Tregua de los doce años


Imperio español Provincias Unidas

La tregua de los Doce Años, también llamada tregua de Amberes, fue un tratado de paz firmado en 1609 entre España y las Provincias Unidas de los Países Bajos; supuso un receso pacífico en la guerra de los Ochenta Años que los holandeses mantenían contra el Imperio español desde 1568 para conseguir su independencia.

Contexto

Desde 1568, las provincias del norte de los Países Bajos (llamadas genéricamente "Holanda") mantenían contra España la llamada guerra de los Ochenta Años o guerra de Flandes, en la que los primeros intentaban conseguir su independencia de la corona española con el apoyo de Francia e Inglaterra.

Después de la firma de la Paz de Vervins en 1598 y del tratado de Londres en 1604, por los que España sellaba la paz con Francia e Inglaterra, respectivamente, Holanda perdía los apoyos militares de estos dos países y quedaba sola en la guerra; el embargo que España había mantenido sobre las Provincias Unidas, dificultando el comercio de éstas, y el gasto militar que suponían más de treinta años de guerra tenían a Holanda económicamente muy maltrecha.

Por la parte española, el mantenimiento en Flandes de los tercios españoles suponía un gasto excesivo en dinero y en vidas humanas; las amenazas de los berberiscos en el Mediterráneo y de una Francia beligerante hacían necesario pacificar los Países Bajos para desviar esta fuerza militar hacia otros conflictos, reales o potenciales.

Tanto el rey de España Felipe III, como su valido el duque de Lerma, el Consejo de Estado de España, los soberanos de los Países Bajos Alberto de Austria e Isabel Clara Eugenia, y Ambrosio Spínola, capitán general del ejército en Flandes, vieron con satisfacción la posibilidad de una tregua.

Johan van Oldenbarnevelt, Gran Pensionario de Holanda, partidario de la tregua, se enfrentaba con la oposición de Mauricio de Nassau, estatúder y jefe del ejército holandés, y de los líderes religiosos calvinistas, partidarios de continuar la guerra; finalmente las partes reacias a la tregua habrían de aceptar las condiciones conseguidas por la diplomacia de Oldenbarnevelt.

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