeiro ( Brasil), entre otros. Las aproximadamente 130 especies que conforman esta subfamilia son todas hematófagas, es decir, se alimentan de sangre de vertebrados. Excepcionalmente, algunas especies de triatominos se alimentan de otros invertebrados.[2] La mayoría están distribuidas a lo largo de América, con algunas pocas especies presentes en Asia, África y Australia. Estos insectos generalmente conviven con vertebrados nidícolas de los cuales chupan sangre. Todas las especies de triatominos son vectores potenciales de la enfermedad de Chagas pero aquellas especies (como Triatoma infestans y Rhodnius prolixus) que se han adaptado a vivir con los seres humanos son consideradas "vectores importantes" del parásito responsable de esta enfermedad, Trypanosoma cruzi.

Descubrimiento

A inicios del siglo XIX Charles Darwin hizo uno de los primeros reportes de la existencia de triatominos en América en su diario de notas comúnmente conocido como El viaje del Beagle (The Voyage of the Beagle). El siguiente es un extracto de lo que él escribió el 25 de marzo de 1835:

"Cruzamos el Luján, el cual es un río de talla considerable, si bien su curso hacia las costas del mar es poco conocido: es doblemente dudoso como, pasando sobre sendas planicies, no se evapora y se pierde. Dormimos en la ciudad Luján, la cual es un pequeño lugar rodeado por jardines, y constituye el distrito más sureño en la Provincia de Mendoza; esta a cinco leguas al sur de la capital. Por la noche experimenté un ataque (no merece un nombre menor) de vinchucas, una especie de reduviideo, el gran chinche negro de las Pampas. Es de lo más molesto sentir estos insectos sin alas, de aproximadamente una pulgada de largo, trepando sobre el cuerpo. Antes de chupar se mantienen algo delgadas, pero luego se vuelven redondas e hinchadas de sangre, y en este estado se pueden aplastar fácilmente. Uno de los que llevé a Iquito, (también se consiguen en Chile y Perú) estaba muy vacío. Cuando se colocaba en una tabla, aún rodeado de gente, si se le presentaba un dedo, el insecto gallardo extendía inmediatamente su aparato chupador, atacaba, y si se le permitía, absorbía sangre. La herida no causaba dolor. Fue curioso ver su cuerpo durante el acto de succión, dado que en menos de 10 minutos este cambió de ser tan plano como una ostia hasta tomar una forma globular. Este banquete, el cual la vinchuca debió a uno de los oficiales, la mantuvo repleta durante cuatro meses enteros; pero la noche cuando se cumplían dos semanas, estaba ya casi lista para picar otra vez."

Ha habido considerable especulación médica sobre la posibilidad de que el contacto que Darwin tuvo con los triatominos en Argentina haya estado relacionado con sus posteriores recaídas en una enfermedad de larga duración.

Descubrimiento de la relación de los triatominos con la enfermedad de Chagas

En 1909 el médico brasileño Carlos Chagas[3] descubrió que estos insectos eran responsables de la transmisión de T. cruzi a muchos de sus pacientes en Lassance, un poblado localizado sobre las orillas del río São Francisco en Minas Gerais (Brasil). La gente pobre que vivía allí se quejaba de unos insectos que ellos llamaban "barbeiros" y que picaban durante la noche. Carlos Chagas colocó su primeras observaciones en palabras:

"Conociendo los hábitos domiciliarios del insecto, y su abundancia en todas los domicilios de la región, inmediatamente nos detuvimos, interesados en descubrir la biología exacta del barbeiro, y de la transmisión de algún parásito al hombre o a otro vertebrado."

La relación entre el parásito, el vector y la sintomatología fue vista con escepticismo por la comunidad científica de aquel tiempo. Sin embargo, el argentino Salvador Mazza[4] retomó los estudios de Carlos Chagas, confirmó las observaciones de este en comunidades endémicas de Argentina y puso en pie una campaña de divulgación científica mundial sobre la enfermedad. El estudio de los triatominos tomó entonces relevancia por ser un problema de salud pública.

El brasileño, Herman Lent,[5] quien fue estudiante de Carlos Chagas, se consagró a la investigación de los triatominos y junto con Peter Wygodzinsky hizo una revisión de Triatominae que fue publicada en el Boletín del Museo Americano de Historia Natural (New York, 163 (3):125-520, figuras 1-320), un compendio de cuarenta años de estudios sobre los triatominos hasta 1979.

La idea propuesta por Chagas, Mazza y Lent de mejorar las condiciones de las viviendas como medida de control de los triatominos, sigue siendo hoy un principio fundamental en la lucha contra la enfermedad de Chagas. A este principio también se suma la necesidad de un cambio en el modelo de desarrollo económico implementado en las zonas rurales, el cual ocasiona un fuerte impacto en las mediaciones del domicilio humano, y de este modo presiona a diferentes especies de triatominos a abandonar su nicho natural.[7]

Si bien, hoy día el papel que juegan los triatominos como vectores de la enfermedad de Chagas no se pone en duda entre la comunidad científica,[8] aún un alto porcentaje de las poblaciones afectadas por este mal ignora la relación de estos insectos con la enfermedad de Chagas. Esta situación evidencia la necesidad de un mayor desarrollo de los sistemas de educación pública latinoamericanos.

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