Transformaciones de París durante el Segundo Imperio

Vista del Boulevard Haussmann
Napoléon III remet au baron Haussmann le décret d'annexion à Paris des communes suburbaines (Auteuil, Passy, Batignolles, Montmartre, La Chapelle, La Villette, Belleville, Charonne, Bercy, Vaugirard y Grenelle[1]​) por Adolphe Yvon (1860).

Las transformaciones de París durante el Segundo Imperio o trabajos haussmanianos constituyeron la modernización del conjunto de la capital francesa llevada a cabo de 1852 a 1870 por Napoleón III y el prefecto Haussmann.

El proyecto cubrió todos los dominios del urbanismo, tanto en el corazón de París, como en los barrios periféricos: calles y bulevares, reglamentación de las fachadas, espacios verdes, mobiliario urbano, redes de alcantarillado y abastecimiento de agua, equipamientos y monumentos públicos.

Fuertemente criticada por algunos de sus contemporáneos por su enorme costo y por haber reducido la mezcla social, olvidada durante una parte del siglo XX y después rehabilitada por el descrédito del urbanismo de la posguerra, esos trabajos condicionaron para siempre el uso diario de la ciudad por sus habitantes. Sentaron el fundamento de la imagen popular de la capital francesa en el mundo, superponiendo al Viejo París y a sus callejas pintorescas un París moderno hecho de anchos bulevares y plazas despejadas.

1852: Un emperador moderno y decidido frente a una ciudad medieval

La isla de la Cité y su tejido urbano medieval antes de los trabajos haussmannianos (plano Vaugondy de 1771).
La isla de la Cité remodelada por los trabajos de Haussmann: nuevas calles transversales (rojas), espacios públicos (azul claro) y edificaciones (azul oscuro).

A mediados del siglo XIX, el centro de París, contrariamente a la creencia popular, no era más que una ciudad de la Edad Media. París siempre se había reconstruido sobre sí misma, pero es cierto que el crecimiento demográfico de la capital, en el siglo XVIII y las primeras décadas del siglo XIX, causó una densificación considerable de las áreas centrales, es decir, de los barrios situados dentro de la antigua muralla de Carlos V rectificada después en tiempos de Luis XIII. Una red de calles estrechas impedían la circulación (en 1851 en París, había 60 259 vehículos y la longitud de todas las calles de la ciudad en conjunto alcanzaron 500 km[3]​ Las clases ricas tendían cada vez más a salir de esos barrios para instalarse en los faubourgs del norte y del oeste. Fue este proceso de pauperización del centro, con la peligrosidad política que lo acompañaba, lo que querrá atacar básicamente las grandes obras del siglo XIX.

Algunos ejemplos de como era el París de antes de la remodelación se pueden encontrar en las obras Los miserables o Nuestra Señora de París.

Las primeras tentativas de modernización

En 1608, el rey Enrique IV hizo abrir una nueva vía que debía unir el Pont Neuf con la puerta de Buci, en las murallas de Philip Augustus, y con el bourg Saint-Germain. Esta es la rue Dauphine. Aunque el carácter de la operación no fue totalmente público y pasó a través de los jardines, la rue Dauphine fue la primera calle recta y moderna de París. Durante el siglo XVII, las avenidas plantadas construidas por el poder real en las afueras de la ciudad difícilmente se podrían considerar como urbanas. La única apertura real fue la rue du Roule abierta en 1689 y que conectaba el Pont Neuf con Les Halles.[4]

También a principios del siglo XVIII, la apertura del centro de París era presentada como una necesidad por las autoridades: el acondicionamiento de los muelles del Sena y la destrucción de las casas sobre los puentes, en la década de 1780, obedecieron a esta preocupación tanto por el tráfico, como por la higiene y el control del espacio.[5]​ Bajo la Revolución Francesa, en 1794, la « Commission des artistes» llevó a cabo un plan que propusó nuevas aperturas en París. Una calle debía conectar en línea recta la plaza de la Nación con la gran columnata del Louvre, en la prolongación de la actual avenida Victoria: prefiguraba el futuro gran eje este-oeste y demostraba un gran deseo de poner en valor mejor los monumentos públicos.

Napoleón I emprendió, en el emplazamiento de propiedades eclesiásticas convertidas en bienes nacionales, una calle monumental a lo largo del jardín de las Tullerías. En 1807 se inicia la construcción de las primeras arcadas de la calle de Rivoli, cuya prolongación hasta el Hotel de Ville estará muy avanzadá bajo la Segunda República y acabada a principios del Segundo Imperio. Este eje, que afectó a muchas edificios, será más eficaz en términos de la circulación que el del plan de los Artistas. También se sirvió de una antigua herramienta jurídica: la servidumbre de alineación por la que los propietarios solamente podían reconstruir sus edificios en ruinas retirando su nueva fachada detrás de la línea ordenada por la administración. Esta disposición, sin embargo, entrañaba procesos muy lentos de ampliación de la vías públicas. También en 1807, el emperador decretó la apertura de la rue d'Ulm, que unió la iglesia Sainte-Geneviève (actual Panteón) con la rue des Feuillantines, detrás del hospital Val-de-Grace. Esta será la primera vía pública abierta mediante la expropiación.

