Toma de la Bastilla

Toma de la Bastilla
Parte de la Revolución francesa
StormingBastille.jpg
Toma de la Bastilla.
Fecha 14 de julio de 1789
Lugar París, Flag of France.svg  Francia
Coordenadas 48°51′11″N 2°22′09″E / 48.853055555556, 48°51′11″N 2°22′09″E / 2.3691666666667
Resultado Triunfo de la muchedumbre parisina; el valor de la toma de la Bastilla es ante todo simbólico.
Beligerantes
Royal Standard of the King of France.svg Guardia monárquica francesa Milicias parisinas (predecesores de la Guardia Nacional de Francia)
Comandantes
Bernard-René de Launay   Ejecutado
Príncipe de Lambesc
Pierre-Augustin Hulin
Camille Desmoulins
Fuerzas en combate
114 soldados
30 piezas de artillería
630 - 954 entre Guardias Francesas y civiles
12 cañones
Bajas
1 (entre 600 y 1000 murieron después del incidente) 98 muertos
73 heridos
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La toma de la Bastilla se produjo en París el martes 14 de julio de 1789. A pesar de que la fortaleza medieval conocida como la Bastilla solo custodiaba a siete prisioneros, su caída en manos de los revolucionarios parisinos supuso simbólicamente el fin del Antiguo Régimen y el punto inicial de la Revolución francesa. La rendición de la prisión, símbolo del despotismo de la monarquía francesa, provocó un auténtico seísmo social tanto en Francia como en el resto de Europa, llegando sus ecos hasta la lejana Rusia.

Fortaleza del secreto, y lugar sin justicia, la Bastilla fue la primera cita de la Revolución.[1]

A partir de 1880, el 14 de julio ha sido el Día Nacional de Francia, pero no para celebrar la toma de la Bastilla en sí, sino para recordar la Fiesta de la Federación de 1790, cuya fecha coincidía a propósito y que celebraba la reconciliación y la unidad de todos los franceses.[2]

Historiografía y leyenda

La importancia de la toma de la Bastilla se debe a su valor simbólico representando el derrumbamiento del poder absolutista de la monarquía francesa, pero no fue un acto tan relevante política y estratégicamente como se suele presentar por la historiografía romántica.

La Bastille había sido durante años la cárcel de muchas víctimas de la arbitrariedad monárquica. Allí se encarcelaba sin juicio a los señalados por el Rey con una simple lettre de cachet. Era una fortaleza medieval en pleno París, cuyo uso militar ya no se justificaba. En los Cuadernos de quejas de la ciudad de París ya se pedía su destrucción, y el ministro Necker pensaba destruirla desde 1784 por su alto coste de mantenimiento. En 1788 se había decidido su cierre, lo que explica que tuviera pocos presos en 1789. En el momento de su caída, el 14 de julio de 1789, sólo acogía a cuatro falsificadores, a un enfermo mental (Auguste Tavernier), a un noble condenado por incesto y a un cómplice de Robert François Damiens, autor de una tentativa de asesinato sobre Luis XV.

Imagen de la medieval fortaleza-prisión de la Bastilla de San Antonio (grabado alemán del siglo XIX).

La imagen revolucionaria ampliamente difundida del mito de una prisión donde se pudrían las víctimas de la monarquía no corresponde por lo tanto con el uso de la fortaleza en el momento de su toma, dado que la fortaleza había perdido en parte su función de prisión de Estado.[4]

Aportar una prueba de que se estaba presente en el momento de la toma de la Bastilla supuso un gran prestigio en la carrera de los que se autodenominaron patriotas. El 19 de junio de 1790, a propuesta del diputado Armand Camus, la Asamblea Nacional votó por aclamación un decreto en el que se decidió dar un lugar preeminente a los «vencedores de la Bastilla» en los actos de la primera Fiesta de la Federación que se iba a celebrar al mes siguiente. Pero un decreto del día 25 les retiró ese honor para reservarlo a la Guardia Nacional. Se les otorgó una pensión, un uniforme, un fusil y una espada con su nombre grabado, un brazalete y una medalla, y un diploma de agradecimiento de la patria.[6]

Según algunos autores,[8]

Pero los documentos de la época dejan constancia de que el 14 de julio de 1789, la fortaleza estaba defendida por 32 soldados suizos y 82 «inválidos de guerra», disponiendo de cañones y de municiones en abundancia. El asedio se saldó con 98 muertos, 60 heridos y 13 mutilados, entre los asaltantes.[9]

El acontecimiento tuvo una fuerte resonancia en Europa entera, no tanto por la importancia del suceso, sino por su valor simbólico, que aún perdura como hito en la historia de las revoluciones.

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