Tres sombreros de copa

Tres sombreros de copa es una comedia del escritor, periodista y dramaturgo español Miguel Mihura. Es su primera comedia, escrita en 1932 aunque estrenada veinte años después, en 1952. Comedia que figura entre las más destacadas del teatro español del siglo XX[3]

En Tres sombreros de copa, Mihura contrapone, mediante una feliz convivencia de lo poético y sentimental con lo humorístico y satírico, dos mundos: el burgués, hipócrita, rígido y limitado por una aparente y estricta moral, y otro, despojado de la rutina y los convencionalismos del primero, libre y vital, pero igualmente engañoso. Dos mundos a los que «solo salva la humanidad de Dionisio y Paula», sus protagonistas.[5]

Contexto y obra

La Guerra Civil Española, si cortó los intentos renovadores del teatro español, destacando en esos intentos el teatro de Valle-Inclan y el de Federico García Lorca, no modificó el panorama presente en los teatros españoles con anterioridad a la II República, con un teatro decimonónico, ignorante de la «gran reforma» que se estaba dando en el teatro occidental. En las salas de teatro siguieron estrenando aquellos autores que ya lo venían haciendo con regularidad en tiempos anteriores a la II República, obras destinadas al público burgués que llenaba esas salas, único que podía permitirse sus precios. El teatro español siguió dominado por estos autores, sumándose aquellos que se posicionaron a favor de los rebeldes en la contienda y posteriormente se adhirieron al "Régimen", y aquellos que desarrollaron un teatro amable, de entretenimiento, libre de contestación. Un teatro que continuaba de espaldas a los cambios y la renovación que seguía dándose en el teatro occidental. En un principio , pocos autores pueden escapar a esa consideración, y como excepciones se encontrarían Jardiel Poncela y Miguel Mihura, representantes ambos de la llamada "comedia del disparate"; género que sin poder asimilarlo al Teatro del absurdo, sí guardaría ciertos paralelismos, en casos, considerándosele antecedente de este.[8]

A Miguel Mihura se le ha encuadrado en la comedia del teatro español de posguerra; no obstante, con su comedia Tres sombreros de copa, aunque estrenada en 1952, escrita en 1932, se le puede incluir igualmente entre aquellos que iniciaron en aquel tiempo el camino de la renovación del teatro español. En 1932 García-Lorca escribe Bodas de Sangre, Jardiel Poncela está iniciando su carrera como dramaturgo y Alejandro Casona no había comenzado la suya, tiempos del esperpento de Valle-Inclan y del Teatro imposible de Lorca.[10]

Y de pronto, sin proponérmelo, sin la menor dificultad, había escrito una obra rarísima, casi de vanguardia, que no solo desconcertaba a la gente sino que sembraba el terror en los que la leían. Yo era, por tanto, como ese huevo de pato que incuba la gallina y que, después, junto a los pollitos, se encuentra extraño y forastero y con una manera de hablar distinta. A mí no me entendía nadie y, sin embargo, yo entendía a todos. Y mi manera de hablar me parecía perfectamente comprensible.

Mihura[11]

Tres sombreros de copa supone, por su originalidad, una ruptura con el teatro cómico anterior. Mihura la escribió en unos tres meses; la creó, según sus propias declaraciones, «sin esfuerzo», «con facilidad, con alegría, con sentimiento». Consideraba que había encontrado con esta obra un estilo propio y sin influencias ajenas, y se mostró orgulloso de su «virtud melódica», de su ritmo, de «esa cadencia especial que sonaba a verso».

Cuando Mihura la dio a conocer a varios empresarios y actores en 1932, estos no la entendieron y la obra quedó sin estrenarse durante 20 años, hasta que en 1952 el Teatro Español Universitario (TEU) la estrenó en una única sesión de cámara, dirigida por Gustavo Pérez Puig en el Teatro Español de Madrid.[13] aunque poco después, ante el éxito de esa sesión, estrenada en régimen comercial, supuso un fracaso ante el público habitual de los teatros, retirándose de cartel tras 48 representaciones.

Tres sombreros de copa también supone el mayor esfuerzo del autor por construir un nuevo tipo de comedia.[14] Posteriormente, paulatinamente su teatro se va conscientemente acomodando a los gustos del público de su época, que no difería en mucho de aquel otro que a finales del siglo XIX y principios del siglo XX frenaba cualquier intento de renovación teatral.

Este estilo que yo tengo a una gran parte del público le resulta así como un poco raro, y como yo escribo para el público —puesto que de el vivo siempre—, me llevo unos malos ratos terribles cuando veo que la gente apenas entiende nada de lo que pasa en mis funciones y de lo que dicen mis personajes.

No me refiero, claro está, al público del estrenjo ni de las primera cincuenta o sesenta representaciones, que es un público preparado y que puede decirse que le siguen a uno y, por tanto, ya saben a qué atenerse.

Hablo de ese otro público que va al teatro porque han oído por la radio una obra que se anuncia mucho, o ese otro público de provincias -señoras en su mayoría- que van al teatro a ver los modelos que luce la primera actriz.

Si los críticos a los que tanto tengo que agradecer, asistieran en Madrid a esas últimas representaciones de una comedia mía, ya con tres o cuatro filas de butacas, o a cualquiera de esas representaciones en provincias, comprenderían la tristeza que le causa al autor ver un público completamente despistado que no sabe cuando se tiene que reír y cuando no se tiene que reír, y si lo que estáoyendo lo debe tomar en serio o en broma.

Y comprenderían entonces esos críticos que a veces me reprochan seguir una línea que no es la mía, las razones que tengo para intentar hacer otro teatro más fácil. Creo honestamente que la señora o el caballero que pagan cuarenta pesetas por butaca tienen derecho a ser complacidos en sus gustos, a menos que esos sean repugnantes.

Mihura, El teatro de Mihura visto por Mihura, Primer acto Nº 3
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