Traza italiana

La traza italiana es un estilo de fortificación desarrollado en Italia a finales del siglo XV y principios del XVI en respuesta al intento de invasión francés de la península. El ejército francés estaba equipado con nuevos cañones capaces de destruir fácilmente las fortificaciones de estilo medieval, castillos con altos muros que eran un objetivo fácil para la artillería.

Naarden en Holanda conserva sus fortificaciones, construidas siguiendo el diseño de la traza italiana.

Para contrarrestar el poder de las nuevas armas, los muros defensivos de las fortificaciones se hicieron más bajos y anchos, construidos generalmente con piedra y arena que absorbía mejor el impacto de los proyectiles lanzados por los cañones. Otro cambio importante en el diseño fue la aparición de los bastiones y revellines, que caracterizaron a este nuevo tipo de fortalezas. Para mejorar la defensa, los bastiones ofrecían la posibilidad de efectuar un fuego cruzado sobre los atacantes. El resultado fue el desarrollo de las fortalezas en forma de estrella. Para poder tomar mediante un asalto este tipo de fortificaciones, era necesario establecer un sitio que las privara de ayuda del exterior y situar una batería de cañones que, tras varios miles de disparos, abriera una brecha en el muro que permitiera el asalto de la infantería. La necesidad de bloquear dichas fortalezas, a veces durante un año, requería un elevado número de soldados y hacía aumentar de forma espectacular el coste de la guerra, por lo que sólo los grandes Estados de la época podían permitirse sitiar una ciudad protegida con este tipo de fortificación.

Este tipo de diseño salió de Italia entre los años 30 y 40 del siglo XVI y fue ampliamente utilizado por toda Europa durante los siguientes 300 años, especialmente en el norte de Francia y en los Países Bajos debido a las guerras entre Francia y España y entre España y las Provincias Unidas.

A finales del siglo XVII, los arquitectos Vauban y Menno van Coehoorn llevaron el diseño de este tipo de fortificaciones al extremo con ciudadelas pentagonales plagadas de bastiones, revellines, reductos y fosos.

Construcción

Tabla de Fortificación, Cyclopaedia de 1728.

A causa del gran coste que suponía su construcción, estas nuevas fortificaciones se improvisaban a menudo a partir de las defensas anteriores. Las murallas medievales se rebajaban en altura y se cavaba una zanja alrededor de ellas. La tierra extraída en la excavación se acumulaba detrás de las murallas para crear una estructura sólida. Mientras que las fortalezas construidas especialmente tenían una imposta de ladrillo, debido a la capacidad de este material para absorber los golpes del fuego de artillería, muchas defensas improvisadas recortaban costes obviando este paso y, en su lugar, acumulaban más tierra. Otro ejemplo de improvisaciones consistía en rebajar las torres medievales redondas y su relleno para el fortalecimiento de su estructura.

A menudo era también necesario ensanchar y hacer más profunda la zanja que rodeaba a las murallas para crear una barrera más efectiva contra los asaltos y ataques con explosivos. Los ingenieros de los años 1520 construían enormes terraplenes, en ligera pendiente, llamados glacis, en frente de las zanjas, para que las murallas estuvieran casi totalmente ocultas al fuego horizontal de artillería. El principal beneficio de los glacis era impedir que la artillería enemiga pudiera apuntar al blanco. Cuanto más alto era el grado de elevación del cañón, más bajo era el poder de parada.

Un ejemplo del gran coste que suponía actualizar las fortificaciones es la ciudad de Siena, que fue a la bancarrota en 1544 cuando intentaba poner al día sus murallas.

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