Durante la década de 1830, el prefecto Rambuteau constató las molestias de la congestión del tráfico y los problemas de higiene en los barrios antiguos superpoblados: se debía «dar a los parisinos agua, aire y sombra».[6]​ En 1836, la calle que lleva su nombre se abrió en el centro de París, entre la rue des Francs-Bourgeois y San Eustaquio. Además, las insurrecciones populares de las que París era el teatro, preocupaban mucho al régimen, nacido él mismo de una revolución en julio de 1830: así Rambuteau realizó al mismo tiempo una operación que también dio lugar a una gran destrucción y cuyo objetivo de seguridad era obvio: el aislamiento y la expansión del perímetro del hotel de Ville. Pero el poder de la administración quedaba limitado por las reglas de la expropiación. La ley del 3 de mayo de 1841 se esforzó un poco para adaptarlas, pero la ley se mantuvo del lado de los propietarios, siempre compensados ​​grandemente gracias a un jurado atento a defenderlos.

Al comienzo del Segundo Imperio se introdujeron nuevas disposiciones reglamentarias que, junto con la ley de 1841 sobre la expropiación por causa de utilidad pública y de un recurso sistemático al endeudamiento, formarían las bases de la política edificatoria del nuevo prefecto del Sena nombrado por el emperador. En 1845, el reformador social francés Victor Considérant escribió:

París, es un inmenso taller de putrefacción, donde la pobreza, la peste y las enfermedades trabajan juntas, donde apenas penetran ni el aire ni el sol. París, es un mal lugar donde las plantas se marchitan y perecen, donde de siete niños pequeños mueren seis en el año.

Paris, c’est un immense atelier de putréfaction, où la misère, la peste et les maladies travaillent de concert, où ne pénètrent guère l’air ni le soleil. Paris, c’est un mauvais lieu où les plantes s’étiolent et périssent, où sur sept petits enfans il en meurt six dans l'année.[7]

La planta de las calles en la Ile de la Cité y en el quartier des Arcis, entre el Louvre y el Hôtel de Ville, había cambiado poco desde la Edad Media. La densidad de población en estos barrios era extremadamente alta en comparación con el resto de París. En el barrio de los Campos Elíseos, la densidad de la población se estimaba en 5.380 hab./km²; en los barrios de Arcis y de Saint-Avoye, en el actual III Distrito, había un residente por cada tres metros cuadrados.[9]

Luis Napoleón Bonaparte

Presidente de la República desde 1848, el sobrino de Napoleón I se convirtió en emperador el 2 de diciembre de 1852 después del golpe de Estado del año precedente. Napoleón III tenía la voluntad de modernizar París. Habiendo vivido en Londres de 1846 a 1848, allí había visto una gran capital provista de grandes parques y redes de saneamiento y un país transformado por la Revolución industrial. Retomó las ideas de Rambuteau. Sensible a las cuestiones sociales, quería mejorar las condiciones de alojamiento de las clases pobres: en 1860, la densidad media de población de París antes de su extensión era de aproximadamente 36 400 hab./km², mientras que diez años antes la del barrio de las Halles ya se acercaba a los 100 000 hab./km²,[17]

Le Marais ( Hôtel de Sens), uno de los pocos barrios del centro escapados casi por completo a la piqueta de Haussmann.

Para poner en ejecución este ambicioso proyecto, el nuevo emperador disponía de un poder fuerte, capaz de superar todas las resistencias, lo que les faltó a sus predecesores.

Le quedaba a Napoleón III encontrar a un hombre capaz de dirigir actuaciones a gran escala. Fue el papel que va a cumplir Georges Eugène Haussmann, hombre de acción riguroso y organizado, al que nombró prefecto del Sena en junio de 1853 con la misión de «airear, unificar y embellecer la ciudad»[18]​ Ambos hombres formarán un tándem eficaz. El emperador sostendrá al prefecto contra sus adversarios hasta 1870. Haussmann, en cuanto a él, se mostrará fiel en toda circunstancia, siempre sabiendo sacar adelante sus propias ideas, como el proyecto del bulevar Saint-Germain.

Una obra tan considerable demandaba la intervención de numerosos actores. Victor de Persigny, ministro del Interior, que había presentado a Haussmann a Napoleón, se ocupó de los montajes financieros con la ayuda de los hermanos Péreire. Jean-Charles Alphand se ocupó de los parques y de las plantaciones con el jardinero Jean Pierre Barillet Deschamps. Haussmann subrayó el papel fundamental del servicio del «Plano de París», dirigido por el arquitecto Deschamps, que trazó las nuevas vías y controló el respeto de las reglas de construcción: en este dominio, «la geometría y el dibujo gráfico juegan un papel más importante que la arquitectura propiamente dicha», anotó Haussmann en sus Memorias.[19]​ Otros muchos arquitectos participaron en los trabajos de las nuevas edificaciones: Victor Baltard, en las Halles; Théodore Ballu, en la iglesia de la Trinidad; Gabriel Davioud, en los teatros de la plaza del Châtelet; o el veterano Jacques Hittorff, en la Gare du Nord y en la place de l'Etoile.

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