Trasplante de tejidos

Manipulación de tejido en cámara de flujo laminar (INDT 2005).

Se denomina trasplante de tejidos a la sustitución de un tejido u órgano para restablecer sus funciones.

Historia

En la naturaleza existen varios cientos de ciertas especies de saurios y batracios —muy primitivas en el desarrollo de los seres vivos sobre la tierra— que tienen la capacidad de sintetizar miembros o la extremidad caudal, a partir de un muñón generado traumáticamente.

La cicatrización o reparación de heridas, quemaduras o fracturas son ejemplos de las capacidades que los tejidos tienen de recomponer sectores lesionados tanto en la estructura como en la función. Sin embargo, cada tejido tiene una capacidad potencial genéticamente limitada determinada de autorepararse. La restitución de la forma y la función depende de la extensión lesional y del grado de complejidad y diferenciación que el tejido tenga: cuanto más extensa una lesión y más especializada y compleja la función que cumple menos posibilidades potenciales de reparación tendrá el organismo lesionado.

A partir de la observación de estos fenómenos, el hombre desde muy lejanas épocas históricas se planteó la recomposición de partes lesionadas cuando la entidad del agravio impedía la auto reparación espontánea. Hay evidencias de que ya en el neolítico se practicaban trepanaciones de cráneo y reconstrucción con placas de oro en los territorios del actual Perú.

La idea de autotrasplantar desde el mismo organismo un tejido a partir de un área dadora ya se ve en los escritos del médico indio Susruta (en el siglo IV a. C.).

En el siglo XVI, Gaspare Tagliacozzi (1545-1599) en Italia reparó una lesión de nariz con un colgajo de piel proveniente del antebrazo (que independizó del área dadora varias semanas más tarde de la primera cirugía, con un asombroso sentido de anticipación científica moderna). Tagliacozzi también practicó la cirugía del trasplante de tejidos entre individuos no emparentados (allo implantes), pero afirmó que la «fuerza y el poder» del receptor impedía la viabilidad del implante, visión que se anticipó en 400 años al concepto biológico moderno de rechazo.

El modelo más ilustrativo del fenómeno de rechazo lo realizó Pollock en 1870 quien en un paciente quemado injertó de manera adyacente: un autoimplante de piel, un allo implante de un donante de raza negra, y otro de su propia piel. El resultado fue la ulceración y desaparición de los tejidos de ambos donantes y el mantenimiento viable del tejido autoimplantado del paciente. De la misma época se refiere el uso de piel porcina como apósito transitorio para tratamiento de grandes quemaduras.

El término trasplante fue introducido al vocabulario médico por el cirujano británico John Hunter (1728-1793) al homologar la técnica al sucedáneo vegetal de los injertos. Trabajando en cirugía odonto maxilar implantó dientes como allo injertos en piezas dentarias perdidas denominando al implante «diente vástago» en una reiteración a la referencia vegetal.

La historia trasplantes de órganos se inició con varios intentos que no tuvieron éxito debido al rechazo de trasplantes. La experimentación con animales por varios pioneros, entre ellos Vladímir Démijov (1916-1998) y Henry Metras,[1] durante los años 1940 y 1950, demostró por primera vez que el procedimiento es técnicamente factible.

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